El control de la imagen, primer paso para controlar al ciudadano advierte Joan Fontcuberta
El artista visual y autor de ‘La furia de las imágenes’, utiliza el fake como una manifestación de activismo artístico.
(Redacción AN/Galaxia Gutenberg).

Vivimos la era de la segunda revolución digital, advierte Joan Fontcuberta. El investigador y artista catalán, una de las voces más autorizadas de la actualidad en materia fotográfica publica La furia de las imágenes (Galaxia Gutenberg), ensayo donde pone sobre la mesa el concepto de postfotografía para referirse al cambio en el uso y consumo de la cultura visual.

En entrevista, Fontcuberta advierte que actualmente el control de las imágenes es el paso previo al control de la ciudadanía y sostiene que dirimir una filosofía de la imagen en el fondo es una discusión política.

Postmodernidad, postverdad y ahora usted nos habla de postfotografía.

En realidad es un término equívoco. Lo utilizamos a falta de un neologismo más afortunado. No implica una fotografía después de la fotografía, sino algo que se agazapa o esconde detrás. En realidad lo que ha cambiado son las derivaciones sociales y antropológicas.

¿El uso de las imágenes?

Exacto. En el siglo XIX las fotografías brotaron como consecuencia de la Revolución Industrial, de la cultura tecnocientífica, del impulso hacia el archivo y la catalogación. Aquellos impulsos no han desaparecido pero comparten su horizonte con la conectividad, los selfies o la plasmación de la identidad. Si antes había valores fundamentales que articulaban el uso de la imagen, hoy hay un estallido y la fotografía se ha convertido en un lenguaje universal. No hace falta ser expertos. Las fotografías se incorporaron a nuestros modos de expresión, aunque dejaron de guardarse y preservar una memoria. Las podemos usar para divertirnos o comunicarnos. En ese sentido, la postfotografía responde a las necesidades globales del siglo XXI.

Usted cuestiona ese sentido de la fotografía…

Siempre lo he cuestionado. Como practicante, me resultaba muy evidente que la cámara no nos garantizaba transcripciones de la realidad. No hay verdades sino puntos de vista. Cada fotógrafo ve una verdad distinta. La confianza en la cámara viene de una utopía del siglo XIX que responde a cierta sensibilidad, ideología y expectativa de tipo económico y político. Hoy ya sabemos que la fotografía como cualquier otra expresión humana, es una construcción y no una réplica de lo real.

El libro pone en entredicho la figura del autor.

Hoy, la autoría se basa en la prescripción de sentido. Durante mucho tiempo esta prescripción iba pareja con la fabricación de la imagen. Un artista producía una obra y era su voz la que daba significado. Ahora tenemos la posibilidad de separar los dos ámbitos. Ahora podemos adoptar imágenes realizadas por cámaras de vigilancia o tomadas de internet. Lo importante es articular la “imagen-palabra” con otras “imágenes-palabras” para formar un enunciado. El autor pierde autoridad carismática porque lo importante es el acto de comunicación.

Sus últimos trabajos han usado el fake como objeto de experimentación. ¿Por qué?

El fake es una estrategia dentro del activismo artístico. No pretende engañar, sino desenmascarar el engaño. Usa el contrapoder de una información contaminada para que el espectador advierta los mecanismos de manipulación en las diferentes plataformas institucionales y disemine contenidos e información. Hoy la información se concentra en unos núcleos de poder y se disemina jerárquicamente y el fake funciona como dispositivo político o de guerrilla de información. Hay que proporcionar al receptor herramientas de resistencia para mantener un estado de alerta o escepticismo activo.

Ahí está implícita una crítica a los medios de comunicación.

Comencé a usar la estrategia del fake a mediados de los setenta, cuando la fotografía todavía gozaba del carisma de un medio que mostraba la realidad tal cual. Entonces ya proponía la duda porque la considero una actitud racional ante cualquier tipo de información o conocimiento. Varios compañeros me han cuestionado sobre el sentido de continuar mi proyecto con el fake, ahora que se ha demostrado la maleabilidad de la imagen con Photoshop. Considero que precisamente por eso ahora es más importante. El refinamiento de la manipulación no ha hecho sino progresar.

¿La educación como observadores, no ha ido en el mismo ritmo que el desarrollo de la tecnología?

El público está más consciente y educado; es capaz de leer la imagen con una madurez que hace unas décadas no tenía. Aún así debemos seguir buscando formas de contención y filtraje de la información. En una época en la que prevalece la postverdad y las campañas políticas teñidas de fake news, debemos ser más vigilantes de la información que manejamos.

Sin embargo una imagen sigue teniendo un peso muy fuerte y sigue hablando más que mil palabras.

Las imágenes proliferan de tal modo que ya no solo son mediaciones de la realidad, son parte de la realidad misma. Una parte que nutre nuestra conciencia y formatea nuestro espíritu. Bill Gates dijo que quien quiera controlar a la gente debe controlar a las imágenes. El control de las imágenes es el paso previo al control de la ciudadanía. Dirimir una filosofía de la imagen en el fondo es una discusión política.

¿Por eso vivimos también en esta hiper vigilancia a través de las cámaras?

Sí, estamos en una sociedad súper vigilada. Nos escrutan cámaras de circuito cerrado, drones, cámaras satelitales. Quienes trabajamos con las imágenes tenemos una responsabilidad y debemos intentar que nuestro trabajo resulte emancipador para el espectador.

¿Pero cómo llegar a esa emancipación cuando consumimos imágenes todo el tiempo?

Se me ocurren dos posibles respuestas. Un activismo ecologista, un reconocimiento de que vivimos una contaminación de imágenes insufrible y por lo tanto de lo que se trata es de contribuir a no aumentar esa polución por medio de una actitud de contención y reciclaje de los materiales que existen. La segunda respuesta, es la búsqueda de las imágenes invisibles y ausentes. A pesar del marasmo sigue habiendo imágenes que no tenemos. Hay que evaluar cuales son las categorías que nos sobran para focalizarnos en las que nos faltan.

¿A cuáles se refiere?

A imágenes censuradas que por razones técnicas o políticas no han podido ser tomadas. La censura ya no se aplica impidiendo el acceso a cierta información. Ahora la estrategia consiste en inundar al espectador con informaciones banales de manera que aquel dato de interés o sensible queda sumergido y por lo tanto ilocalizable.

 Es un problema que se puede llevar también a las noticias…

Exactamente nos falta editar, jerarquizar o discriminar inteligentemente la importancia de las noticias.

¿Estamos en una etapa transitoria o aún falta para llegar a este punto?

Estamos en una situación peligrosa. La preeminencia de los poderes políticos sobre la información hace que la independencia o neutralidad informativa deje mucho que desear. Se trata de que los ciudadanos reaccionemos activamente contra esa situación. Será una batalla a largo plazo porque esos poderes no renunciarán a sus intereses fácilmente, pero es importante darla para  mantener la salud de la democracia. La transparencia es primordial para el futuro de la democracia.

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