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Las colecciones Gelman | Texto por Héctor Tajonar

Jacques y Natasha Gelman se conocieron y casaron en México en 1941. Él produjo 39 películas de Cantinflas e hizo una gran fortuna; ello les permitió crear tres extraordinarias colecciones de arte.

  • Héctor Tajonar
22 Apr, 2026 22:08
Las colecciones Gelman | Texto por Héctor Tajonar
Foto: Banco Santander

Por Héctor Tajonar.

En medio de las turbiedades de la política interior y exterior se ha desatado una sana polémica en torno a la defensa del patrimonio artístico de la nación. Después de 18 años de ausencia, una de las colecciones Gelman se exhibe en el Museo de Arte Moderno (MAM) con éxito inusitado.

Jacques y Natasha Gelman se conocieron y casaron en México en 1941. Él produjo 39 películas de Cantinflas e hizo una gran fortuna; ello les permitió crear tres extraordinarias colecciones de arte.

Mencionaré brevemente dos de ellas, para poner en contexto el análisis de la de arte mexicano moderno, envuelta en una controversia que debe ser aclarada puntualmente por las partes involucradas y resuelta con sensatez y respeto al patrimonio cultural de México, de acuerdo con las leyes que lo protegen.

La primera colección de los Gelman está conformada por ochenta y un obras realizadas por treinta grandes maestros europeos del siglo XX, especialmente de la Escuela de París, entre los que destacan: Bonnard, Braque, Léger, Dalí, Dubuffet, Klee, Matisse, Miró y Picasso. El excelso acervo fue donado (bequeathed) por los Gelman al Metropolitan Museum of Art de Nueva York tras la muerte de Natascha, en 1998, y se exhibe en una sala permanente que lleva el nombre de los coleccionistas.

Al legado artístico se sumó un fideicomiso (endowment) para financiar a perpetuidad el mantenimiento de la colección. Al momento de recibirlo, el acervo obsequiado por los Gelman representó el mayor recibido por el Metropolitan hasta esa fecha. (Metropolitan Museum of Art, Modern Art Index Project)

Este es un caso paradigmático del mecenazgo contemporáneo; en él confluyen tres elementos fundamentales: El rigor y la generosidad de los coleccionistas, la seriedad y prestigio de la institución museística, así como la absoluta confianza entre ambos.

De la segunda colección, consagrada al arte precolombino, se sabe muy poco y no se habla de ella. Desconocemos su contenido y su paradero; no hay información acera del número de piezas que la conforman, ni de sus características y procedencia.

En una entrevista realizada en 1991, Natasha Gelman narró su interés por la escultura prehispánica y sus viajes frecuentes “a zonas arqueológicas, a la selva lacandona, a todos lados” para comprar piezas que no eran del gusto de su marido quien le pedía que las guardara en la lavandería. Un día, mientras Jacques filmaba una película, Natasha decidió construir una casa en Acapulco y diseñar “una sala muy grande, toda pintada de azul añil, con puros nichos iluminados con focos amarillos” para colocar ahí sus esculturas precolombinas. Invitado a una fiesta, el gran museógrafo Fernando Gamboa vio las obras y, sorprendido, le dijo a su anfitrión: “Pero Jacques, nunca me dijiste que coleccionabas arte prehispánico, ¡y mira nomás qué piezas, qué bárbaro!” (Silvia Navarrete, “Natasha Gelman…”, Milenio, 20/03/2026).

Es inexplicable que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que siempre ha sido celoso guardián del legado prehispánico, no haya informado nada acerca de este acervo. ¿Por qué lo oculta? La ley obliga al propietario de una obra precolombina a informarlo al Instituto. ¿No lo hizo la coleccionista por temor a que le expropiaran el acervo? (Sé de primera fuente que el presidente Luis Echeverría intentó sin éxito expropiar la colección de Jacqueline y Josué Sáenz, hoy exhibida en el Museo Amparo de Puebla).

En cualquier caso, es inconcebible que el INAH no se haya enterado de su existencia y que hasta la fecha no haya informado nada al respecto. Se trata de otro de los misterios sin resolver o de los secretos mejor guardados de la intrincada historia de las colecciones Gelman y personas que las rodean.

