opinión*
¿Permite el actual sistema electoral reflejar la pluralidad en el Congreso?
por Rogelio Muñiz Toledo
Diego Simón / Cuartoscuro / Archivo

La sobrerrepresentación de las mayorías

Rogelio Muñiz Toledo

Allí donde los factores socioculturales no (o ya no) permiten esperar que el sistema electoral cumpla las funciones que se le habían asignado es posible que se trate de ajustar mejor las expectativas funcionales por medio de una reforma del sistema electoral.  Dieter Nohlen*

Las impugnaciones a la asignación de los diputados federales y locales de representación proporcional y el debate de sus efectos sobre la conformación de las mayorías en los congresos, evidencian la necesidad de revisar si el sistema electoral sigue cumpliendo con las expectativas que se tienen sobre su función: convertir los votos en escaños y reflejar la pluralidad en el Legislativo, con las menores distorsiones a la proporcionalidad entre los porcentajes de votación y de curules.

Los sistemas electorales mayoritarios tiene un efecto desproporcional en perjuicio de los partidos minoritarios. Con la finalidad de moderar este efecto, en 1963 se creó en México la figura de los diputados de partido, como un medio complementario para el ingreso de las minorías a la Cámara. Fue un pequeño avance, al que el límite de veinte curules por partido -que se aumentó a veinticinco en 1972- hizo poco eficaz.

Para facilitar el acceso de las minorías al Legislativo y disminuir la excesiva sobrerrepresentación del partido hegemónico, en 1977 se sustituyó el sistema electoral mayoritario por uno mixto y se estableció la figura de los diputados de representación proporcional, al tiempo que se garantizaba la mayoría al partido hegemónico, porque la proporción entre el número de diputados de mayoría y los asignados a las minorías, siempre fue favorable a la conformación de una mayoría estable en el Legislativo, sin necesidad de otorgar diputados de representación proporcional al partido mayoritario.

En 1986, cuando el sistema de partido hegemónico comenzó a quebrarse, se realizó una reforma para que el partido mayoritario tuviera acceso a los diputados de representación proporcional, lo cual sucedió por primera vez en 1988; al PRI se le asignaron suficientes para que tuviera la mayoría absoluta en la Cámara, que no había obtenido con sus triunfos de mayoría.

Como una reacción a la debacle del PRI en la elección de 1988, en 1990 se creó la “cláusula de gobernabilidad” que le garantizaba al partido hegemónico la mayoría absoluta en la Cámara, con solo obtener el 35 por ciento de la votación y la mayoría de los diputados por la vía uninominal, mediante la asignación de diputados de representación proporcional. Esta perversión del sistema electoral, que se replicó en las entidades federativas, se eliminó a nivel federal en 1993 y finalmente dio paso, en 1996, al límite a la sobrerrepresentación que aún está vigente y que permite que un partido tenga un número de diputados que represente un porcentaje del total de la Cámara que exceda hasta en ocho puntos a su porcentaje de votación.

En elecciones pasadas, los partidos mayoritarios alcanzaron porcentajes de curules superiores a sus porcentajes de votación mediante la aplicación de este límite, lo que no sucedió en la elección federal, en 2018. MORENA, con el 41.33% de la Votación Nacional Emitida, obtuvo 191 diputados (106 de mayoría y 85 de representación proporcional), lo que representa el 38.2% de la Cámara. Pero en la integración inicial de su Grupo Parlamentario, MORENA registró 247 diputados con la incorporación de legisladores del PES y del PT, y al 13 de septiembre ya contaba con 255, algunos de ellos provenientes de un partido que no fue parte de la coalición electoral Juntos Haremos Historia, el PVEM, lo que le permitió alcanzar la mayoría absoluta en la Cámara y le garantizó presidir la Junta de Coordinación Política durante toda la Legislatura.

El derecho de los legisladores a integrar grupos parlamentarios y a adscribirse al que ellos decidan es inherente al cargo y, en ese sentido, el cambio de grupo parlamentario, en cualquier momento, no debe estar limitado por la ley; sin embargo, algo está fallando en el sistema electoral y en las normas para la integración de los órganos de gobierno y de coordinación política de los congresos, cuando es necesario recurrir a prácticas parlamentarias muy utilizadas en el régimen anterior, pero cuestionables, para alcanzar la mayoría con la finalidad de lograr objetivos políticos de coyuntura, sin que medien acuerdos parlamentarios sustentados en agendas legislativas comunes, que justifiquen los cambios en la integración de los grupos.

Sería conveniente revisar algunos elementos del sistema electoral: el límite a la sobrerrepresentación; la pertenencia de los diputados de mayoría a los partidos integrantes de las coaliciones, para efectos de la asignación de los de representación proporcional, y la fórmula de “proporcionalidad pura”, para que su aplicación tienda realmente a la mayor proporcionalidad posible; así como las reglas para el gobierno interior de los congresos: el acceso efectivo de las minorías a los órganos de gobierno y coordinación política, la existencia de grupos parlamentarios no partidistas y la figura de las coaliciones parlamentarias.

*Politólogo alemán. Especialista en sistemas electorales

Rogelio Muñiz Toledo

Licenciado en derecho por la UNAM, donde recibió la Medalla Gabino Barreda al mérito universitario. Abogado y consultor en derecho constitucional y electoral. Socio de la empresa de consultoría Consultores en Gobierno y Asuntos Públicos, S.C. Ha sido asesor en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México; integrante de la comisión ejecutiva y secretario ejecutivo del Grupo redactor del proyecto de Constitución Política de la Ciudad de México; asesor externo ad honorem del Jefe de Gobierno del Distrito Federal en materia de Reforma Política de la Ciudad de México; asesor en el Senado de la República, asesor del presidente de la Comisión de Fiscalización del IEDF e integrante del Servicio Profesional Electoral en el IFE.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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