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La destrucción por desuso del Poder Judicial | Artículo de Emiliano Polo

En este artículo, Emiliano Polo, integrante del Observatorio de la Justicia, advierte que la reforma judicial no solo debilitará la calidad e independencia de los procesos, sino que provocará un efecto más profundo: el progresivo abandono del sistema por parte de los ciudadanos.

  • Redacción AN / MDS
26 Mar, 2026 02:55
La destrucción por desuso del Poder Judicial | Artículo de Emiliano Polo
Imágenes: SCJN/Pexels. Tratamiento: AN (MDS)

Por Emiliano Polo*

Con excepción de a quienes beneficia, la condena contra la mal llamada reforma judicial ha sido contundente. Organismos internacionales, cámaras de comercio, empresarios, académicos y abogados, dentro y fuera de México, han sido claros sobre el daño que este cambio hará al país y a sus ciudadanos durante años. 

Ya se ha advertido y expuesto cómo la contrarreforma judicial invariablemente provocará que los procesos judiciales sean deficientes y más injustos. Principalmente, y con razón, se ha insistido en las ilegalidades dentro de juicio a las que inevitablemente se someterá a los ciudadanos: juicios con falta de independencia, sin garantías, con más amenazas de corrupción y frente a funcionarios sin experiencia ni preparación.

Sin embargo, es probable que surja una consecuencia igualmente perniciosa de la que se ha hablado menos. Se trata de una secuela más política y social que jurídica, y más de mediano y largo plazo: si los tribunales ya eran inaccesibles para la gran mayoría de la población, ahora también serán indeseables.

Es importante que se exponga, como se ha hecho, cómo serán de ahora en adelante los juicios y procesos, pero el mal funcionamiento de la justicia en México también significa una eventual y creciente irrelevancia del sistema judicial en su conjunto. Conforme la justicia se deteriore y maltrate, se generará, de forma paralela, un efecto inhibidor en los ciudadanos.

Los mexicanos no solo tendrán un peor sistema, sino que se alejarán de éste. Los daños no solo surgen de que los tribunales tengan ahora cheque en blanco para ser parciales y funcionar mal, sino en que se usen menos. Si México tenía un sistema que de por sí era confuso y costoso, hoy, sin garantías en los procesos, no solo se vuelve un sistema peligroso y riesgoso para quien lo usa, sino paulatinamente prescindible en la resolución de conflictos en el país. Un sistema capturado por el poder, que está diseñado para ser arbitrario, también significa que ya no vale la pena acudir a éste.

Los tribunales mexicanos serán, entonces, aparte de más ineficientes, corruptos y subordinados, más irrelevantes y prescindibles. Estas dos características no parten de un descuido, sino que son parte del diseño. En repetidas ocasiones se comete el error de creer que la reforma judicial es resultado de un mal diagnóstico; las limitaciones y abusos son consecuencia de no haber hecho un buen listado de las deficiencias del sistema anterior.

Esta postura olvida, sin embargo, que quienes diseñaron este nuevo arreglo tenían un objetivo distinto de quienes estaban interesados por un buen diagnóstico y un mejor sistema. Es decir, en realidad, se trata de una reforma exitosa y bien diseñada solo que para lo que pretende que, desde luego, no es mejorar las carencias del poder judicial, sino cooptarlo y subordinarlo. 

El primer embate contra el Poder Judicial es su corrupción mediante la ya clara y documentada falsa elección popular de los jueces, en realidad manipulada por el partido en el poder; una segunda forma de debilitamiento será también por desuso. Las penosas actitudes y conductas de los ministros de la nueva Suprema Corte, por ejemplo, no solo insultan a la institución, sino que dan razones válidas para que la Corte se use menos y se recurra menos a ella.

Desde luego ofende que al ministro presidente le parezca bien que personas se hinquen a bolearle los zapatos, o que otra ministra aproveche la sesión en pleno para doblar su ropa, pero lo más trascendente de tan bochornosos eventos será la reacción de quienes al observar los insultos, naturalmente, guardarán una justificada desconfianza, posterior alejamiento y esfuerzo para no tratar sus asuntos ahí. Y así está pensado, no es accidente o error; para eso son los perfiles, para ahuyentar. Los perfiles son idóneos para lo que se designaron: que se vea su parcialidad y que no hay recurso que valga.

Si lo que existía en el país eran procesos caros, engorrosos y confusos ahora ni siquiera valdrá la pena el intento de acercamiento y resolución. El escándalo de la contrarreforma no es que los jueces ahora puedan resolver alejados a derecho, a la constitución o los derechos humanos, sino que se note que así resuelven.

Cuando la Corte resuelve de manera consecutiva múltiples juicios a favor del gobierno sin ningún recato o apariencia, lo que importa ya no es la sentencia, sino el mensaje. Y el mensaje es claro: es mejor mantenerse alejado del sistema. 

La reforma está diseñada para que el poder judicial funcione mal, ese es su propósito principal, pero también para que el sistema judicial se use menos. Se trata de un diseño que, además de debilitar y corromper, desalienta. Para los ciudadanos que más necesitaban acceso a la justicia, la instrucción que se trasmite es: mejor ni se moleste.

 

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* Emiliano Polo es investigador del Centro Claudio X. González para Estados Unidos y México del Instituto Baker de la Universidad Rice. Es abogado por la Universidad Panamericana, con maestrías en derecho por el ITAM, y en en seguridad internacional, por The Fletcher School of Law and Diplomacy. También es integrante del Observatorio de la Justicia, iniciativa impulsada por el Tecnológico de Monterrey y que agrupa a universidades, colegios y especialistas en el análisis del funcionamiento judicial.

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