‘La libertad sexual se está perdiendo de vista en la cinematografía’: Yann Gonzalez
El cineasta francés estrena en México su película ‘La daga en el corazón’.

Por Héctor González

Anne (Vanessa Paradis), una productora de cine porno, hace hasta lo imposible por reconquistar a Loïs (Kate Moran), su editora y ex pareja. En medio de su tormentosa relación, un encapuchado comienza a asesinar a los actores del nuevo proyecto de Anne.

Ambientada a finales de la década de los setenta, La daga en el corazón, de Yann Gonzalez, es un filme que cuestiona la moral predominante por medio del sexo.

¿Por qué te interesaba la industria porno de los setenta para hacer una película?

La película parte de una historia real que conocí por varias vías: una prominente productora francesa de cine porno se enamora de su editora. Ahí encontré un personaje fascinante por la cantidad de coraje y rabia que concentra. La anécdota en sí misma me pareció un excelente punto de partida para una ficción y para construir una estética con un tipo de imágenes muy particular.

¿Nació a partir de una curiosidad por explorar una estética relacionada al pulp o al cine de serie B?

Sí, aunque en este caso los personajes son los más importantes dada la libertad que representan. Cuando era adolescente eduqué mi mirada con el cine pulp o de serie b. Ambos géneros marcaron un antes y un después dentro del cine francés. Sin duda la estética es importante porque ayuda a crear atmósfera y acentúa las emociones, pero al final la historia es lo más importante.

Es también una película muy teatral, hay por ejemplo una exploración notable del monólogo…

El cine es la fusión de diversas artes. Manoel de Oliveira o Arturo Ripstein son ejemplo de grandes realizadores que trabajaron con elementos teatrales. En lo personal no le temo a este tipo de experimentación. Para La daga en el corazón, aproximarme al teatro me parecía interesante; es un género que desde el principio acepta y adopta la división entre el escenario y el público. Con la película me propuse trabajar la idea de un voyerista que se asoma a situaciones que no debería ver, transgrediendo la posición del público ante la puesta en escena.

¿Te consideras un voyerista?

Claro, crecí viendo películas prohibidas y a escondidas de mis padres. No tengo ningún problema en decirlo. No me considero un vicioso, al contrario, soy una persona bastante sana. Por eso me parece interesante llevarlo a la pantalla.

Por medio del voyerista que vemos en la película, creo que hay un interés por cuestionar la moral predominante, ¿no?

Tal vez, aunque mi principal objetivo es ser fiel con mis ideas y con la gente que amo. La incorrección política me sale de manera inconsciente, aunque desde luego asumo que la mayoría de mis personajes son transgresores en términos morales. Al trabajar de esta manera le soy fiel a mi espíritu. Para mí lo más importante es la amistad, es un elemento inspirador en mi vida y esta película fue inspirada por un grupo de amigos transexuales y fiesteros que se expresan por medio de la música, la actuación o el baile.

¿Qué nos dice el sexo, la muerte o la violencia, de la sociedad contemporánea?

El sexo está en todos lados y no únicamente en el plano íntimo. La moral vinculada al sexo se está haciendo más estricta y violenta respecto a los grupos marginados o minoritarios. La libertad sexual se está perdiendo de vista en la industria cinematográfica. Vivimos tiempos muy retrogradas. A veces pienso que estamos gestando una guerra civil, es más, quizá ya existe en sociedades altamente normativas, patriarcales y rigurosas.

En el cine francés hay una corriente importante vinculada a la migración o al racismo, pero es menos común ver una película que transgreda la moral a partir de la sexualidad.

El sexo es un tabú en la cinematografía francesa. Durante los setenta era algo muy común y no generaba ningún tipo de estupor. Esto era muy inspirador, sin embargo, lo perdimos. Hoy hay mucha gente con miedo a hablar del tema y recordemos que el miedo es la enfermedad social más delicada.

¿En qué momento cambiaron las cosas?

Creo que empezó con el SIDA, aunque no podría afirmarlo. Hay varios elementos y cada uno tiene un rol. El VIH fragmentó la industria porno. A partir de entonces los heterosexuales dejaron de involucrarse en la libertad homosexual de la época. El SIDA construyó un estereotipo de muerte y enfermedad. A pesar de que es una enfermedad más controlable, la huella del miedo persiste. En paralelo tenemos a las redes sociales, donde si bien se puede hablar de lo que sea, el respeto y la apertura no es lo que predomina. Las redes sociales están devorando y aplastando la libertad. A pesar de que la comunidad gay es más visible que nunca, hay muchas normas que quieren obstaculizarla por medio del odio y la rabia. Mi película es un asomo a todo este fenómeno por eso quería hablar de la sociedad que nos está clavando una daga.

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