opinión*
“Cataluña: Democracia versus Monarquía terrorista”, artículo de Heinz Dieterich
por Heinz Dieterich
Foto: Reuters

Por Heinz Dieterich

1. El retorno de Franco
El Gobierno del Estado español ha pedido al Senado que autorice la destitución del presidente de la Generalidad de Cataluña, Carles Puigdemont, y de todos sus consejeros; que acorte las competencias de la presidenta del Parlamento, Carme Forcadell; que la televisión y radio pública de Cataluña y las finanzas se pondrán bajo control central y que la policía catalana sea un órgano ejecutivo de la Policía Nacional. En una palabra, que la gobernanza se ejerzá directamente desde Madrid. Además, convocará elecciones autonómicas en un plazo máximo de seis meses. Según el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, es “lógico” y casi obligado pedir “medidas cautelares severas” contra las autoridades catalanas. Nicolás Maduro y Diosdado Cabello han de reírse a carcajadas de su aprendiz gachupín.

2. Sin concesión al fascismo
Mientras el gran capital español y catalán abandona la región para quebrar la iniciativa independentista y cientos de miles de catalanes protestan contra Madrid en la calle, Puigdemont asegura que Rajoy ha dado “el peor golpe contra las instituciones y el pueblo catalán, desde la dictadura militar de Francisco Franco”. Y el consejero de Asuntos Exteriores del gobierno catalán, Raúl Romeva, afirmó con singular conciencia política durante un homenaje a los milicianos asesinados por el franquismo en Barcelona, que “ante el fascismo no vale hacer concesiones”. Dos voluntades firmes, que chocan en la democracia burguesa de la Unión Europea: choque, que se dirimirá, probablemente, por la violencia centralista.

3. Cataluña y la lucha de clase
Cataluña, la declaración de la Nueva Era del Socialismo y Marxismo por parte del Partido Comunista de China, el neofascismo de Trump y el resurgimiento de la derecha histórica europea, son los grandes catalizadores de la ola de concientización y radicalización anticapitalista en el mundo, que empieza a llegar a las costas de todos los continentes. Las falacias de los chamanes socialdemócratas y liberales, que anestesiaron las fuerzas de transformación, pierden rápidamente terreno. El colapso del Socialismo del Siglo 20 dejó una época de esterilidad del pensamiento crítico post-antisistémico que duró dos décadas y que ahora comienza a ceder. La lucha de clases, que es la fuerza determinante de la evolución social humana, emerge en el Capitalismo del Siglo 21. Si bien su núcleo es la guerra por la apropiación del plusproducto, en su esencia configura y tonifica todas las ramificaciones y contradicciones culturales, políticas y sociales del macrosistema social. La lucha por la identidad y autodeterminación de los Pueblos sin Estado, como es el caso de Cataluña, de Euskadi (País Vasco), de los Kurdos, etc., es parte de esa dinámica de las sociedades de clase. Su desenlace, que más allá de sus componentes históricos y hegemónicos locales (federalismo-centralismo) será definido por intereses geopolíticos y transnacionales, es un parteaguas en este nuevo desarrollo del soft power global: de los pensamientos hegemónicos de la especie.

4. Karl Marx y Rajoy
Para la sangrienta represión del movimiento autonómico del País Vasco, el régimen español usó la narrativa, que se trataba de un movimiento armado. En Cataluña carece de esa apología. Emerge, por tanto, la interrogante: ¿Por qué Madrid no permitió el referéndum solicitado, tal como sucedió en Escocia? ¿Por qué acudió a la represión, que el presidente catalán calificó como “el peor golpe contra las instituciones y el pueblo catalán, desde la dictadura militar de Francisco Franco”? Karl Marx, cuyos escritos sobre la historia de España son imprescindibles para comprender su evolución, ya notaba un paralelismo trascendental entre la historia alemana y la hispána: que en ninguno de los dos países había triunfado nunca una revolución burguesa, que impusiera las instituciones y el espíritu avanzado de esa clase (bourgeoisie). Incluso, cuando la Revolución Burguesa europea, en Gestalt de Napoleón –el Espíritu mundial a Caballo, der “Weltgeist zu Pferde”, como decía Hegel– le quitó a los españoles su rancia monarquía e inquisición encima, con la detención de Fernando VII (1808), no tuvieron nada mejor que hacer que arrastrarse de nuevo ante Su Católica Majestad, a la derrota de Napoleón.

