opinión*
AMLO, reforma educativa y casta divina (Artículo)
por Heinz Dieterich
(Foto: Archivo Cuartoscuro/Rogelio Morales).

1. Decreto de AMLO y Mandato constitucional

Cuando un Maestro de la Política (MP), como Andrés Manuel López Obrador (AMLO), actúa con gran cautela ante un problema nacional, como la Reforma Educativa, significa que ha calibrado la esencia y peligrosidad del problema. Sabe que no se enfrenta a un problema de reforma pedagógica, salarial o identitaria, sino a una estructura de poder compleja y atrincherada, que no tiene voluntad ni capacidad de auto renovación, para adecuarse a las necesidades transformativas del país.

Al carecer de capacidad evolutiva, esta estructura obliga al Estado a intervenir, para proteger los intereses de la nación. De hecho, este es el mandato constitucional del Estado, por ser, en palabras de Rousseau, la voluntad general (volonté générale) o, parafraseando a Marx, el representante virtual (conceptual) de la nación. Implementar una reforma educativa es, por lo tanto, una prerrogativa y una obligación del Estado.

2. Mandato y Poder

La pregunta decisiva, como en la operacionalización de todos los preceptos constitucionales, es, si el Estado tiene la potencia para imponer su mandato, o si la correlación de fuerzas antagónicas no lo permite. Para un gobierno reformador en status nascendi, como el mexicano, que camina delicadamente en un campo de minas de la geopolítica, de la oligarquía, de la ultraderecha y de la ultraizquierda, es una cuestión vital saber, si puede afectar los intereses sistémicos de esta estructura de poder –en beneficio de la Nación– o si mejor evita el conflicto.

El férreo rechazo de la casta divina académica frente a una mayor igualdad distributiva del ingreso, con el silencio o rechazo abierto de los “progres”; la incapacidad de la casta académica para resolver problemas gerenciales de su incumbencia, como las negociaciones salariales, rotaciones funcionales de los rectores y transparencia en su cooptación, cooptación porque no hay democracia ni meritocracia en su reemplazo; el uso de las finanzas institucionales sin generar grandes deudas públicas; y la demagogia e hipocresía de los “defensores” de la “autonomía universitaria” –whatever that means– ante el problema, demuestran que evitar el conflicto con esta atrincherada estructura de poder, en este momento, era la vía racional y ética posible, que tenía el Presidente.

3. El Leviathan

La estructura de poder en cuestión, cuyo estrato de educación superior conozco relativamente bien, porque he trabajado cincuenta años en universidades de diferentes países, la mayor parte en México en la impartición de clases, investigación y asesoría científica de directivos, está compuesta por siete subsistemas: 1. La alta burocracia académica; 2. Los sindicatos; 3. El personal docente y administrativo. 4. Los alumnos. 5. La fuerza estatal educativa (SEP). 6. El sistema periférico de poder de empresas, aparatos ideológicos (organizaciones no gubernamentales, medios, iglesias, partidos políticos), sectores sociales (padres de familia). 7. Los hegemones globales, como el Banco Mundial, el FMI, etcétera.

4. El Leviathan fragmentado

Cada uno de estos subsistemas es un vector de poder con identidad, intereses, ideología y fuerza propia. A diferencia de los años veinte, cuando el país estaba unido en un gran proyecto histórico de desarrollo nacional, hoy día, la praxis de estos sectores es ajena a los intereses colectivos superiores, como la Nación, el Estado o el pueblo. Su fragmentación frente a un interés nacional progresista compartido, ha producido su estado anómico actual. Cohesionados por sus intereses grupales, carentes de un horizonte estratégico del bien público nacional y organizados jerárquica y antidemocráticamente, han evolucionado a escala nacional hacia la situación anómica, que, como escribía Emile Durkheim en 1893, “impide su cordial integración” endógena y produce, al mismo tiempo, bajo el mantra de la “autonomía”, su rechazo a una rectoría real y eficiente de la volonté générale.

