‘En la América Latina falta unidad y predominan los enfrentamientos’: Pedro Baños
El autor de ‘Así se domina el mundo’, advierte que el uso de las fuerzas militares no necesariamente erradica el narcotráfico, y que incluso puede aumentarlo.
(Ariel).

Por Héctor González

Si después de la Segunda Guerra Mundial la geopolítica quedó desprestigiada, ahora ha regresado por con fuerza, argumenta el coronel y especialista en defensa, terrorismo y estrategia español, Pedro Baños. El autor del libro Así se domina el mundo (Ariel) nos adentra en las incógnitas de estos juegos de dominio entre países y analiza las claves y trucos del poder mundial.

En su libro plantea que la geopolítica ha recuperado el papel preponderante que había perdido.

La geopolítica quedó muy denostada después de la Segunda Guerra Mundial, pero en los últimos años ha tomado mucho impulso porque todo lo que sucede es producto de la globalización; y tiene una repercusión mundial y de una forma inmediata. Hablamos de un verdadero geopoder que actúa con formas novedosas porque actúa con instrumentos más allá de los meramente materiales.

Hoy la economía, sostiene, marca el rumbo de la política.

Sin duda, decía Lenin que la política es la expresión concentrada de la economía; yo lo parafreseo diciendo que la geopolítica es la expresión concentrada de la geoeconomía. Los intereses económicos son fundamentales y particularmente Estados Unidos está intentando recuperar el poder económico que había perdido.

Usted dice que Donald Trump juega el papel del loco, de manera premeditada.

Creo que tiene una estrategia bien planificada, puede ser que la lleve a cabo de un modo estrambótico o histriónico, después de todo es un gran dominador de la opinión pública y el espectáculo. No olvidemos que durante diez años tuvo éxito con un reality show. Me parece que su objetivo es recuperar el poder que tuvo Estados Unidos, de cara a otras potencias que surgen con mucha fuerza.

¿Cómo entiende su relación con China y Rusia?

Con Rusia la relación es ambigua, pero explicable. Por un lado, tienen una proximidad ideológica, ambos son bastante conservadores; por otro, son grandes rivales geopolíticos. Estados Unidos percibe a una Rusia que quiere recuperar su peso mundial y por tanto son rivales. Sin embargo, el gran rival de la Unión Americana es China, país que está teniendo un desarrollo en el ámbito tecnológico increíble y que asusta al gobierno de Trump, porque cree que esto la puede consolidar como una gran potencia económica.

¿En este mapa qué papel está jugando Latinoamérica?

Latinoamérica no juega el papel que le corresponde. Falta unidad y predominan los enfrentamientos. Carece de una vocación o voluntad unificada, lo cual es una pena porque es una parte del mundo con una riqueza impresionante. Le faltan líderes capacitados, motivados, que piensen en el bien de su pueblo, pero sobretodo le falta unirse en una sola voz para significar algo a nivel internacional. Mientras sigan divididos política e ideológicamente, serán fácilmente divisibles por las grandes potencias.

¿Por qué la región no consigue dar el salto y cuál es el rol que tiene México?

Las grandes potencias no tienen demasiado interés en que América Latina se unifique. El caso de México es particular, porque dada su proximidad con Estados Unidos no deja de ser un rival importante en Washington. Si México consigue tener buenos dirigentes se puede convertir en una de las principales potencias del mundo para 2030. Tiene recursos energéticos, grandes capacidades de desarrollo empezando por el turismo, una población importante y creciente, pero para eso necesita no tener injerencias externas y líderes con esa vocación.

¿Ve a López Obrador con esa vocación?

No suelo hablar de política interna, además no conozco a López Obrador. Recientemente lo vi en una conferencia conjunta con Pedro Sánchez, presidente español, y me pareció sensato y coherente. Esperemos que logre sacar al país adelante.

En este esquema geopolítico, ¿dónde ubica al narcotráfico?

Tiene una gran importancia. El narcotráfico mueve cantidades gigantescas de dinero y por lo tanto tiene la capacidad para corromper sistemas judiciales y políticos en cualquier parte del mundo. Además, esto se enlaza con movimientos opacos de dinero y amparados con los paraísos fiscales. Todo esto hace que sea muy difícil hacer una lucha efectiva. En lugares en donde los jóvenes están en paro masivo, es muy sencillo corromperlos, tomará mucho tiempo erradicar al crimen organizado.

Hay analistas como Edgardo Buscaglia, sostienen que para terminar con el crimen organizado se necesita seguir la ruta del dinero.

Es realmente complejo. Hay que preguntarse quiénes son los auténticos dueños de los bancos opacos situados en paraísos fiscales. Cuesta trabajo pensar que ese volumen tan importante de flujos financieros quede en manos de países pequeños y prácticamente insignificantes a nivel mundial. Seguramente hay alguien más que los controla y se beneficia de esa riqueza. Evidentemente la mejor manera de acabar con el narcotráfico es evitar el consumo y para hacerlo se necesita una formación adecuada y una sociedad muy estable donde no exista el paro masivo ni grandes desigualdades. La lucha contra el crimen organizado tiene que efectuarse desde fuentes muy diversas. En el camino se ha demostrado que el uso de fuerzas militares no necesariamente consiguen erradicarlo, sino al contrario, incluso puede aumentar.

En el libro habla de los medios de comunicación y la forma en que son usados para generar estadios de opinión pública.

Los medios de comunicación están en un proceso importante de transformación y eso los ubica en una situación de debilidad económica. La mayoría pagan sueldos bajos o incluso cuentan con becarios sin percepción alguna, no obstante, no me cabe duda de que los medios audiovisuales y aquí ya incluyo a internet, tienen una influencia decisiva para muchas personas, esto propicia que siempre haya poderes que intenten utilizarlos para manipular y condicionar a las poblaciones, incluso en países democráticamente consolidados. Es verdad también, que compiten con las redes sociales, pero éstas todavía tienen una importancia limitada y compartimentada con ciertos sectores de la población. La gran parte de la ciudadanía se sigue informando por los medios tradicionales.

El libro hace un llamado al ciudadano para que esté más alerta y asuma un rol más activo.

Es una manera de despertar al ciudadano que es pasivo o manipulado por los medios de comunicación. Necesitamos saber el estado de los problemas para buscar una solución. No podemos ser como el avestruz y meter la cabeza dentro del hoyo. Si es verdad que en nosotros reside la soberanía y que debemos tener la última palabra, es importante reaccionar.

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