EL ARTE DE OCULTAR

La opacidad es precisamente la causa que dio lugar a la controversia en torno a la tercera colección de los Gelman, hoy llamada Gelman Santander, compuesta por 160 obras fundamentales del arte moderno mexicano. En el MAM se exhiben 68; de ellas 27 cuentan con Declaratoria de Monumento Artístico. Eso significa que dichas piezas están sujetas a una serie de condiciones para salir de México de manera temporal, previa autorización escrita del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), conforme a lo establecido en la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos (LFMZAAH).

Las ambigüedades, ocultamientos y contradicciones de la información emitida por las autoridades culturales mexicanas, así como por funcionarios de Banca Santander han propiciado justificadas dudas, suspicacias y reclamos de la comunidad cultural. Por su precisión y apasionada defensa del patrimonio artístico, los análisis de Adriana Malvido publicados en El Universal han llevado la voz cantante del debate. Me sumo a su entusiasmo crítico.

Apenas a principios de este año nos hemos enterado de que la colección Gelman fue comprada por la familia Zambrano de Monterrey en 2023. La noticia no la dieron las autoridades culturales sino un comunicado publicado por la Fundación Santander (FS) el 21 de enero de 2026. También se informa que dicha fundación ‘gestionará’ la colección, de acuerdo con los nuevos dueños del acervo.

Asimismo, FS informa que la colección Gelman Santander será exhibida en el Centro Cultural El Faro (CCEF), próximo a inaugurase en el edificio Pereda de la capital de Cantabria, sede del consorcio financiero desde 1923, que ha sido renovado por el arquitecto David Chipperfield, Premio Pritzker 2023. El Faro albergará también la Colección Banco Santander que incluye más de mil obras de pintura, escultura, dibujo y artes decorativas que abarcan desde el siglo III a. C. hasta el presente. Ambas colecciones serán el atractivo principal del CCEF.
https://www.fundacionbancosantander.com/es/faro-santander/faro-santander—que-es-

Durante tres años, las autoridades culturales de México ocultaron la compra venta de la colección Gelman, así como las condiciones en que se realizó dicha operación financiera. Incluso, cuando en noviembre de 2024 una subasta de Sotheby´s Nueva York ofertó 36 obras pertenecientes a la colección Gelman y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL) intervino para frenar la venta de las piezas que contaban con Declaratoria de Monumento Artístico; no se reveló el nombre del nuevo propietario del acervo, Manuel Zambrano Alanís.

También se ocultó que la subasta se realizó con el propósito de cubrir los intereses de la deuda contraída por Zambrano con la casa subastadora para financiar la compra de la colección Gelman, así como el papel de Santander en el asunto. (Mario Maldonado aludió a ello en su artículo de El Universal del 31/03/2026).

Cuando subió de intensidad la controversia acerca de los alcances de la “gestoría” de Fundación Santander sobre la colección Gelman, así como de las fechas del regreso a México de las obras de Frida Kahlo y otras declaradas monumento artístico, FS emitió una nota informativa difundida el 3 de abril, en la que reitera que el convenio de colaboración firmado con el INBAL y los coleccionistas privados no implica cambio de propiedad de las obras ni su traslado definitivo fuera de México, además de enfatizar su compromiso de cumplir lo establecido en la legislación mexicana en materia de patrimonio artístico.

Una semana después, el 10 de abril, la revista digital española ARTEINFORMADO publicó una amplia y rigurosa investigación acerca de los avatares por los que ha pasado la colección Gelman hasta llegar a su nueva etapa, que en su nuevo nombre lleva su probable destino: Colección Gelman Santander. Suena más a posesión que a gestoría.

El título del artículo es devastador: “La Colección Gelman: una estratagema legal y financiera para despojar a un pueblo de su patrimonio.”

La gran revelación que constituye el fondo del análisis es que Santander no es sólo el ‘gestor’ de la colección hoy llamada Gelman Santander sino también el acreedor del señor Zambrano, que sigue siendo el propietario del acervo. “Es este último detalle lo que pone la colección en riesgo al ser esta la garantía de la deuda que Zambrano tiene con el Banco Santander.”

