‘La radicalidad literaria consiste en escribir lo que uno quiere’: Cristina Morales
La narradora española presenta ‘Lectura fácil’, la novela con raíz anarquista que ganó el Premio Herralde.
(Redacción AN/Anagrama).

Por Héctor González

Nati, Patri, Marga y Àngels, son cuatro mujeres que se rebelan desde la periferia y la marginalidad. Cada una sostiene una conducta subversiva ante lo se supone “deben ser”. Las cuatro también son las protagonistas de Lectura fácil (Anagrama), la novela con que la narradora española Cristina Morales (Granada, 1985) irrumpió en el escenario literario en castellano.

Escrita desde la radicalidad y el anarquismo, la obra ganadora del Premio Herralde, tiene como premisa cuestionar todo lo que consideramos normal.

¿De qué manera te ha impactado el Premio Herralde?

En principio hubo una sorpresa de orden literario. Antes de ser publicada por Anagrama otra editorial censuró la novela. A punto de salir a imprenta me pidieron que retirara el capítulo dedicado al fanzine. No acepté porque para mí es una parte central del libro. El premio me ayudó a recuperar la fe en la obra. En un orden personal, supuso un cambio radical porque me permitió pagar el alquiler. Hasta hace poco vivía en espacios ocupados y dependía de otras actividades de supervivencia como el reciclaje de alimentos. Ahora tengo cierta relajación en ese sentido.

¿Qué editorial te censuró y por qué?

No te lo debería decir, pero bueno, fue Seix Barral. Las razones de la censura eran muchas y variadas, entre ellas el miedo a represalias legales por parte de los personajes que aparecen publicados con nombre y apellido.

Lo cierto es que la novela tiene algo de explosivo.

Puede ser. La escribí con profunda naturalidad y con plena conciencia de libertad. Quizá cuando uno se toma la libertad en serio y deja de autocensurarse sucede esto.

¿Qué es tomarse en serio la libertad?

Tomarse en serio la libertad es asumir la soledad ante la pantalla y reconocer que nadie te controla. Luego vienen los editores y aquellas autoridades con el poder de cambiar el texto. Estamos tan acostumbrados a estar presos en tantos ámbitos de la vida, que es difícil reconocer cuando uno es genuinamente libre.

¿Cómo decides contar la historia a partir de cuatro mujeres arquetípicas?

La idea proviene de un performance que vi en Barcelona. Desde un balcón unas mujeres contemplaban la escena y me parecieron el ejemplo paradigmático de un público insumiso. La mayor parte del público español es bastante condescendiente, por eso aquellas mujeres me llamaron tanto la atención.

La novela tiene algo de performance…

Sí, me ha pasado en otros textos, sobre todo en las partes alusivas a la danza. Además de escritora soy bailarina, incluso con mi compañía llevamos a escena una secuencia de la novela ejecutada por el personaje de ‘Marga’.

‘Marga’, precisamente uno de tus personajes más subversivos…

La subversión de ‘Marga’ es natural. No pasa por la politización natural de las lecturas, la asamblea, el activismo o la militancia. Una de las puntas de lanza de la novela es la tesis de que la discapacidad intelectual no existe, simplemente existen formas de expresión al margen de la normalidad. Su subversión no pasa por procedimientos teóricos.

Una de las lecturas realizadas por la crítica acerca de tu libro, lo vincula al activismo con perspectiva de género.

Entiendo que se pueda leer así, pero como escritora no trabajo la perspectiva de género por norma. Supongo que sale de manera natural en mis decisiones literarias. Soy muy crítica con el feminismo institucionalizado. La filósofa boliviana María Galindo usa el término tecnocracia de género para advertir el interés por cooptar movimientos emancipatorios desde el poder a fin de integrarlos a su sistema de opresión. A mí ya me cansa la literatura o la crítica ginecológica.

¿A qué te refieres?

A aquella que agrupa mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Esto sería impensable entre los hombres; las mujeres todavía estamos desposeídas de la posibilidad de discusión y de ser críticas entre nosotras.

Esta idea es la columna de un personaje como ‘Naty’…

Justo. ‘Naty’ fue la primera de estas mujeres en nacer. Al principio pensaba sostener la novela en su voz, pero después me pareció importante añadir otras personalidades. Mi idea original era usarla para extender el discurso radical de la novela.

¿En qué consiste ser radical?

Me imagino que será diferente en cada caso. Cuando Julia Roberts va a Cannes con zapatos planos fue algo revolucionario para la elite. Desde luego yo no practico el mismo feminismo que ella e incluso a mí me puede dar risa, pero al mismo tiempo puedo entender que para su contexto puede ser radical.

¿En qué consiste tu radicalidad?

Podría empezar por atentar contra la propiedad privada o no dar dos besos sistemáticamente al hombre; por reventar puertas de casas desocupadas; o reciclar comida que recién se tiró. En el ámbito literario puede ser radical escribir lo que uno quiere.

Lectura fácil tiene algo de anarquista, ¿no?

Me gusta el vínculo. Yo procedo de esos ámbitos en Barcelona y creo que la anarquía brinda la única respuesta a ‘Marga’, cuando se quiere liberar de los sometimientos del piso tutelado en donde vive. El otro día en Montevideo, me decían que es difícil aplicar códigos anarquistas dentro del capitalismo. Yo creo que sí podríamos tener prácticas anarquizantes en el día a día. Me gustaría que la novela fuera leída como una herramienta para ello.

¿Qué tipo de herramienta puede ser ante la realidad española?

Históricamente Cataluña ha tenido una red importante de pensamiento anarquista. Engels llegó a escribir: ‘con los anarquistas de Barcelona y Alicante no se puede por su radicalidad’. Me gusta proceder del árbol de la negación sistemática al liderazgo. El movimiento independentista ha cooptado a integrantes del movimiento. Algunos ven necesario dejar la propuesta anarquista ante el llamado histórico. Esto ya lo vimos durante el franquismo y me entristece. Aún así las prácticas sobreviven y procuro usarlas en mí día a día. Al final de lo que tratan es de proponer formas al margen del dinero, de acceder a la vivienda, al alimento, de amarnos.

Te decepcionó la democracia.

No me decepcionó porque nunca le tuve fe. No me gusta que se coopten a mis colegas para venderles el momento histórico, cuando la realidad es que sigue siendo el mismo sistema capitalista. El movimiento independentista tiene la misma estructura jerárquica o militar, de aquellos a los que critican. Al final todos van por un sillón en el Parlamento.

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