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¿Leemos menos o diferente? La transformación de los hábitos de lectura

La lectura ya no se limita a un libro físico o a un texto lineal en una computadora, sino que se desarrolla en plataformas digitales que facilitan la interacción con múltiples formatos.

  • Redacción AN / HG
23 Apr, 2026 07:30
¿Leemos menos o diferente? La transformación de los hábitos de lectura

Pepe Herrera. UNAM Global Revista

En la actualidad, los hábitos de lectura han experimentado transformaciones profundas impulsadas principalmente por el desarrollo de tecnologías digitales y nuevas formas de consumo de información. Lejos de desaparecer, la lectura se ha adaptado a los cambios sociales, culturales y tecnológicos, dando lugar a dinámicas que modifican tanto la manera en que leemos como los formatos que utilizamos.

La lectura no disminuye, sino que se transforma en prácticas más fragmentadas y diversificadas. Analizar estos cambios permite comprender mejor cómo las personas, especialmente las generaciones más jóvenes, se relacionan con el conocimiento en el siglo XXI.

De textos largos a lecturas breves

Uno de los cambios más notorios en los hábitos de lectura es la disminución de las sesiones prolongadas, explicó la Dra. Miriam Peña Pimentel, investigadora del Instituto de Investigaciones Bibliográficas (IIB-UNAM). Leer durante varias horas seguidas, como era común al abordar una novela de principio a fin, se ha vuelto cada vez menos frecuente, sobre todo entre los jóvenes.

En su lugar, predominan las llamadas “micro sesiones” de lectura, que duran entre cinco y diez minutos. Este fenómeno está estrechamente vinculado con el estilo de vida de los llamados nativos digitales, quienes han crecido en un entorno de constante conexión y acceso inmediato a la información.

A la par de este cambio en la duración de la lectura, el uso de dispositivos móviles como teléfonos inteligentes y tabletas ha influido significativamente en esta transformación. La lectura ya no se limita a un libro físico o a un texto lineal en una computadora, sino que se desarrolla en plataformas digitales que facilitan la interacción con múltiples formatos.

En este contexto, la lectura se vuelve fragmentada, ya que el usuario puede alternar fácilmente entre un texto, un video, un podcast o cualquier otro contenido multimedia con contenido textual. Esto no solo modifica la duración de la lectura, sino también la forma en que se procesa la información.

Derivado de lo anterior, Peña Pimentel señaló que una de las características principales de la lectura actual es el “escaneo” o lectura en diagonal. En lugar de leer de principio a fin, los lectores recorren el texto rápidamente en busca de información relevante y solo profundizan cuando encuentran algo que despierta su interés. Este tipo de lectura es común tanto en jóvenes como en personas que buscan información con fines específicos, como la investigación.

Entonces, ¿leemos menos o más?

A partir de estos cambios en las formas de lectura, surge una pregunta central: ¿realmente se lee menos en la actualidad? A pesar de estas transformaciones, la investigadora del IIB expresó que no se puede afirmar que la población haya dejado de leer, como infieren algunas instituciones, puesto que las métricas tradicionales para medir la lectura, como el número de libros leídos al año, resultan cada vez más limitadas.

 

De acuerdo con datos del INEGI, basados en los resultados del Módulo sobre Lectura 2025, el promedio de lectura en México va de aproximadamente un libro a cuatro al año, una cifra que cambia conforme al sector poblacional, siendo los jóvenes entre 12 a 24 años los más activos.

Sin embargo, este dato no contempla otras formas de consumo de contenido textual, como publicaciones en redes sociales, artículos digitales o textos integrados en contenidos audiovisuales. Por ejemplo, en este mismo módulo se dio a conocer que las páginas de Internet son el segundo material más leído en el país.

En este sentido, la Dra. Miriam destacó que es necesario replantear el concepto de lectura, ya que se ha ampliado considerablemente. Actualmente, leer no implica únicamente interactuar con un libro impreso, sino también consumir audiolibros, escuchar podcasts, ver reseñas o incluso interpretar contenido textual dentro de videos. Estas nuevas formas de acceso al conocimiento reflejan una diversificación en los hábitos de aprendizaje y consumo cultural, donde lo textual convive con lo auditivo y lo visual.

¿Qué es lo que más se lee?

Una vez entendido que la lectura se ha diversificado tanto en forma como en contenido, es posible analizar también qué es lo que se lee actualmente. En cuanto a las preferencias de lectura, estas varían según la edad. Los niños tienden a inclinarse por libros ilustrados con contenido educativo, mientras que los jóvenes prefieren la ficción en diferentes formatos, como novelas, cuentos y ciencia ficción.

En los últimos años, ha crecido notablemente el consumo de novelas gráficas, cómics y manga, influenciado en gran medida por la cultura asiática, especialmente japonesa y coreana. Este tipo de materiales combina elementos visuales y narrativos que resultan atractivos para las nuevas generaciones.

