Bolívar: la esperanza que se alienta con Maya y ruidos entre escombros
A 48 horas del sismo, de entre los escombros surgen más esperanzas que vidas en las ruinas de la fábrica textil que se encontraba en Bolívar y Chimalpopoca
(Foto: Juan Omar Fierro)

En dos días de búsqueda frenética con mazos, marros, hachas, cinceles y maquinaria pesada, los rescatistas han recuperado 21 cuerpos y solo han sido rescatadas con vida cuatro personas.

El número de personas no localizadas no se conoce, pero cada vez que se abre una rendija entre los escombros los megáfonos sueña con una decena de nombres, mientras sus familiares se acercan con ganas de que no sea una falsa alarma.

Las falsas alarmas son tristes: primero se escuchan los nombres de Irma, Ellen y Ana que algún voluntario grita con afán de localizar a una de las personas desaparecidas entre los escombros.

Luego siguen los puños en alto indicando silencio y a la espera de una respuesta inaudible. Después siguen los aplausos de decenas de rescatistas que creen en la posibilidad de salvar a alguien y después viene de nuevo el concierto de las herramientas y golpes con el que buscan deshacer las prisiones ruinosas de concreto que impiden el rescate de hombres y mujeres que podrían estar atrapados.

El día dos del sismo comenzó con bríos renovados por los ladridos de Maya, una perrita especializada que en compañía de su entrenador Héctor Treviño marcó al menos cuatro puntos para la probable detección de personas.

En dos de ellos, se encontraron los cuerpos de dos personas fallecidas. Los otros dos son los que dan fuerza a centenas de voluntarios y civiles que superan en número y fuerza a militares y policías. Por momentos, también parecen tener más idea de los trabajos y los cuerpos de seguridad se limitan a dar rondines por toda la zona.

Una vez que Maya entró en acción e indicó con sus ladridos puntos a excavar, los huecos entre los escombros permitieron a un equipo de sonido introducir micrófonos sensibles mientras un rescatista con megáfono se dirige hacia el subsuelo.

Es un momento de silencio absoluto, de esperanza casi total. “Si nos están oyendo, griten, digan su nombre, peguen con todas sus fuerzas para que los encontremos“, repite la voz en 3 o 4 ocasiones.

En entrevista con Aristegui Noticias, el ingeniero en audio José Luis Picard dice que escucho golpecitos leves y rasguños en la piedra. La esperanza crece en todos los presentes, muchos vuelven a aplaudir… pero las horas siguen corriendo y las ricas imponiéndose.

Picard presume que mediante este método han encontrado más personas con vida que las brigadas militares. Incluso, considera que de permitirse el paso de voluntarios en algunas zonas, se hubieran encontrado más personas con vida.



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