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“Leer es un acto de apropiación de la vida”: José Antonio Lugo

El escritor y editor reúne algunos de sus mejores ensayos en ‘Silenciar el miedo’.

  • Redacción AN / HG
25 Feb, 2026 06:10
“Leer es un acto de apropiación de la vida”: José Antonio Lugo

Por Héctor González

 José Antonio Lugo (Ciudad de México, 1960) se define como un lector, eso sí, cada vez más refinado. “Leo puras cosas que me gustan”, reconoce.

A través de lo leído y vivido ha conformado una visión del mundo de la que da cuenta Silenciar el miedo (El tapiz del unicornio), un título que debe su nombre a una línea de Elías Canetti sobre Robert Walser y que da cuenta de las lecturas, amistades y vivencias de un escritor que ha hecho de la literatura una forma de vida.

Silenciar el miedo es una bitácora de lecturas, pero también de vida y amistades. ¿Cómo nace la idea de recopilar estos textos?

 He tenido la suerte de contar con la hospitalidad del portal de Fernando Solana Olivares, donde he publicado muchos de estos textos. La mitad son de coyuntura y el resto es sobre lo que voy leyendo. Así se fue conformando. Muchos libros de ensayo nacen así, como la reunión o el ramillete de pequeños textos que se han armado en el tiempo.

Aunque al final también muestran una forma de ver la vida y el arte. ¿Cómo se construye una visión de la vida a partir de los libros?

El maestro del ensayo es Montaigne, quien desde su torre de marfil y a partir de la tristeza que le produjo la muerte de su amigo Etienne de La Boétie comenzó a hacer reflexiones. Por supuesto yo no soy Montaigne, mi posición es mil veces más humilde, pero de todos modos el escribir y compartir lo que uno lee es un acto amoroso. Uno lee para darse a sí mismo belleza, inteligencia, profundidad, pero no se puede quedar en eso. Al compartirlo y reflexionar sobre ello se establece un diálogo. Ahora bien, es verdad que si juntamos las piezas de este mosaico de lecturas se conforma una visión del mundo, porque efectivamente al elegir unos temas o autores acabamos haciendo un retrato de uno mismo.

Un retrato que incluye también un recuento de vida, por ejemplo, dedicas un texto a Ana Clavel donde te remontas a tus días en la Facultad de Filosofía y Letras.

 Efectivamente al hablar del mundo, el ensayista habla de sí mismo. Por eso el ensayo es un género tan creativo e imaginativo que termina siendo una crónica de un acontecer o un recorrido. Ahora bien, todo este aprendizaje se lo debo a mis maestros, sobre todo a Juan García Ponce, de quien fui amanuense hace varias décadas, y más recientemente a mi querido amigo, cómplice y maestro Hernán Lara Zavala, que falleció el 15 de marzo del año pasado. Aprovecho para comentarte que justo el 15 de marzo de este año se le realizará un homenaje en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Estarán Juan Villoro, Víctor Manuel, hijo de Aida, Marco Antonio Campos y tu servidor.

De hecho, a ellos le dedicas el libro, ¿a nivel personal que te dejaron ambos?

Juan me transmitió su amor por la literatura, mismo que se traducía en una disciplina feroz. En una ocasión hubo una mesa en homenaje a Elías Canetti, quien recién había ganado el Nobel, estaban Claudio Magris, José María Pérez Gay, Juan García Ponce y Héctor Aguilar Camín. Héctor Aguilar Camín empezó diciendo que no había acabado de leer Masa y poder porque tenía muchas páginas, entonces Juan pidió la palabra y dijo, “la obra de Canetti que he leído en alemán con absoluta rapidez y con entera facilidad”, en ese momento el auditorio estalló en una gran carcajada. Lo que había detrás de ese comentario era una lección: si no te has puesto a leer de verdad no te subas a una mesa. Tanto Juan como Hernán eran personas que habían leído todo. Además, ambos eran extraordinarios seres humanos.

En el prólogo de tu libro, Fernando Solana dice, “leer nos hace humanos”. ¿En qué medida más allá de visiones románticas crees que nos humaniza la lectura?

La clave está en que un buen lector se pone en los zapatos de Raskolnikov (protagonista de Crimen y castigo, de Dostoyevski) o en el personaje que sea. Y esto implica a una palabra que últimamente usamos mucho: empatía, que implica un reconocimiento del otro. Para mí la literatura es un acto de empatía, porque uno tiene que sentir lo que están sintiendo los personajes y por lo tanto toma un pedacito de alma de todo lo que lee. No obstante, hay quienes, como en el caso de la comida, comen, pero no digieren.

¿Qué tanto leer la literatura nos ayuda a silenciar el miedo o mejor dicho nuestros miedos?

El título está tomado de una frase de Canetti sobre Robert Walser, que dice que toda su obra es un intento de silenciar el miedo. Esa es una manera de verlo. En cambio, Marguerite Yourcenar, mi escritora favorita, tiene otra frase que me gusta tanto o más y que dice “cuando se ama la vida, es normal que se lea mucho”. Ya si, la lectura te quita miedos o no, depende de qué tan miedoso sea cada quien. Finalmente, leer es un acto de apropiación de la vida y del mundo, y creo en lo personal que Yourcenar tiene razón, cuando se ama la vida es normal que se lea mucho.

¿Cómo te hiciste lector?

Empecé con Los Tres Mosqueteros y con Salgari. Después, ya en los veintes descubrí El Cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell, gracias a la recomendación de Sergio Romano, quien tenía un programa en Canal 11. Ya siendo amanuense de Juan García Ponce, él tuvo la generosidad de abrirme su biblioteca. A partir de ahí me fui como hilo de media y leer se volvió parte de mi vida. Difícilmente hay un día en que no lea, es una necesidad vital.

¿Cuáles son tus autores de cabecera, a los que siempre regresas?

Marguerite Youcenar, Lawrence Durrell, El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, Sándor Marái, Álvaro Mutis, el propio Juan García Ponce y Alejandro Rossi, quien también fue mi maestro. Las listas son subjetivas, así como en uno escoge a sus amores, escoge a sus libros favoritos.

 Ya no te imaginas sin leer.

No. Y bueno, cada vez intento, como en la comida, en el amor, en las relaciones o en el cine, ser más selectivo. A los 20 años me emocionaba con Benedetti y todavía te puedo decir de memoria algunos de sus poemas, pero leerlo ahora me produciría un coma diabético. Hoy me gustan Villaurrutia, Gorostiza u Owen. La cultura también es refinamiento e implica elegir cada vez un poco mejor.

¿Cuál fue el último libro que se te cayó de las manos?

Es difícil porque no leo cosas que no me gustan o me interesan realmente, lo que sí te puedo decir es que Hamnet, de Maggie O’Farrell, me parece una maravilla. La mejor novela que leído en mucho tiempo.

 

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