5. Calibán barnizado
La monarquía española, en consecuencia, siempre fue un régimen terrorista que desde la muerte de Franco apenas se cubrió con un ligero barniz de democracia, esencialmente para poder integrarse a la Unión Europea. El actual desafío democrático de los catalanes activará todos los instintos dormidos de este Leviathan, cuyo “espíritu” se palpa de manera escalofriante al entrar en las catacumbas de El Escorial: un auténtico Mausoleo de Horror de la razón de Estado imperial europeo. Controlar sus atavismos en el conflicto actual, sólo será posible a través de la Unión Europea, cuyos amos (Berlin y Paris), sin embargo, parecen echar su suerte con el franquismo, para asegurar su neocolonia económica peninsular.

6. El ADN de la Monarquía terrorista
La España terrorista, que asoma su cabeza de Medusa en Cataluña se originó hace quinientos años, por una singular configuración de la historia mundial: la alianza estratégica entre el primer Estado Global de la historia humana, el Vaticano, y el Sacro Imperio Romano Germánico (Heiliges Roemisches Reich Deutscher Nation), preparada por los “Reyes Católicos” y consumada por el siguiente emperador, Carlos V (1500-1558).

La alianza entre el corrupto Papa Rodrigo Borja (Borgia), conocido como Alejandro VI –una genial innovación empresarial terrestre del Diablo– y los Reyes Católicos, proporcionó a la naciente clase dominante de “España” (Castilla y Aragón) el engranaje ejecutivo de un Estado mundial, como no había existido en ningún imperio anterior. La conversión de la inquisición medieval en la primera Gestapo hitleriana mundial, por el Rey Católico Fernando II de Aragón, a su vez, le dio el instrumento expedito de terror a esa naciente clase feudal-mercantil-absolutista dominante, para imponer sus intereses urbi et orbi (ciudad y campo).

Las riquezas de América, expoliadas a sangre y fuego, trabajo forzado y esclavitud, cuya repartición se codificó en las Leyes de Burgos, que mentes trasnochadas y pro-colonialistas interpretan como esfuerzo de protección de los derechos humanos de la población indígena, facilitaron el mantenimiento de esa elite parasitaria, que bajo Carlos I destruyó los gérmenes peninsulares de la revolución burguesa (Rebelión de los Comuneros y Guerra de las Hermandades). Carlos I, o Carlos V, en la historia alemana, estuvo a cargo de esa misión histórica, ejecutada por el capital financiero, el terrorismo de Estado y la “iniciativa privada” del Sacro Imperio Romano Germánico. A continuación, realizó un milagro sui generis de la transubstanciación católica en el hemisferio occidental (América): mediante el genocidio convirtió la sangre de los pueblos indígenas en oro y plata.

7. Compartiendo el lecho nupcial
Que el gran capital catalán y español abandone ahora la Autonomía para quebrarla, junto con la Monarquía, no sorprende, porque subsiste en el ADN de su alianza fundadora. Carlos I, un asesino a gran escala, como su ídolo Carlo Magno (Karl der Grosse), compró el trono de Emperador sobornando con 850,000 florines de oro a los siete “Principes Electores”, que asignaron la Corona. El dinero fue prestado por los banqueros alemanes e italianos. Es célebre el dictum del banquero alemán Jakob Fugger, respecto a este contubernio: “Es notoriamente público y claro como el día que Vuestra Majestad Imperial no habría podido sin mí obtener la Corona Romana”. Y sobre las grandes ganancias obtenidas por los pagos con intereses de la Corona, apuntó lacónicamente: Fue Castilla la que pagó “el fecho del imperio”. A quinientos años, nada nuevo bajo el sol.

