Sin asistencia humanitaria gubernamental, caravana migrante avanza rumbo a Tapachula
Más de 5 mil centroamericanos avanzan por la carretera Panamericana. La larga fila ocupa más de 6 kilómetros. CNDH urge a gobiernos a apoyarlos.
Foto: Isaac Esquivel/ Cuartoscuro

Por Ángeles Mariscal

Este domingo desde temprana hora comenzó el éxodo masivo de unos 5 mil integrantes de la Caravana Migrante dentro de territorio mexicano rumbo a Tapachula, Chiapas. Ningún nivel de gobierno está asistiendo humanitariamente a los miles de migrantes ni con medidas de seguridad, ni salud, ni con apoyo de alimentos. Son ciudadanos los que se han dado a la tarea de distribuir bolsas con agua y algunos alimentos.

La larga fila ocupa unos 6 kilómetros de la carretera Panamericana. Quienes traen sus hijos pequeños consigo, se detienen por ratos a orilla de la carretera a descansar y recobrar fuerza para seguir su larga caminata.

El delegado del Instituto Nacional de Migración en Chiapas, Francisco Echavarría, advirtió que quienes se encuentran bajo el trámite de inmigración, deberán permanecer en el estado de Chiapas y en el refugio al que fueron confinados hasta que se resuelva su situación legal, no obstante rechazó que se encuentren “detenidos”.

Por su parte, el Quinto Visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Édgar Corzo, declaró que lo que se ha visto “es una falta de asistencia humanitaria, lo hemos visto en el puente, falta de medicamentos, la gente se desvanecía (…) yo creo que se concentraron mucho en la contención y dejaron a un lado lo que nosotros consideramos que es primario que es la asistencia humanitaria” y reiteró que ante esta situación, se tomen en consideración la ampliación de medidas cautelares solicitadas desde el sábado para asistir humanitariamente a los migrantes, ahora, en los albergues.

Ante el hartazgo y el desgaste al que le apostó el gobierno mexicano al intentar contener y pasar a cuentagotas a los integrantes de la caravana de migrantes provenientes principalmente de Honduras, desde la tarde noche del sábado personas se arrojaron masivamente del puente fronterizo al Río Suchiate, otras tantas pasaron nadando de orilla a orilla o en balsas y con niños en brazos por la misma vía.

Muchos de ellos habían pasado más de 24 horas sin alimentos y ya no había agua para distribuir entre ellos, la temperatura rondaba los 32 grados centígrados. La desesperación los hizo tomar la decisión desesperada de pasar pese a que la entrada formal de la frontera se encontraba cerrada y pasando poco a poco a los migrantes para conducirlos a tramitar sus visas o bien iniciar su trámite de refugio.

El miedo a la caída desde nueve metros de altura fue menor al miedo a ser deportados a sus países de origen, a volver a enfrentar la violencia de las pandillas, la pobreza y en general, la falta de futuro digno. Cruzar el río implicaba nadar medio kilómetro, y por balsa, contar con cinco quetzales –moneda guatemalteca equivalente a unos 12 pesos mexicanos – para los balseros. Las balsas son en realidad cámaras de llanta de tractor sobre las que se ponen tablones.

Al caer la tarde este sábado, más del 80 por ciento de quienes componen la caravana migrante que salió el pasado 13 de octubre de Honduras -y al que se le fueron sumando migrantes de El Salvador y Guatemala- ya pernoctaba en el parque de Ciudad Hidalgo, Chiapas. 

Por 24 horas las autoridades mexicanas tuvieron éxito. En ese periodo, contado desde que les cerró las puertas, los migrantes permanecieron sobre el puente internacional Rodolfo Robles. Ahí durmieron, ahí se levantaron y ahí empezaron a apuntar en unas hojas de papel sus datos personales, para que “de forma ordenada y en grupos de 40”, pasaran ante el personal del Instituto Nacional de Migración (INM).

El gobierno mexicano les ofreció que, tras realizar el trámite, los llevaría a albergues, donde esperarían el dictamen migratorio. Para las 12 del día del sábado, solo 500 personas habían pasado, según cifras que informó el embajador de México en Honduras, Luis Manuel López Moreno.

“Primero mujeres y niños, primero mujeres y niños”, gritaban algunos organizadores espontáneos que surgieron entre los migrantes.

El comisionado nacional de seguridad de México, Renato Sales Heredia, y el comisionado general de la Policía Federal, Manelich Castillas Craviotto, llegaron hasta donde se encontraban los migrantes, rejas y decenas de policías de por medio. Hablaron con algunos mientras sus subalternos les tomaban fotografías donde aparecían con rostros amigables. Mandaron traer garrafones de agua y, por un momento, agentes de migración y de la policía, tras las rejas, sirvieron agua a los migrantes.

La llegada de Sales Heredia y Castillas Craviotto, explicaron sus subalternos, era para “supervisar que todo se estuviera desarrollando con apego a los derechos de los migrantes, y a las leyes mexicanas”.

Por su parte, el gobierno de Guatemala instaló en el parque central de la ciudad fronteriza Tecún Umán, un centro de atención con una leyenda grande que dice: “¿Quieres retornar a tu país? Aquí te apoyamos. Información Migratoria. Información Institucional”. Algunos migrantes sí optaron por esta opción. 

Según cifras oficiales, solo 381 migrantes —casi todas mujeres y niños— realizaron su registro ante el INM, tras lo cual fueron trasladadas al albergue ubicado en las instalaciones de la Feria Mesoamericana de Tapachula, a unos 30 kilómetros de Ciudad Hidalgo. Pero si sus solicitudes de visa o refugio son rechazadas, serán deportadas a su país de origen.

 






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