“¿Qué ocurre si Zambrano deja de pagar el préstamo al Banco Santander?” ARTE INFORMADO responde con una recomendación: “Las obras no deben irse de México sin que el gobierno de Sheinbaum revise el contrato legal entre el Banco Santander y Zambrano mismo que implica a la jurisdicción mexicana, española y estadounidense.”

Sin duda, el riego es mayúsculo. No obstante, pienso que existe la posibilidad de llegar a un acuerdo justo y sensato en el marco de la relación de cordialidad y respeto entre la presidenta Claudia Sheinbaum y Ana Botín, presidenta de Banco Santander, quienes se reunieron el pasado 17 de febrero en Palacio Nacional.

Ambas conocen la importancia recíproca de sus respectivas responsabilidades. Santander es el tercer banco más grande de México y, a su vez, dicha presencia en el país representa la tercera fuente de ingresos del consorcio financiero hispano, después de las utilidades generadas en España y Brasil.

Espero que prevalezca el recto juicio y la buena voluntad para respetar el valor de la Colección Gelman Santander como parte invaluable e intransferible del patrimonio cultural de México.

La protección del patrimonio artístico es una prioridad en España, como lo muestra la reciente exposición del retrato La marquesa de Santa Cruz, de Francisco de Goya, en el Museo del Prado para conmemorar la recuperación de ese óleo, en 1986, que “cambió la defensa del patrimonio en España”.
https://arsmagazine.com/el-goya-que-cambio-la-defensa-del-patrimonio-en-espana/

(Para no abrumar al lector no aludiré a los hechos ocurridos entre el fallecimiento de Jacques Gelman, ocurrido en 1986, y la inauguración de la exposición de la colección Gelman Santander en el MAM. Remito al interesado a la mejor investigación periodística que conozco sobre el tema: Judith Alanís, ‘La colección Gelman: el tesoro que México simplemente la dejó ir’, publicada en Gatopardo, 12/05/2025).

Natasha Gelman no donó su colección a México. En su testamento estableció que su colección permaneciera en el país para ser exhibida en un museo privado (no público). Acaso con su acervo de arte moderno mexicano no existió la confianza entre coleccionistas e instituciones culturales para llegar a un acuerdo, como sí la hubo en el caso de la donación de su colección de arte europeo al Metropolitan de Nueva York.

EPÍLOGO NO EXCENTO DE NOSTALGIA

La exposición del MAM recibe al visitante con el Retrato de Natasha Gelman, realizado por Diego Rivera en 1943. Con la compra de este lienzo, ese año nació la colección hoy llamada Gelman Santander. La pintura de Natasha es uno de los retratos más bellos de Rivera, así como del arte mexicano. La figura femenina está reclinada sobre un sofá acompañada por alcatraces; la armónica composición integra un sutil erotismo de la dama y las flores. La mujer porta un vestido largo blanco que realza la perfección de las piernas en toda su longitud, descubiertas desde las rodillas; un discreto escote destaca la delicada proporción del talle, el busto y los brazos. La sensualidad y hermosura de este lienzo es superior al de los retratos de María Félix y Silvia Pinal, pintados por el propio Diego. El Retrato de Natasha pertenece a la estirpe de las Venus de Tiziano.

(Foto 1. Retrato de Natasha, Diego Rivera.)

La exposición incluye otros tres espléndidos retratos de la coleccionista. El pintado por Frida Kahlo es hiperrealista y de impecable factura; el de Rufino Tamayo es único dentro de su producción y transmite un naturalismo fantasmal por la mirada blanca de Natasha; en tanto que el óleo de Siqueiros realza la expresión firme de la señora Gelman. De las 68 obras exhibidas en el MAM, 27 cuentan con declaratoria de Monumento Artístico.

Entre ellas destacan diez óleos de Frida, me detengo en cuatro. Diego en mi pensamiento (1943) es una cumbre de sus autorretratos debido a la excelencia pictórica con la que se muestra portando un espectacular vestido de tehuana blanco con listones rosas que le cubre los hombros y el cuello para enmarcar el óvalo perfecto de su cara. El pelo está coronado por un arreglo floral del que surgen raíces que se extienden por toda la composición, como si quisieran atrapar a Diego, cuyo rostro está grabado en la frente y el corazón herido de la artista.

