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Berdegué; abogado de los corporativos agro-financieros | Columna de Alberto Vizcarra Ozuna

El secretario de SADER no tiene empacho en revelar que la condición para mantener favorecida a la élite que controla el mercado de los alimentos y las agro-exportaciones, es que México no establezca políticas de protección a la producción nacional de granos básicos y a sus productores.

  • Alberto Vizcarra Osuna
22 Jan, 2026 16:32
Berdegué; abogado de los corporativos agro-financieros | Columna de Alberto Vizcarra Ozuna

Por Alberto Vizcarra Ozuna

Una vez que se escuchan las formulaciones de Julio Berdegué, Secretario de Agricultura, no hay duda de quién lo puso en el gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum. Con su discurso el Secretario se pinta en blanco y negro como una cuota de los grandes importadores de granos y de los corporativos agro-financieros que, a paso de ganso, están tomando trozos enteros del mercado nacional alimentario.

Así se mostró en las discusiones con la coordinación del Frente Nacional por el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM), sostenidas el pasado jueves 15 y viernes 16 de enero, realizadas en las oficinas centrales de SADER en la Ciudad de México. El planteamiento central del FNRCM, es que en el contexto de la revisión del T-MEC, el gobierno mexicano debe tomar la decisión de sacar los granos básicos de tal esquema comercial, toda vez que ha quedado demostrado que su diseño fue concebido, desde la firma del TLCAN, como un instrumento para forzar la profundización de la dependencia alimentaria de México, entregando el mercado nacional a las crecientes importaciones de productos agroalimentarios desde los Estados Unidos.

En estas discusiones, el secretario Berdegué, con un desplante dogmático, inmediatamente pintó la raya: no habrá modificaciones a la política económica, aduciendo con ello que sacar los granos básicos del TMEC implica cambios que el gobierno no está dispuesto a realizar. A la hora de escuchar las quejas de los productores y ver la documentación de cómo estas políticas están descapitalizando a los productores nacionales y amenazan con sacarlos de la actividad, Berdegué se muestra flemático, como el verdugo que no quiere ser afectado por la emoción de las víctimas. Y presume hablar con la verdad al admitirse como un instrumento de una política económica en donde los productores nacionales no son comprendidos, sino más bien los destinados a desaparecer.

Todo ministro de una república, debería ser un hombre de Estado, preocupado por el bienestar general; más aquel a quien se le confiere la responsabilidad de la producción nacional de alimentos. La personalidad de este funcionario está lejos de asumir esa condición. Se concibe como un burócrata, un simple instrumentador de las políticas establecidas, sin importar las consecuencias. Por lo mismo se somete a las disposiciones que mantienen a su secretaría con un presupuesto estancado, que no se ha incrementado durante los últimos diez años, por el contrario, en términos relativos ha disminuido.

El único momento en que el Secretario pierde la compostura y se le prende la mecha, es cuando se le reclama que tiene que meter en cintura a los corporativos agro-financieros y a los grandes importadores de granos. Ahí saca la casta y los presenta como los intocables, diciendo en tono airado “tenemos que respetar las reglas del TMEC”.

En octubre del año pasado, en el contexto de las cosechas de maíz blanco de la zona del Bajío y de la caída de los precios de este cereal en los mercados de futuros de la Bolsa especulativa de Chicago, la presidenta Sheinbaum, dijo que se tendría que hacer algo para que los precios de nuestros granos básicos no se mantuvieran sometidos “a los vaivenes de los mercados internacionales”. Después de ese pronunciamiento, la presidenta no ha vuelto a referir esa realidad contraria al interés nacional.

Las presiones del gobierno norteamericano, que llegan al extremo de la amenaza con incursiones militares sobre el territorio nacional y las personalidades entreguistas como Berdegué -junto a otros dentro del gabinete- tienen a la presidenta paralizada y alejada de las decisiones que pudieran revertir la crisis económica y el desmantelamiento acelerado que sufre el campo mexicano.

El secretario de SADER no tiene empacho en revelar que la condición para mantener favorecida a la élite que controla el mercado de los alimentos y las agro-exportaciones, es que México no establezca políticas de protección a la producción nacional de granos básicos y a sus productores, por lo mismo se opone a la demanda de que los granos salgan del T-MEC. La lógica es simple y fatal: entregaremos el mercado nacional alimentario a los corporativos agro-financieros.

Como todo hombre dogmático, este funcionario se muestra ciego y amenaza a los productores con el fantasma del desastre, si los granos básicos son sacados del T-MEC. Quiere asustar con el desastre a los miles de productores que ya viven en el infierno económico, sin poder comercializar casi cuatro millones de toneladas de maíz, frijol y sorgo de cosechas pasadas, además de las que están sembradas del ciclo otoño-invierno con volúmenes de producción aún mayores y que se encuentran también sin precio y sin mercado, pues los futuros en la Bolsa especulativa de Chicago continúan a la baja.

Las creencias y temores de Berdegué, profundizarán el desastre que presumen evitar. La entrega del mercado alimentario, para favorecer a los corporativos agro-financieros, está inscrita en los mismos criterios de política económica que llevaron al país a la crisis de la deuda de 1994, por ajustar la economía nacional a las condicionantes impuestas por los fondos de inversión y sus calificadores que invariablemente recomiendan el ajuste fiscal para asegurar el pago de una deuda pública que entre más se amortiza más crece.

Estamos ya en las fronteras de un nuevo episodio de crisis de pagos, como resultado de los ajustes fiscales, lo cual desatará procesos de inconformidad social. Los productores nacionales, junto con los transportistas, se perfilan como el liderazgo natural de una movilización social con acciones de resistencia que trascienden los reclamos con el planteamiento alternativo.

No hay que preocuparse mucho porque este burócrata sostenga que la política económica ajustada al T-MEC es incambiable. La realidad es experta en derribar dogmas. Hay que preocuparnos por las alternativas, para que esto no derive en un desastre peor que el actual.

Desde el Valle del Yaqui, Ciudad Obregón, Sonora 22 de enero de 2026