Por su parte, los adultos mayores suelen inclinarse hacia temas que estimulan la memoria, ofrecen consuelo emocional y permiten el aprendizaje continuo, siendo muy populares las novelas históricas, biografías, misterio, poesía y narrativa positiva.

El panorama de las bibliotecas en este contexto

Estos cambios en los hábitos de lectura también han impactado a las instituciones encargadas de preservar y difundir el conocimiento, como las bibliotecas. En este sentido, las bibliotecas también han evolucionado para adaptarse a los nuevos hábitos. Espacios como la Biblioteca Vasconcelos ilustran cómo estas instituciones han dejado de ser únicamente repositorios de libros para convertirse en centros culturales y sociales.

Hoy en día, muchas bibliotecas ofrecen acceso a materiales digitales, audiolibros, películas, música y espacios de convivencia, lo que las mantiene vigentes y atractivas para diversos públicos.

Además, ayudan en la búsqueda de fuentes confiables. Mientras que una búsqueda en internet puede arrojar millones de resultados, los catálogos de bibliotecas ofrecen contenidos previamente seleccionados y organizados, lo que facilita una búsqueda más precisa y de mayor calidad. Esto refuerza el papel de las bibliotecas como mediadoras del conocimiento en la era digital.

Por ello, la investigadora del IIB aunque en muchas ocasiones se habla de una posible extinción de estas instituciones, todo indica que no desaparecerán, sino que continuarán evolucionando. Su transformación en espacios sociales y culturales les ha permitido mantenerse vigentes, adaptándose a las necesidades de sus usuarios. No obstante, enfrentan retos importantes, como el acceso a libros electrónicos y la gestión de derechos de autor, así como la necesidad de incorporar tecnologías que permitan ofrecer experiencias más interactivas e inmersivas.

¿Cómo fomentar la lectura?

A partir de esta transformación de los hábitos de lectura, resulta fundamental analizar las estrategias necesarias para fomentar este hábito en los distintos grupos de la población. En el caso de la infancia, el papel de los padres es determinante, ya que son ellos quienes pueden generar un primer acercamiento entre los niños y los libros. Por ello, muchas estrategias están dirigidas no solo a los menores, sino también a sus familias, especialmente a través de programas escolares y actividades coordinadas con bibliotecas.

“Un ejemplo de ello es el programa Leo y Lea impulsado por la Biblioteca Nacional de México, el cual propone actividades lúdicas en las que los niños interactúan con materiales de lectura en un entorno guiado por especialistas. Este tipo de iniciativas permite que los más pequeños desarrollen el hábito lector de manera natural, asociando la lectura con el juego, el descubrimiento y el disfrute”, dijo la Dra. Miriam.

Por otro lado, en el caso de los jóvenes, las estrategias deben partir de un principio clave: conocer sus intereses. En lugar de imponer lecturas tradicionales, resulta más efectivo acercarlos a los contenidos que ya consumen, como el manga, los cómics o las novelas gráficas. A partir de ahí, se pueden desarrollar actividades como ferias especializadas o espacios de lectura que integren estos formatos.

Asimismo, el uso de plataformas digitales como Wattpad se ha convertido en una herramienta relevante para fomentar la lectura entre los jóvenes. Estas plataformas ofrecen acceso a una gran variedad de textos, muchos de ellos gratuitos, y permiten una interacción directa con los autores. De esta manera, la lectura digital no solo se presenta como una alternativa, sino también como un puente hacia otros tipos de literatura, incluyendo la tradicional en formato impreso.

En cuanto a la población adulta y, especialmente, a los adultos mayores, las estrategias deben centrarse en la alfabetización digital. Muchos de ellos enfrentan limitaciones tanto tecnológicas como de movilidad, por lo que es necesario ofrecer talleres y cursos que les permitan acceder a contenidos digitales, como periódicos en línea o plataformas de lectura. De esta forma, se amplían sus posibilidades de acceso al conocimiento y se promueve la continuidad del hábito lector en esta etapa de la vida.

Leer: un hábito que evoluciona

En conjunto, todos estos cambios muestran que la lectura sigue siendo una práctica fundamental en la sociedad contemporánea, aunque ha cambiado en sus formas y medios.

Leer ya no implica únicamente recorrer las páginas de un libro impreso, sino también interactuar con una diversidad de formatos y plataformas. Las nuevas generaciones no han dejado de leer; simplemente lo hacen de manera distinta, demostrando que la lectura, lejos de desaparecer, continúa adaptándose a los tiempos y ampliando sus posibilidades como herramienta de conocimiento.

Estos cambios plantean la necesidad de replantear qué entendemos por leer y cómo se mide este hábito. Comprender esta evolución es fundamental para diseñar estrategias que fomenten la lectura en un mundo cada vez más digital y dinámico.

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