‘Daniel Ortega es un traidor de su propia historia’: Eric Nepomuceno
El escritor brasileño publica el libro de cuentos ‘Las tres estaciones’.
(Eric Nepomuceno/Almadía-Paula Johas)

Acerca de la literatura del brasileño Eric Nepomuceno (1948), una vez dijo Gabriel García Márquez, “parece un milagro disfrutar tanto de historias que terminan tan mal”. Lo cierto es que al narrador si algo le ocupa es crear historias creíbles y que reflejen la realidad, herencia probablemente de su trabajo como periodista. Bueno, de eso y de su visión crítica acerca de su país y de América Latina, región a la que describe en cuestión de segundos. “En las últimas décadas hemos vivido tiempos de cambio importantes y positivos, aunque insuficientes. Sin embargo, recientemente hemos retrocedido”

Dedica el libro a Eduardo Galeano. ¿Por qué?

Diría que Eduardo fue una especie de hermano mayor. Me hubiera gustado que leyera mi última traducción de sus cuentos, pero no se pudo por eso se lo dediqué.

Aunque literariamente son más opuestos que cercanos.

Cierto, podríamos coincidir en los temas, pero no en las formas. Su influencia iba más por su implicación política. Mi escuela literaria va más por el lado de Hemingway o Raymond Carver. Donde sí había una convergencia era en el uso de la memoria como recurso.

¿De ahí vienen sus historias?

Las historias no se construyen, se gestan solas. Hay que convivir con los personajes hasta el buen día en que ya están listos para llegar al papel. Al menos así trabajo con mi literatura de ficción. Hay que convivir con los cuentos hasta que nacen, pueden tardar meses o años. No tengo una manera lineal de escribir.

¿No ha desarrollado entonces una teoría del cuento?

No. Hay autores que tienen una capacidad magistral para explicar sus relatos. Cortázar decía que el cuento es un retrato y la novela, una película. Para Ricardo Piglia el cuento es una pared de concreto, mientras que en la novela todo lo vas creando ladrillo a ladrillo. Cuando escribo pongo mucha dedicación en buscar una atmósfera que convenza al lector de que lo que lee es verdad. Trato de ofrecer historias con personajes creíbles y donde lo dicho tenga el mismo peso que lo no dicho.

¿De dónde vienen sus finales descarnados e incluso desesperanzados? ¿Así ve la vida?

No, yo no soy para nada desesperanzado. La vida es ambivalente e irregular. Si fuera en línea recta todo sería muy aburrido. No me gusta hacer referencias claras a ciudades ni nombrar a los personajes porque prefiero que el lector lo haga.  Mi preocupación consiste en ser conciso, en no hacer una literatura farragosa.

Me llama la atención que usted o Rubem Fonseca son autores que no se ablandan con el tiempo.

Vuelvo al asunto de ser conciso. No hay que adornar de más. La naturaleza tiene su propio perfume, no es necesario añadirle más. Ahí es donde está mi esfuerzo.

¿Cuál es su relación con la violencia como parte de la condición humana?

En mi libro anterior, Bangladesh hay más violencia dura. Ahora la trato como parte de la propia vida. La realidad es que pienso y teorizo poco sobre lo que he escrito. La violencia es parte del mundo y de lo que he vivido, sobre todo en países como los nuestros. No es un tema que yo haya buscado, simplemente es reflejo de lo que vemos todo el tiempo.

¿El hombre es violento por naturaleza?

Más bien creo que es parte del ser humano. No lo sé… quizá sí lo sea. El Hombre tiene rabia, envidia, pero a la vez sentimientos hermosos. El mundo en sí es violento.

Usted ha recorrido América Latina, donde en los últimos meses se han visto cambios radicales.

En las últimas décadas hemos vivido tiempos de cambio importantes y positivos, aunque insuficientes. Sin embargo, recientemente hemos retrocedido. En Brasil tuvimos un golpe de Estado institucional que llevó a Michel Temer al poder. En Argentina eligieron a Mauricio Macri y si bien está destrozando a la economía de su país, la realidad es que la gente votó por él. Chile y Colombia abrieron la puerta a la derecha. El escenario es desalentador. En México el panorama es otro. Andrés Manuel López Obrador enfrentará una tarea muy difícil, pero supongo que con la mayoría en el Congreso, podrá devolverles la esperanza a los mexicanos. En mi país no veo a mediano plazo algo similar.  El cuadro para Brasil es muy feo.

En este recorrido habló del viraje a la derecha de varios países, pero ¿dónde dejamos a la izquierda latinoamericana y lo que sucede en Venezuela o Nicaragüa?

Vamos por partes. Venezuela enfrenta un problema de incapacidad, manipulación política y de presión interna y externa. Lo que sucede en Nicaragüa es una traición innombrable. Salieron de una revolución que costó muchas vidas, encabezada por Daniel Ortega, quien ahora pretende instalar una nueva dinastía. Daniel Ortega es un traidor de su propia historia, de su gente. No se trata de un problema de izquierda o derecha.

¿Cuál es la izquierda ideal para usted?

No existen ni la izquierda o derecha ideal. El mejor sistema es aquel que logra avances sociales y disminuye la desigualdad en democracia y libertad.

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