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“Una de mis motivaciones al hacer cine es conseguir que el espectador imagine cómo podrían ser las cosas”: Julián Hernández

El realizador mexicano estrena en los cines mexicanos ‘Los demonios del amanecer’, su octava película.

  • Redacción AN / HG
24 Jul, 2026 08:56
“Una de mis motivaciones al hacer cine es conseguir que el espectador imagine cómo podrían ser las cosas”: Julián Hernández

Por Héctor González

Orlando (Luis Vegas) y Marco (Axel Shuarma) se conocen por casualidad y al poco rato se enamoran. Uno quiere ser bailarín y el otro estudia enfermería, ambos buscan cumplir su vocación al mismo tiempo que recorren la ciudad de día y noche. Sobre esto versa Los demonios del amanecer, la nueva película del mexicano Julián Hernández.

Fiel a una forma de hacer cine a contracorriente que plantea la diversidad de las relaciones humanas, el realizador estrena en las salas mexicanas la que es su octava película.

Los demonios del amanecer es tu octava película. ¿Cómo se consigue continuidad en el cine mexicano?

Es algo que me pregunto todos los días. Es un asunto de perseverancia y de dejar muchas cosas en el camino. A veces me dicen que debería estar muy contento porque he podido hacer en realidad nueve películas, pero bueno, no tengo una casa ni coche. Salgo poco de vacaciones. No es que viva al día, porque me organizo, pero es complicado. Me acuerdo al principio, cuando empecé a trabajar con Arturo Ripstein, me contaba de sus años de juventud, cuando con una película junto a su papá, se podía comprar una casa, un coche y pagar la colegiatura. Ahora eso es imposible.

Por otro lado, tu cine siempre ha sido muy a contracorriente, aunque también es verdad que ahora hay más apertura en México.

Es verdad, yo estoy haciendo películas desde 1998. En aquella época todavía había homofobia por todos lados, incluso el público era poco receptivo. Recuerdo que cuando estaba filmando El cielo dividido, una película que ocurre en la universidad, una vez el crítico y amigo, Carlos Bonfil cuestionó sobre porque hacía una película sobre estudiantes de la UNAN, cuando ahí había mucha homofobia. Le contesté que justo por eso la hacía, me interesaba que el espectador se imaginara cómo podrían ser las cosas. Una de mis motivaciones al hacer cine es que el espectador pueda ver que hay cosas que pueden suceder, cosas por las que podemos trabajar, luchar y empeñarnos por conseguir. Afortunadamente las cosas han cambiado para bien, aunque ahora parece que hoy damos pasos para atrás y volvemos a situaciones que creíamos haber dejado atrás. Un ejemplo es la autocensura, que es lo peor, incluso en mi propio gremio.

Sin embargo, una película como Los demonios del amanecer va más allá del cine gay, me parece que tiene su foco en las relaciones humanas.

Es verdad, después de Rabioso Sol, que es mi tercera película, sentí que había concluido con una serie de cosas que me interesaba contar. A partir de ese momento, pensé que podía avanzar hacia contar otras historias que me resultaban también interesantes. Comencé a hablar de personajes trans, de bisexualidad y otras posibilidades. Hay distintas opciones para desarrollarte como ser humano. Desde El cielo dividido no había incluido una familia en una de mis películas, sólo me refería a madres solas que apoyan a sus hijos. En Los demonios hay una familia que apoya al protagonista, me parecía importante mostrarlo. Escribí la historia hace diez años, y apenas cuando se estrenó en el Festival de Guadalajara me preguntaban cómo podía estar tan al día de lo que estaba ocurriendo.

¿A qué atribuyes esta sensibilidad para adelantarse un poco?

No lo sé. Soy alguien que está muy pendiente de las cosas que ocurren y me gusta imaginar cómo podrían ser ciertas cosas. Me pasó algo similar con Rencor Tatuado, donde hay un personaje trans. Tenemos una persona que maneja nuestras películas en el extranjero y recuerdo que cuando la estrenamos me decía: “Julián, los personajes trans no interesan a los festivales”. Tres años después y ahora mismo, los festivales de cine están llenos de personajes transgénero. Si te tuviera que dar una respuesta sería esa, intento estar al día de las cosas que ocurren.

En esta película, la Ciudad de México tiene un papel protagónico. ¿Por qué te interesaba que así fuera?

Me interesa hacer de la ciudad un personaje más. No tanto para dejar un testimonio de cómo era, más bien para mostrar la forma en que se ha transformado como espacio en el que se desarrollan las relaciones humanas. Soy un enamorado profundo de esta ciudad, siempre he filmado aquí. Me gustaría que, si alguien en el futuro ve todas mis películas, pueda decir, “este tipo ha recorrido la ciudad entera”.

Otro rasgo que define tus películas es el tono emocional y melodramático. ¿Por qué?

Y eso que me contengo, así soy. Antes de comenzar a filmar me imagino mis películas y son desbordadas, operísticas, melodramas de los años cincuenta. Ya en el camino me aprieto y le bajo para darle la oportunidad al espectador de que aporte algo sentimiento. Sin duda en todas mis películas está reflejada mi forma de ser, después de todo me formé viendo cine mexicano y melodramas por todas partes. Tal vez algún día algo un poco más neorrealista tipo Vittorio de Sica, pero todavía no.

¿Pero no te preocupa que te pase como a Pedro Almodóvar, que uno ya no se sorprende con sus películas?

Rencor tatuado o La diosa del asfalto, creo que fueron distintas, el problema es que se estrenaron en medio de la pandemia. Aunque sí, es verdad que mis películas están emparentadas. Si bien, siempre busco nuevas miradas o enfoques, creo que tienes razón en tanto que son parecidas en términos de los personajes y las emociones que buscan representar.

¿Ha cambiado tu forma de entender el cine a lo largo del tiempo?

Sin duda, cambia todo el tiempo. Siempre me cuestiono sobre cómo hacerlo o sobre el significado de cierto emplazamiento. Las únicas certezas que tengo son las de mis dudas, y desde ahí me aproximo al cine. Me gusta darme la oportunidad de descubrir cómo enfrentar un nuevo proyecto. Me veo como un alguien que enfrenta cada película como si fuera la primera vez.

¿Qué tipo de necesidad sientes por contar una historia en un país donde se batalla mucho e incluso puede tomar diez años levantar un proyecto?

Hacer una película es una necesidad. Suena a lugar común, pero es verdad que uno podría estar en su casa o de vacaciones. La realidad es que me gusta la sensación de estar al borde del abismo. Me parece estimulante. Se que será difícil, pero nunca pierdo la esperanza de que podré conseguir los recursos, aunque cada vez está más complicado. Nuestra misma experiencia al final nos ayuda porque sabemos que pese a que las cosas están muy complicadas, se puede encontrar la forma de seguir haciendo películas.

 

 

 

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