Libros de la semana: Amelie Nothomb, Sabina Urraca…
Entre nuestras novedades destacan también las novelas de José Manuel Cuéllar Moreno y Natalia Trigo.
- Redacción AN / HG

La escritora francesa Amélie Nothomb publica Psicopompo, tal vez su libro más personal y donde ofrece una visión íntima y panorámica sobre su trabajo. En un tono también autorreferencial, la española Sabina Urraca recupera Escribir antes, una provocadora reflexión sobre el acto creativo y la forma de vivir la literatura. Pasemos al territorio de la ficción pura y dejémonos encantar por Bucareli 158, la primera novela del ensayista e investigador José Manuel Cuéllar Moreno, quien ahora nos ofrece un deslumbrante relato sobre la relación entre el espiritismo y la política. Cerramos nuestras sugerencias de lectura con El fin del verano, una novela de Natalia Trigo sobre la amistad, el miedo y la salvación que supone el acto de imaginar.
Amélie Nothomb. Psicopompo. Anagrama. Trad. Sergie Pámies. 144 pp.
Los psicopompos son figuras mitológicas encargadas de guiar a las almas en su tránsito al más allá. Amélie Nothomb hace algo parecido con cada nuevo libro: de cuatro a ocho de la mañana, todos los días sin excepción, se entrega a la página en blanco con la esperanza de no haber desaprendido a escribir. Y no falla ni un solo día, porque, si dejara de hacerlo, según confesaba años atrás en una entrevista, entraría en un proceso de autodestrucción. