‘Feminicidios, final extremo de la cultura de la violencia contra la mujer’: Gabriela Jauregui
La escritora edita y coordina ‘Tsunami’, un libro donde autoras como Daniela Rea, Cristina Rivera Garza y Margo Glantz, reflexionan sobre la condición de la mujer.
(Sexto Piso).

Por Héctor González

Con el fin de explorar las distintas facetas de ser mujer, la escritora Gabriela Jauregui invitó a Brenda Lozano, Cristina Rivera de la Garza, Daniela Rea, Diana J. Torres,  Jimena González, Margo Glantz, Sara Uribe, Verónica Gerber, Vivian Abenshushan, Yasnaya Elena A. Gil y a Yolanda Segura, para sumarse a la alineación de Tsunami (Sexto Piso), un libro que revisa y reflexiona sobre los rezagos en el tema de la equidad de género, así como de las implicaciones del feminismo en la época de movimientos como #MeToo o #VivasNosQueremos.

¿Cómo nace esta antología?

Nace una necesidad por crear un espacio para leer más allá de la inmediatez de las redes sociales. La conversación en torno al tema de género no estaba encontrando el espacio de reflexión adecuado en términos de tiempo y apertura. Quería invitar a mujeres que se dedican a distintas cosas y cuyas posiciones me interesan.

En los últimos meses y a partir de movimientos como #MeToo o #VivasNosQueremos, el feminismo se reforzó.

Es verdad, desgraciadamente este segundo aire no fue por cosas positivas, sino por la denuncia de violencia u acoso. En el caso de México específicamente, matan entre 6 y 7 mujeres al día, es una violencia espeluznante.

Los pendientes en términos de política de género, ¿los ubicas en el combate a los feminicidios?

Sí, es el foco más urgente de atender. Además, es algo relacionado con los continuos hallazgos de fosas, la impunidad, la corrupción y el Narco Estado en que vivimos. Los feminicidios son el final más extremo de una cultura de violencia contra la mujer, una cultura que empieza con el acoso y puede terminar en el crimen.

Una cultura que tiene muchos ingredientes que pasan desapercibidos.

Sin duda y muchas parecen nimiedades. Pero en su conjunto son parte de algo mucho más grande. Son síntomas de una enfermedad más grave. Las manoseadas en el metro o la inequidad en los sueldos son pequeños rasgos de una enfermedad que en su expresión más delicada se convierte en feminicidio. Es algo que incluso las mismas mujeres tenemos muy interiorizado.

Hace unos meses Lydia Cacho publicó #EllosHablan, un libro donde hace partícipes a los hombres de este diálogo.

Es algo esencial. Hay momentos en donde las mujeres debemos estar platicando entre nosotras, pero como el tema tiene que ver con el machismo, también atañe a los hombres de la manera más profunda. Los feminicidios no es un problema de mujeres matándonos entre nosotras, sino de varones. El tema de la masculinidad es muy complejo. No creo que todos los hombres sean unos hijos de la fregada. La mayoría de las personas queremos hacer el bien, simplemente a los hombres se les ha permitido hacer ciertas cosas que incluso ellos mismos cuestionan. A la vez siento que desde el machismo se les ha oprimido en muchos sentidos. Hay distintos momentos de esta conversación, pero creo que coincidimos en la urgencia de resolver este problema.

¿En este diálogo en donde entran las posturas radicales?

Son radicalidades diferentes y es importante recalcarlo. El machismo radical es el feminicidio. En cambio, el radicalismo dentro del feminismo lo integran mujeres que han vivido violencia a manos de los hombres y que no quieren saber nada de ellos. Se hacen llamar separatistas e incluso ellas no tienen una expresión tan violenta como la de un machín que golpea a su hija o mata a una adolescente.

¿Un cambio en este sentido atraviesa por la familia y la política pública?

Pasa por todos lados. Si no hay un cambio desde la familia no podremos hablar una transformación verdadera. Las cosas cuando vienen desde arriba suelen ser imposiciones, en cambio cuando surgen desde abajo tienen un efecto a largo plazo. Necesitamos empezar desde lo chico hasta lo grande. Necesitamos empezar desde la mesa donde comemos en casa.

Es curioso que libros como Tsunami, se publiquen en un momento donde el conservadurismo se refuerza tanto en lo social como en lo político.

Me encantaría que no fuera necesario decir estas cosas, pero la coyuntura nos indica lo contrario. Es momento para ocuparnos, más que de preocuparnos. Necesitamos organizarnos para contrarrestar radicalismos como los de Trump o Bolsonaro.

¿Cómo percibes al próximo gobierno en este sentido?

Veo una voluntad de buscar paridad en temas como la permisibilidad para que las mujeres tengan derecho a decidir sobre su propio cuerpo. Tener una mujer como Olga Sánchez Cordero en la Secretaría de Gobernación me parece increíble, pero también me parece necesario que como sociedad seamos vigilantes de lo que viene.

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