8. Cachorros monárquicos socialistas
Rajoy y el PP neo-franquista están en la larga tradición de crímenes de Estado contra los pueblos, la autodeterminación y la democracia, que caracteriza a los Estados colonialistas e imperialistas de Europa. De ahí, que su actuación no sorprende. Descarado, sin embargo, es el apoyo abierto de la tropa de Felipe González –el califa amarillo-rosado, creado por la Socialdemocracia Alemana (Willy Brandt)– que por algún extraño sentido de humor se sigue llamando “Partido Socialista Obrero Español”: PSOE. Las claudicaciones de la centroizquierda de PODEMOS, por otra parte, no sorprenden. La monarquía terrorista es un enemigo formidable, y la sustitución de su corrupto jefe cazador de elefantes por un señorito, no la vuelve menos temible. De ahí, que la genuflexión de Podemos, encabezada por su Oportunista en Jefe, Pablo Iglesias, ante su “Majestad Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia”, es cervantinamente comprensible. Tal, como lo es la de la invertebrada intelligencia hispanófila criolla, cuya máxima experiencia erótica en la vida es ser recibida en la Universidad de Salamanca y las cortes de Madrid.

9. Democracia y civilización
Con todo, el problema de Cataluña es más profundo y trasciende el contexto español. Los Estados son entes híbridos, tienen cabeza de Jano. Por una parte, actúan como agentes civilizadores que acaban con el bellium omnium contra omnes (guerra de todos contra todos) de los poderes e intereses aldeanos; pero, por otra, son tiranías que imponen las leyes e intereses de la clase dominante: desde el fundador del Reino del Medio, Qin Shi Huang, hasta la pax romana y americana. Virtualmente, todos los Estados modernos nacieron por la fuerza y la iniciativa de las élites, que sometieron a cuántos pueblos pudieron.

10. El secreto histórico
Hoy día, esa camisa de fuerza, que cohesiona los heterogéneos conglomerados nacionales de la Unión Europea, es funcionalmente innecesaria, porque la constitución del supra-Estado “Unión Europea” y su mercado común, limitan los grados de libertad independentistas de los subsistemas nacionales. Darle la soberanía a Cataluña no afectaría para nada el poder de este Super Estado regional. A quién sí le debilitaría, es el “plus ultra” de la histórica clase dominante de España. En este sentido, el legítimo afán democrático popular de la soberanía catalana desata un conflicto hegemónico, que reaviva en Europa el debate de los Federalist Papers de la Independencia colonial estadounidense; semejante, pero, a menor escala, de lo que significa el Brexit británico.

11. Cataluña y China
La independencia de Cataluña es parte de la lucha por la repartición del poder político y el plusproducto de Europa, entre las principales facciones de sus clases dominantes, que luchan por su sobrevivencia ante una pujante China, con la que sus obsoletas estructuras no pueden competir. La futura forma del Estado Europeo, sea federalista o centralista, es el arma principal en esta lucha sin cuartel. Por eso, los decisores del conflicto serán los actores dominantes de la geopolítica, tal como fue en el conflicto de Syriza en Grecia.
Cuanto antes los catalanes comprendan esto y dejen sus ilusiones sobre democracia y soberanía del pueblo, dentro del marco nacional de la democracia burguesa, tanto más exitosa será su lucha.

Heinz Dieterich

Sociólogo, analista político, teórico marxista, asesor de Hugo Chávez, autor del “Socialismo del Siglo XXI” y más de 30 libros sobre la conflictos latinoamericanos. Nacido en Rotemburgo del Wumme, Alemania, y actualmente investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, en la Ciudad de México.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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