‘No quiero escribir una literatura anquilosada, ni dármela de prócer’: Carlos Velázquez
El escritor de Torreón presentará su nuevo libro ‘La efeba salvaje’, el miércoles 25 de octubre a las 19:30 horas, en el restaurante La Faena.
(Sexto Piso/Redacción AN).

Las obsesiones son las obsesiones y Carlos Velázquez (Torreón, 1978) lo sabe. Por eso, lejos de huir de ellas, el narrador norteño prefiere afrontarlas y traducirlas en literatura. Así es como nace La efeba salvaje (Sexto Piso), libro de cuentos donde la muerte, la paternidad y la obesidad son las piedras de toque.

A ritmo de rock y con la contundencia de un mazo, el escritor mantiene su estilo en casi todos sus cuentos. Decimos casi, porque aporta ‘El resucitador de caballos’, un relato fuera del tono al que nos tiene acostumbrados por su atmósfera sobria, pero sin sacrificar intensidad.

Velázquez en compañía de Mariana H., presentará La efeba salvaje, el próximo miércoles 25 de octubre a las 19:30 horas en el restaurante La Faena.

Sexo, comida, muerte, el suyo es un libro de cuentos sobre las pulsiones humanas.

Con mis tres últimos libros de relatos me ha sucedido que un cuento desencadena todo. En este caso, ‘El resucitador de caballos’ fue el primero que escribí y al hacerlo pensé en conformar un libro con ese registro, diferente a lo que había hecho hasta ahora, pero me di cuenta que en la literatura mexicana ya pasaron de moda los volúmenes de cuento temáticos. Incluso yo hice uno, La biblia vaquera. Y decidí combinarlo con relatos más cercanos a lo que suelo hacer.

Cierto la atmósfera es diferente, pero con las mismas obsesiones. 

En todos los relatos están presentes mis obsesiones: el miedo a la paternidad; la obesidad; y por supuesto la muerte. Sin duda estos son los tres temas que más me interesan y será muy complicado sacarlos de mi radar.

¿De dónde vienen estas obsesiones?

La obesidad es un tema recurrente, en todos lados nos venden la idea de combatirla. La paternidad me genera miedo, si bien ya tengo una hija y la adoro, he huido de dos matrimonios por el temor a tener más hijos. No quiero más por razones económicas y de salud mental. La preocupación por la muerte me ha llegado con la edad; estoy a punto de cumplir cuarenta años y cada vez ronda más mi cabeza.

Salvo ‘Muchacha nazi’, el resto de los cuentos escapan a la espacialidad…

Si, salvo La biblia vaquera, el resto de mis cuentos no están ligados a un territorio específico. Evidentemente hay señas de identidad y al nacer en el norte algunos personajes hablan como yo, pero la realidad es que son historias que podrían suceder en cualquier parte.

Hay también personajes muy obsesivos, por ejemplo, la protagonista de ‘La efeba salvaje’…

Me divertí mucho escribiendo ese cuento. Mucha de la gente de mi generación está obsesionado con la chica que da el estado del tiempo. Es una mujer con un perfil específico: quiere un alto nivel de vida, aparecer en la televisión y ser admirada. Es un personaje perfecto para describir mi visión del mundo. ‘This is not a love song’ parte de un sujeto de Torreón muy gordo, pero con un pegue muy cabrón con las mujeres, quería hablar de un gordo incapacitado para bajar de peso mientras está en una relación sentimental.

Su literatura está definida por los actos, más que por la introspección.

Me interesa que los personajes te digan quienes son por ellos mismos. Soy muy renuente a la retórica gratuita. En pleno siglo XXI todavía hay autores que pueden escribir tres páginas sin que pase nada. Me parece increíble que con el dinamismo del mundo aún se narre de esta manera. Creo que La efeba… es uno de mis libros más dinámicos.

¿Piensa en el dinamismo como un requisito de sus libros?

No, en lo único que pienso es en que la estructura funcione. Cuando los purgo de lo innecesario esto es lo que resulta.

‘Muchacha nazi’ es un guiño a José Agustín…

Sí, ese cuento tiene dos referentes, el primero es ‘¿Cuál es la onda?’, de José Agustín, pero también es un homenaje descarado a ‘Muchacha punk’, de Fogwill.

Y el rock, siempre el rock, el título ‘This is not a love song’ se lo pidió prestado a P.I.L.

Sí, hace rato me daba una vuelta por una librería y pensaba en lo complicado que es elegir un título. Cuando no doy con un buen título ahí está el rock para salvarme y en este caso le debo una a P.I.L. Salvo en un breve periodo de neurosis que me exigía silencio, siempre estoy con música, independientemente si leo, escribo o tomo notas. Todo mundo tiene maneras distintas de encontrar su voz. El estilo es una mezcla de lenguaje oral con lenguaje escrito, en mi caso habría que añadir el trasfondo de la música.

¿Cómo definiría la vitalidad creativa?

Hace muchos años no pensaba en la vitalidad en sí misma. Recién leí Born to run, la biografía de Bruce Springsteen, un librazo. El primer rasgo que me llamó la atención fue la vitalidad en los actos y sus canciones, es algo que deberíamos aprender los escritores mexicanos porque mucha de la literatura actual está exenta de la vitalidad. En momentos como estos, en los que la desigualdad social es cada vez más amplia, la gente está muy necesitada de símbolos a los cuales aferrarse. Cuando ocurrió el sismo mucha gente se quejó de la publicidad a la perrita Frida. Se habló de cursilería o ñoñez. A mí en particular la perrita no me molesta, sus rescates no me hacen olvidar el ejército que tenemos. En cambio, me parece positivo que la gente se conmueva. Necesitamos símbolos de fortaleza ya que ninguna de las instituciones nos la aporta. Por supuesto no me creeré las patrañas del gobierno de Peña Nieto, pero Frida no te hace nada y funciona como símbolo de unidad.

Ya que tocó el tema qué me dice del poema de Juan Villoro sobre el sismo.

Entré a Twitter y encontré a gente tirándole mierda a Juan. ¿A caso Villoro tiene que pedir permiso para escribir un poema? ¿No se supone que tenemos libertad de expresión? Hay gente tonta que lo tacha de corrupto o que representa a la literatura del sistema. ¿En verdad es tan pequeño nuestro mundo como para no darnos cuenta de lo que pasa afuera? Mientras la gente lo critica por escribir un poema, tenemos a Duarte o Rubén Moreira, ambos ladrones ejemplares. ¿En verdad Villoro es el malo por escribir un poema?

Muchos de sus lectores son jóvenes, ¿piensa en ellos cuando escribe?

Soy afortunado porque es complicado conseguir un público y más si es joven. Si tengo una conexión con ellos es porque no he madurado. Me siento agradecido y me gustaría seguir trabajando una literatura accesible a ellos. No me veo escribiendo en veinte años, porque no me veo vivo en veinte años, pero mientras siga en esto no quiero escribir una literatura anquilosada, ni dármela de prócer, mucho menos andar regañando gente.

Es muy roquero decir ‘no me veo vivo en veinte años’, la mayoría de quienes lo han dicho ahí andan…

Sí, pero esos cabrones están hechos de otra madera. Uno es un simple mortal, pero ellos juegan en otra liga y aun así ve a Tom Petty, estoy seguro de que se metió menos cosas Mick Jagger y mira, murió.

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