5. La disfuncional nomenclatura académica

La disfuncionalidad o anomía sistémica del status quo puede detectarse empíricamente y con facilidad en el comportamiento de cada uno de estos grupos. Pero, por razones de espacio, nos referimos sólo brevemente a la alta burocracia académica, que es uno de los eslabones decisivos del engranaje. Su característica principal es, que no se trata de una clase dirigente o meritocrática, sino de una clase dominante mediocre y viciada, cooptada por sus referentes político-sociales respectivos. En lugar de liderazgo real hay administración de recursos. Si por “liderazgo” entendemos las actividades organizacionales diseñadas e implementadas para influenciar la motivación, el conocimiento y el desempeño de los miembros de la organización, entonces queda evidente el deplorable status quo. Aún menos existe el liderazgo real distribuido (distributed leadership), basado en la cognición distribuida y una praxis colectiva-democrática en torno al objetivo estratégico de la institución; al igual que una distribución económica del ingreso orientada hacia el Coeficiente de Gini.

Los ingresos universitarios se distribuyen asimétricamente con concentración en la nomenclatura y el sector de los académicos dominantes. Según el sindicato de la Universidad Autónoma Metropolitana (Situam), el rector general Eduardo Peñaloza Castro, tiene un ingreso mensual bruto de 214 mil pesos. Este ingreso por si sólo es superior a lo que gana “el padre de la lingüística moderna”, Noam Chomsky, en Estados Unidos. A este monto hay que agregar, por supuesto, los ingresos “invisibles” como gastos de representación, chofer, gasolina, becas del SNI, pagos post-mandato, etcétera. Hay otras 85 personas, según el Situam, que tienen un salario mayor a 108 mil 656 pesos –superior al Presidente– mientras la percepción promedia de un trabajador de intendencia es de siete mil pesos y el de un profesor de medo tiempo es de seis mil pesos. Según el secretario general de la UAM, José Antonio de los Reyes Heredia, esas cifras son inexactas. Si son inexactas, ¿por qué los dos máximos funcionarios de la “Casa Abierta al Tiempo” no las corrigen, publicando las cifras verdaderas?
El sistema de las universidades públicas evidencia que es un mini-cosmos que refleja las estructuras de la sociedad clasista actual. En lo económico opera como un mercado oligopólico, con nichos monopólicos. En lo político funciona como un sistema feudal y en lo ideológico se sostiene sobre un decálogo de preceptos, semejante al criticado por Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la Locura, que procuran blindar el status quo de críticas y procedimientos democráticos.

6. Fallas de origen: ejemplo UAM

Algunas de las fallas actuales más notorias son resultados de errores de construcción en la génesis de esas instituciones. Un ejemplo clásico de tal disfuncionalidad constitutiva es la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), que tiene seis rectorías con seis burocracias duplicadas: cinco rectorías en sus unidades de Xochimilco, Azcapotzalco, Iztapalapa, Cuajimalpa y Lerma, y una Rectoría General. La rectoría general, ubicada en un enorme edificio lujoso, es, esencialmente, un elefante blanco. No cumple ninguna función operativa o estratégica importante para la evolución de la institución o del país. Paralizada por una absurda Ley Orgánica, asfixiada por una burocratización kafkaeska, dotado de órganos “directivos” con eficiencias marginales (Junta Directiva, Patronato), sólo sirve para gastar valioso presupuesto, que podría utilizarse productivamente para ampliar la oferta educativa a la juventud. Otras instituciones de educación superior pública de reciente fundación sufren de semejantes fallas de origen.

7. Reservas productivas en la refundación: ejemplo UAM

El sistema educativo de México requiere, como es obvio, de una refundación del sistema, para lograr la calidad de socialización y profesionalización que alcanzó después de la Revolución Mexicana y que, junto con un desarrollismo adecuado, convirtió al país en un tigre asiático del hemisferio occidental, durante más de cuarenta años. Los beneficios de descubrir y aprovechar reservas productivas ocultas en tal refundación, puede ilustrarse con una hipotética ruta crítica para la UAM, como pars pro toto (ejemplo).

