Naturaleza AristeguiNaturaleza Aristegui

'Estamos gobernados por un grupo de autócratas': Luigi Ferrajoli

El jurista italiano afirma que la ONU ha demostrado su fragilidad ante la guerra y la impunidad, y plantea que solo una constitución global, con garantías efectivas y una corte constitucional internacional, puede frenar la ley del más fuerte.

  • Redacción AN / MDS
26 Jan, 2026 11:57
'Estamos gobernados por un grupo de autócratas': Luigi Ferrajoli
Foto: Luigi Ferrajoli

El jurista italiano Luigi Ferrajoli advirtió que el mundo atraviesa una crisis sin precedentes marcada por el debilitamiento del derecho, la erosión de la democracia y el avance de poderes políticos y económicos sin límites. En una entrevista con Aristegui en Vivo, sostuvo que la humanidad enfrenta un escenario de riesgo extremo en el que convergen la guerra, el calentamiento global, la desigualdad y la concentración del poder.

“Estamos frente a un colapso del derecho y de la democracia, en el momento en que debería ser mejor el papel garantista del derecho”, afirmó. A su juicio, este proceso se desarrolla en un contexto de “afirmación oficial de la ley del más fuerte” y de desprecio abierto por las normas jurídicas, lo que ha dado paso a formas contemporáneas de absolutismo político.

Ferrajoli situó esta crisis en un marco más amplio que incluye la amenaza climática, que podría volver inhabitable el planeta en el curso de poco más de un siglo, así como un clima internacional dominado por la lógica bélica. En ese escenario, sostuvo que las estructuras actuales del derecho internacional han demostrado su fragilidad, en particular la Organización de las Naciones Unidas.

El jurista descartó que la salida pase por un simple retorno al funcionamiento tradicional de la ONU y planteó la necesidad de una transformación de fondo. Propuso una reforma de la Carta de las Naciones Unidas que la convierta en una constitución rígida y jerárquicamente superior a los demás poderes estatales e internacionales, capaz de garantizar de manera efectiva principios como la paz, la igualdad y los derechos humanos, que hoy, señaló, permanecen como meras enunciaciones.

En el centro de esa propuesta ubicó el desarme como condición indispensable para la paz. “Yo creo que existe solamente una garantía eficaz, es decir, la estipulación, en el interés de todos, del desarme global y total”, sostuvo, al tiempo que planteó la tipificación como crimen contra la humanidad de la producción, el comercio y la posesión de armas, no solo nucleares sino también de fuego.

Para Ferrajoli, la experiencia comparada demuestra que la proliferación de armas se traduce directamente en violencia masiva y en una regresión hacia un “estado de naturaleza”.

Vinculó esta reflexión con la tradición de Thomas Hobbes, al recordar que el paso al estado civil se funda en el desarme de los individuos y en el monopolio público de la fuerza. Aunque reconoció que su propuesta puede parecer utópica, afirmó que se trata de la única alternativa racional frente a los riesgos actuales.

Junto al desarme, Ferrajoli subrayó la urgencia de responder al calentamiento global mediante la creación de un “demanio (patrimonio) planetario constitucional”, orientado a sustraer los bienes vitales de la naturaleza -como el agua potable y las grandes reservas forestales- de la lógica de la mercantilización.

Defendió la necesidad de un “constitucionalismo de la sobrevivencia” que complemente al constitucionalismo de la igualdad, garantizando las condiciones materiales para la vida humana en el planeta.

En este punto, advirtió sobre la responsabilidad histórica de la generación actual y planteó una reflexión sobre el futuro: la posibilidad de que las próximas generaciones enfrenten un planeta devastado y una humanidad al borde de la extinción.

Ferrajoli identificó dos amenazas centrales que hacen de este momento el más dramático de la historia humana: por un lado, el riesgo nuclear, agravado por un contexto internacional dominado por la lógica del enemigo y el incremento del gasto armamentista; por otro, el calentamiento global.

A ello sumó el crecimiento acelerado de la desigualdad y una concentración de la riqueza sin precedentes, acompañada de un poder tecnológico capaz de controlar espacios públicos esenciales como la información y las comunicaciones.

Imagen: Carl Wang vía Unsplash

Frente a este panorama, defendió como única respuesta posible la constitucionalización del derecho internacional o, en términos equivalentes, la internacionalización del constitucionalismo. Esta propuesta incluye la creación de una corte constitucional global con facultades para invalidar las violaciones a un pacto constitucional superior.

“Nuestros nietos no podrán perdonar nuestra estupidez”

Interrogado sobre la viabilidad de este proyecto en un contexto marcado por liderazgos que rechazan abiertamente el derecho internacional, como el del presidente estadounidense Donald Trump, Ferrajoli recordó que la historia ha enfrentado antes a regímenes autocráticos y que siempre ha sido necesaria una alianza de las fuerzas democráticas.

Afirmó que su dicho de que su único límite es él mismo, representa una regresión al “Estado salvaje”, que desconoce el significado mismo del Estado de derecho.

