‘Uno tiende a convertirse en caricatura de sí mismo’: Carlos Velázquez
El autor de ‘Aprende a amar el plástico’, se asume como un escritor que vive afuera de la república de las letras.
(Redacción AN/Cal y arena).

Una de los objetivos de Carlos Velázquez (1978) es ver sus cuentos completos en un libro de lomo amplio. Mientras eso llega, el narrador de Torreón aún tiene el combustible para salir a la calle a buscar historias. Vivo ejemplo es Aprende a amar el plástico (Cal y arena), título que reúne algunas de sus mejores crónicas.

Lejos de esconder su vocación noctámbula y rockera, el narrador reconoce “no me puedo quedar en casa para ser escritor”, no obstante, advierte también que literatura cada vez le exige más tiempo.

¿Qué cosas de las que leemos en estas crónicas ya no haces o no volverías a hacer?

Una de las virtudes durante mi vida como escritor es que al no recibir una formación académica he podido estar más en contacto con la calle.  Esto no me hace mejor ni peor, simplemente me ha permitido llevar mis experiencias a la página. Asumo que mucha gente ha vivido cosas peores, pero no todos tienen la posibilidad de escribirlas. No obstante, conforme pasa el tiempo se reduce mi campo de acción. La escritura cada vez me exige más tiempo. La cuestión es que la crónica me salta cuando estoy en la calle y todavía me siento con la necesidad y la obligación de explorar territorios para consignarlos en la escritura. Por mucho que las cosas te jueguen en contra, no puedes dejar pasar la oportunidad de escribir un buen texto o de reflejar un pedazo de realidad.

¿Se acota el margen también por salud o prudencia?

Hay momentos de mi vida en los cuales me comprometo mucho con la ficción. Mi faceta de papá además, me impide hacer trabajo de campo de lunes a viernes. Sin embargo, no me puedo quedar en casa jugando a ser escritor. Necesito de la calle. Cuando algún colega me cuenta que atraviesa por un bloqueo creativo, le recomiendo que salga. Quizá a mí se me relaciona con el desmadre, pero no solo se trata de eso. Hay muchas cosas sobre las que dar reporte. La novela de Volpi sobre Florence Cassez está bien, pero él es un escritor de biblioteca; yo me ubico en el extremo opuesto. Hay tanto por contar que no me puedo quedar en casa. A pesar del desmadre me he mantenido muy apegado al trabajo: tengo una columna, escribo crónica, ficción, nado, cuido a mi hija. Mientras el cuerpo me dé, haré este tipo de trabajo.

¿Te molesta que se te asocie con el desmadre?

Uno tiende a convertirse en caricatura de sí mismo. Nadie, salvo las amas de casa, puede cumplir su trabajo por veinticuatro horas. Cuando se te estigmatiza con un personaje es muy complicado quitarte la carga. Yo no elegí la marca del desmadre, es más quien me conoce sabe que nado seis días a la semana. No puedo estar 24 horas de fiesta. Al no pertenecer a la república de las letras, tengo la libertad de escribir lo que quiero.

Vas a presentaciones, recibes becas, si eso no es pertenecer a la república de las letras…

Las becas están abiertas para todo mundo. Formo parte del mercado editorial, es decir, presento y promociono mi libro, pero no me considero parte de la república de las letras porque no me ciño dentro de los marcos de lo políticamente correcto. Abundan los autores que escriben novelas que parecen basadas en un modelo de no provocar ninguna molestia en ningún ámbito. En mi caso, escribo sin preocuparme si hiero susceptibilidades. A pesar de eso y de mi gran boca he ganado becas, lo que confirma que son para todos. No tengo nada que perder.

¿La república de las letras es políticamente correcta?

Absolutamente.

Bueno es lo que predomina…

Sí, cada vez se tiende a ser más cuidadoso y políticamente correcto. Pasamos por un momento de auge de la autocensura en la vida general y también en la literatura.

¿La 4T es políticamente correcta?

Es muy pronto para dar un diagnóstico. Hay aciertos y errores, pero esto no es exclusivo de la 4T. Tirarme a la yugular sería muy tonto. Me veo con la obligación de darles el beneficio de la duda.

¿Qué piensas de la polémica que ha rodeado al Fonca?

Guillermo Fadanelli ha escrito con elocuencia. El Fonca sí se merece una revisión, pero no en los términos en que se propone desde la misma institución. Durante un tiempo trabajé en el sector público y en obras públicas se manejaban cantidades infinitamente superiores para mordidas y corrupción. Antes que modificar el Fonca habría que revisar las secretarías donde hay mucha gente amafiada y donde hay millones en juego.

¿El Fonca no está amafiado?

De repente puede haber un movimiento que parece favoritismo o conflicto de intereses, pero las convocatorias son abiertas y yo soy la prueba de ello.

En una de las crónicas escribes: ‘Soy malo para las promesas, pero bueno para las crudas morales’. ¿Qué te produce cruda moral?

Siempre he tenido un control específico sobre lo que hago. Quien sale a beber conmigo sabe que no soy mala copa; hasta cierto punto soy cortés. Si alguien me molesta procuro alejarme. Lo que me da cruda moral es quedarme con ganas de hacer las cosas. Cuando vino Bruce Springsteen en 2012 estaba hecho pomada por haber estado en la FIL de Guadalajara y me regresé a Torreón a descansar. Ya estaba repuesto y preferí no venir a verlo. Todavía me arrepiento de mi decisión, esas son mis crudas morales.

¿Aplicas la leyenda que dice tu playera: “Write drunk, edit sober”?

Me regalaron la playera y creo que la frase es de Hemingway. Jamás escribo bajo la influencia de nada. Necesito estar sobrio. ¿Quién quiere escribir cuando esta bebiendo? Escribir borracho debe ser una monserga.

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