1. Se modifica la Ley Orgánica en el Congreso y se convierte cada Unidad actual en una universidad autónoma que recibe su presupuesto directamente de la Federación y responde ante el Congreso por su desempeño. 2. La Rectoría General se cancela como institución y en su edificio se establece una nueva universidad autónoma. El cambio de la logística respectiva probablemente no requeriría más de unos 10 millones de pesos, y se podría dar cabida a miles de estudiantes sin problema. 3. La UAM dispone de un edificio muy grande en Villa Coapa, que fue la tienda del sindicato y que hoy es un almacén. En este edificio se puede establecer una nueva universidad, que podría atender a unos 4000 estudiantes. El costo de la remodelación, probablemente no pasaría de los 10 millones de pesos. 4. La UAM tiene, desde hace muchos años, un edificio en comodato a dos cuadras de la Torre Latinoamericana (Calle Uruguay 25), que no se ha usado para nada. En este edificio de unos 2500 metros cuadrados, situado en el corazón histórico de la Ciudad, se podrían dar clases a miles de estudiantes de escasos ingresos, si se renovara. La renovación del edificio, evitando practicas ilegitimas, probablemente no costaría más de 25 millones de pesos. De esta manera, se crearía una tercera universidad nueva y todo esto, con una inversión inicial aproximada de unos 45 millones de pesos: una fracción mínima de lo que cuesta hoy día la Rectoría General.

8. Poder, Equipo, Paradigma

Para poder llevar a cabo una reforma educativa exitosa, hacen falta tres requisitos: a) suficiente poder del Estado; b) un equipo científico y estético vanguardista de conceptualización; c) un nuevo paradigma educativo para la sociedad digitalizada (G-5) del Siglo 21, basado en las determinantes reales y potenciales de la nación. Es evidente, que el Estado mexicano actual no tiene la fuerza que tenía el Estado mexicano que nació de la Constituyente de Querétaro; ni tampoco una vanguardia intelectual patriótica como la del Ateneo de la Juventud Mexicana o un paradigma formulado para el futuro posible del país, en el Siglo 21.

Los dos problemas más difíciles de resolver son el poder y la ausencia de una vanguardia patriótica de tipo vasconceliana. Karl Marx había sintetizado el problema de la transformación social magistralmente en su onceava y tercera Tesis sobre Feuerbach. La tercera tesis expresa el problema de la vanguardia ante la convencionalidad: ¿Quién educa a los educadores?, podría resumirse su esencia. Aplicado al problema actual significa: en un ambiente de convencionalidad y de intereses particulares, ¿Cuál puede ser la vanguardia que conceptualice el sistema educativo del futuro, evitando las fallas constitutivas de recientes fundaciones universitarias? Para resolver este problema estructural, el gobierno podría acudir a las reservas espirituales del mundo, para obtener una primera guía de orientación y comparación para la tarea nacional. Podría consultarle a distancia a eminentes científicos éticos sobre los aspectos constitutivos de la universidad del futuro y tener, de esta manera, un paradigma de acción.

9. Una Guía de Orientación

Un sondeo de opinión de este tipo podría hacerse fácilmente con los siguientes científicos eminentes: Noam Chomsky, “the father of modern linguistics”, Universidad de Arizona; Jack Szostak, Premio nobel de medicina; Paul Cockshott, el más destacado economista político contemporáneo, Universidad de Glasgow (ret.); Hu Angang, director del Centro para el Estudio de China, en la mejor universidad de China, Tsinghua University; Raimundo Franco, ex director del Instituto de Cibernética, Matemática y Física, La Habana; Carsten Stahmer, ex director de Input-Output Analysis, Oficina Federal de Estadística de Alemania; Alexander Sergeev, eminente físico y presidente de la Academia de Ciencias de Rusia; B.P. Pavlov, vicepresidente de la Sociedad Nanotecnológica de Rusia, entre otros. Se les consultará algunos parámetros claves de la excelencia y administración universitaria actual, como el tamaño óptimo de una universidad, las ciencias a priorizar, el sistema de liderazgo, los sistemas de evaluación para maestros, alumnos y burócratas, entre otras.

Conozco, o soy amigo de la mayoría de ellos, y estoy seguro que participarían en un breve sondeo de este tipo, por su vocación humanística. Si sirve para algo, estaría dispuesto a ayudar en establecer los contactos. Porque, parafraseando a “Pepe” Mujica, “este maravilloso pueblo mexicano” se merece volver a su época de oro.

Heinz Dieterich

Sociólogo, analista político, teórico marxista, asesor de Hugo Chávez, autor del “Socialismo del Siglo XXI” y más de 30 libros sobre la conflictos latinoamericanos. Nacido en Rotemburgo del Wumme, Alemania, y actualmente investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, en la Ciudad de México.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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