'Daniel Cosío Villegas. Una biografía intelectual' (Fragmento) | Texto de Enrique Krauze
Compartimos un fragmento del libro 'Daniel Cosío Villegas. Una biografía intelectual' (El Colegio Nacional, 2026), la nueva obra de Enrique Krauze en la que presenta historias, anécdotas y chistes del fallecido integrante de esta institución.
- Redacción AN / MDS

Por Enrique Krauze / Miembro de El Colegio Nacional*
CAPÍTULO V. OPERACIÓN INTELIGENCIA
La casa de España
Cosío Villegas no tuvo tiempo ni humor para lamentar demasiado su violenta destitución: desde octubre de 1936 se había embarcado en una empresa que años después, en vista del contorno bélico que la inscribió, bautizaría como «Operación inteligencia».
El eminente medievalista Claudio Sánchez Albornoz, embajador de España en Portugal, había dejado Lisboa en noviembre de 1936 no sin antes confiar ampliamente a su antiguo conocido, el otro Ministro bermelho, la desesperada situación por la que atravesaban los intelectuales en España, internados en las casas de cultura que el gobierno republicano había ideado para que en ellas pudiesen continuar su labor académica, pero que, desprovistas de libros y alumnos y acosadas por las noticias reales e imaginarias de la guerra, se habían convertido en verdaderos manicomios.
El testimonio de Sánchez Albornoz y el temprano convencimiento que asaltó a Cosío de que los republicanos perderían la guerra, lo movió a escribir al director del Banco de México, su amigo Luis Montes de Oca, y exponerle una idea encaminada a ayudar de modo tangible a aquellos hombres y beneficiar, al mismo tiempo, a México:
Mire usted que haber venido a Lisboa con el fin —tanto tiempo acariciado— de descansar y venirse encima la revuelta española: justamente en relación con ésta deseo escribirle, no sin antes aclarar que durante días —un mes, puedo decir— he estado reflexionando a quién en el desierto mexicano se podría ocurrir con plena confianza de que entendiera. Y, al fin, lo he escogido a usted como la víctima —Ud. que es comprensivo, ponderado y que tiene un espíritu abierto.
Leo El Nacional de México y me avergüenzo de ver cómo una nación pequeña —y poco inteligente, además— puede ser engañada toda ella por una agencia extranjera de noticias. Según ésta, Madrid gana; Burgos pierde. La verdad es la opuesta: los militares van triunfando y no pasará mucho tiempo sin que su victoria se consume. Yo tengo mis teorías sobre todo esto; pero no es el caso de contarlas ahora. Lo cierto es que México es y ha sido el único país confesadamente amigo de Madrid. Puede discutirse la técnica de la amistad, pero no la amistad misma: es uno de los rasgos más generosos de México. Pero un rasgo no es la generosidad misma; es, apenas, un paso, un primer paso. Y yo quisiera que usted encabezara un movimiento para que México siga siendo generoso con España y ya no en un terreno que por ser político, es discutible, sino que por ser humano, está a salvo de toda sospecha o mala interpretación.
Con el triunfo de los militares queda afuera, desamparado, sin recursos, sin país, un puñado de españoles de primera fila, valores científicos, literarios, artísticos y, por añadidura, de ejemplar calidad moral. Entre los más conocidos están: Claudio Sánchez Albornoz, Embajador aquí, el más grande medioevalista español y una de las más firmes autoridades del mundo; Américo Castro, Enrique Díez-Canedo, Fernando de los Ríos, a quienes Ud. conoce; Menéndez Pidal, el gran filólogo, Zulueta, ministro de Estado, embajador en el Vaticano, gran pedagogo […].
¿Por qué no se le habla al presidente para que México gaste una buena suma, la que sea necesaria, e invita a estas gentes por dos o tres años a nuestra Universidad? México está en buenas condiciones económicas ahora y probablemente lo estará todavía por algunos años. Luego, no costaría gran cosa: sueldos de 600, 750 y mil, bastarían. Además, qué gran refuerzo para nuestra pobre Universidad, que ha caído casi en el arroyo. Hasta pienso que pocos rasgos de simpatía del presidente apreciaría tanto la Universidad, como éste, que le costeara diez profesores extranjeros buenos.
Por supuesto que me temo que usted mismo encuentre exagerado este llamamiento; pero no hay tal: es necesario estar siquiera a esta distancia para darse cuenta de la tragedia de España y de la de cada uno de sus hijos, siendo, naturalmente, mayor para los más sensibles. Y estos hombres, que normalmente irían a Argentina, país rico y que ha sabido gastar en su educación, quizás encuentren las puertas cerradas ahora, así de reaccionario es todo el cono sudamericano. Y si Argentina no las cerrara, sería una nueva vergüenza que habiendo jugado del otro lado, quedara ella al final como el bueno y el generoso, mientras nosotros, que lo fuimos y sufrimos y sufriremos por serlo, quedaremos como simples políticos.
Montes de Oca tardó casi dos meses y medio en obtener el visto bueno presidencial. El 29 de diciembre telegrafió a Cosío la aprobación, en principio, del asunto, y días más tarde le explicaba con amplitud que la idea había sido acogida de modo entusiasta por el presidente Cárdenas. Cosío debería elaborar un plan de invitaciones, aunque no permanentes sino transitorias, puesto que México confiaba en que la acción de Inglaterra crearía un impasse que imposibilitaría la victoria a cualquiera de los bandos.
Cosío contestó el 22 de enero. Le agradecía el esfuerzo y comprobaba lo «que siempre había creído»: «que el presidente no falla en generosidad y comprensión cuando alguien le plantea bien las cosas.» Su plan consistía en recabar informes del Instituto de Cooperación Intelectual de París y de la Junta de Ampliación de Estudios en Londres, organizaciones dedicadas a esta clase de ayuda a intelectuales. Con esos auxilios, elaboraría a la brevedad una primera lista de intelectuales que convendría invitar. En cuanto al rumbo de la guerra, advertía: «es muy difícil decir nada; pero, grosso modo, puede decirse que ninguna solución será la que convenga y quiera España. En todo caso, son ya muchos los desajustes y las tragedias, y aparte de una política gubernamental, habrá siempre lugar para una obra de cruz roja, a mí me interesa la intelectual.»
En febrero, Cosío recibió una carta de su amiga Gabriela Mistral, representante de Chile en París, y colaboradora en el Instituto de Cooperación. La lista que sugería la escritora incluía no sólo a intelectuales disponibles y deseosos de viajar a México, sino a aquellos que serían de utilidad a la cultura el país, como era el caso del joven musicólogo Jesús Bal y Gay, que podría enriquecer el conocimiento del folklore mexicano; del pintor, crítico de arte y agudo observador social José Moreno Villa; del filósofo Eugenio Ímaz y el lingüista Dámaso Alonso. Aconsejaba que estos intelectuales fueran «invitados» y no «contratados», porque esto último podía interpretarse como un abandono de la causa republicana.
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* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias.