Símbolo de la sexualidad, los monos eran las mascotas preferidas Frida. En Retrato con monos (1943) el erotismo del óleo se enfatiza con el fondo vegetal formado por hojas elegantes y un ave del paraíso.

(Fotos 2 y 3 Incluir imagen de los dos cuadros juntos: Diego en mi pensamiento y Retrato con mono, ambos de Frida Kahlo).

El óleo titulado El abrazo de amor del Universo, la Tierra (México), Yo, Diego y el Señor Xólotol (1949) es una impresionante confluencia de la cosmovisión y la angustia existencial de Frida derivada de su deseo de poseer a Diego como si fuera su hijo. Frida está en brazos de la madre Tierra representada como una escultura prehispánica con el pecho fracturado, de cuyo seno brota una gota de leche; está rodeada de cactáceas erotizadas. A su vez, la figura maternal es abrazada por el universo representado por una mujer, mitad día y mitad noche. Frida carga a un robusto Diego bebé cuyo rostro tiene un tercer ojo, símbolo de la sabiduría; en sus manos sostiene a la llama del amor. Xólotl, su perro xoloitzscuintle, descansa a sus pies. Del pecho de una Frida absorta y degollada brota sangre, no leche.

(Foto 4. El abrazo de amor del Universo…, Frida Kahlo)

El recorrido museográfico culmina con el fascinante óleo La novia que se espanta de ver la vida abierta (1943), ejemplo sobresaliente del erotismo risueño expresado en las naturalezas muertas de Frida. Todas ellas se distinguen por la genial mezcla de la apariencia lujuriosa de las frutas aunada a un exquisito sentido del humor.

(Foto 5. La novia que se espanta…, Frida Kahlo)

De Diego Rivera menciono otros dos óleos. Paisaje con cactus (1931) es una alegoría de influencia surrealista acerca de las relaciones amorosas, visualizada en la aridez de un paisaje sombrío poblado por cactus humanizados y erotizados.

(Foto 6. Paisaje con cactus, Diego Rivera)

Además de lo que indica el título, Vendedora de alcatraces (1943) es una radiante metáfora de la belleza y la sexualidad femenina expresada en la simbología de la flor que envuelve con su espata blanca al erguido espádice amarillo.

(Foto 7. Vendedora de alcatraces, Diego Rivera)

Aparte de Diego y Frida, la colección Gelman Santander tiene obra considerada monumento artístico creada por otros tres pintores mexicanos: Siqueiros, José Clemente Orozco y María Izquierdo.

De Orozco hay un estupendo Autorretrato (1932) realizado en acuarela; además de un simpático guache inspirado en el oscuro mundo de los tugurios y las hetairas, titulado Salón México (1940).

( Foto 8. Salón México, Orozco)

Novia papantleca (1944) es una de las obras más representativas y logradas dentro de la producción de María Izquierdo; con amoroso candor la artista infunde blancura y luz a la cotidianidad provinciana.

(Foto 9. Novia papantleca, María Izquierdo.)

La exposición también incluye obras, escogidas con el refinado gusto de los Gelman, de otros artistas fundamentales del siglo XX mexicano, como los pintores: Rufino Tamayo (ya mencionado), Ángel Zárraga, Carlos Mérida, Gunther Gerzso Jesús Reyes Ferreira, Leonora Carrington y Francisco Toledo; así como de los fotógrafos Gabriel Figueroa, Manuel Álvarez Bravo, Lola Álvarez Bravo y Graciela Iturbide.

De acuerdo con la Fundación Santander, la colección está conformada por un total de 160 piezas. No sabemos nada acerca de las 92 obras restantes que no han sido incluidas en la exposición del MAM. Desconocemos el nombre de los artistas, las características de las piezas, y el lugar en que se encuentran resguardadas.

Ofende que el placer estético producido por las obras de la colección Gelman Santander se vea manchado por la opacidad y la incertidumbre.

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