Sin embargo, advirtió que “hoy tenemos capacidades destructivas sin precedentes” y que ya no es posible confiar en que las tragedias queden limitadas a un espacio regional.

“Ahora está la necesidad de una liberación antifascista de estos autócratas, que debe ser una batalla de razón, no es una batalla física, es una batalla de razón, que debe apuntar sobre el interés de todos, sobre la razón elemental de la sobrevivencia de la humanidad. Nuestros nietos no podrán comprender ni perdonar nuestra estupidez, estamos destruyendo este planeta, estamos metiendo en riesgo el futuro de la humanidad, con estas armas totalmente destructivas, sin precedentes”, apuntó.

A su juicio, la Carta de la ONU ha mostrado dos debilidades estructurales: no ser una constitución rígida y carecer de garantías efectivas. “Estamos gobernados por un grupo de autócratas, esto ha demostrado la fragilidad del derecho internacional, la sola respuesta es el fortalecimiento de la Carta de la ONU transformada en una Carta, en una Constitución de la Tierra que tenga garantías”.

Hacia una Constitución de la Tierra

Por ello, propuso dotar de contenido material a los derechos humanos mediante instrumentos concretos como un servicio sanitario global, una renta de subsistencia universal, una educación garantizada y un sistema fiscal global altamente progresivo, sustentado en un registro mundial de grandes capitales.

Aclaró que su propuesta no implica la creación de un Estado o un gobierno mundial. En línea con la tradición kantiana, sostuvo que lo que debe federalizarse son únicamente las instituciones de garantía de lo universal. “¿Y qué es lo universal?”, planteó, para responder que se trata de tres dimensiones fundamentales: la paz, la naturaleza y la igualdad.

Consideró que la garantía efectiva de estos derechos tendría un impacto directo en fenómenos como la migración, al atacar sus causas estructurales. Desde su perspectiva, un Estado social de alcance global permitiría generar legitimidad y consenso en torno a las Naciones Unidas, una organización que, dijo, atraviesa una profunda crisis de credibilidad. “Ahora, la ONU no es creíble, no solamente porque no tiene poder, sino porque no tiene funciones de satisfacción de los derechos vitales de las personas”, afirmó.

A su juicio, el momento actual evidencia “el fracaso del paradigma constitucional” y del derecho internacional, lo que obliga a plantear una alternativa que no solo sea posible y coherente con los principios ya consagrados en el derecho positivo, como la paz y los derechos humanos, sino también imprescindible para la supervivencia humana. “La alternativa es entre el sueño y el íncubo, entre un mundo pacificado que tiene la posibilidad de realizar la igualdad, la dignidad de todas las personas y un progreso civil, cultural, o la alternativa es un humanicidio, una extinción de la humanidad”.

Sostuvo que el discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, fue “muy importante” y “debería ser el primer paso para una alianza mundial”. Subrayó que el verdadero carácter utópico no reside en la idea de una Constitución de la Tierra, sino en la creencia de que la humanidad puede continuar sin modificar el rumbo actual.

Mencionó a América Latina como un actor central, seguida de Europa, así como China y la India. Planteó que si esta propuesta se convierte en un objeto del debate público, resultaría difícil descalificarla desde un punto de vista racional.

En relación con la violencia y el crimen organizado, Ferrajoli indicó que su fuerza proviene fundamentalmente del acceso a las armas. Si bien reconoció que el desarme es un proceso gradual, sostuvo que frente al narcotráfico sería mucho más eficaz la prohibición de las armas.

Imagen: Archivo Pexels

Reforma judicial en México

Sobre la reforma judicial en México, confió en que ésta “sea el producto de una inconsciencia, de un analfabetismo institucional y no de una voluntad de involución autocrática”, afirmó Ferrajoli, subrayando que “debemos ser conscientes que la jurisdicción es la condición de la efectividad del derecho y sin independencia no está efectividad del derecho”.

El jurista explicó que la función judicial exige imparcialidad frente a presiones externas: “Uno debe ser capaz de absolver cuando todos requieren la condena, si no están las pruebas, y de condenar cuando todos requieren la absolución si es un poderoso, si están las pruebas. La dependencia del poder político no puede hacer verdadero lo que es falso, o falso lo que es verdadero”.

Ferrajoli destacó además la distinción entre los roles del poder político y judicial: “El poder político tiene el papel de la administración, de la innovación, de la producción legislativa. Sin embargo, después de la producción legislativa, debe ser aplicar la ley. Y esto es también una garantía de la soberanía popular, porque la ley ha sido la expresión máxima de la voluntad popular”.

Concluyó que la igualdad y la dignidad son la base para eliminar la lógica del enemigo en la sociedad: “Solamente la igualdad de los derechos produce la dignidad de las personas y con la dignidad de las personas también el reconocimiento de los otros como ciudadanos, como personas iguales, produciría la eliminación de la lógica del enemigo”.

“Todos somos diferentes, afortunadamente, y la diferencia es nuestra riqueza que debe ser garantizada a través de los derechos de libertad, que son todos derechos a la tutela y a la afirmación de su irrepetible diferencia, porque no existen dos personas idénticas”, dijo.

Temas Relacionados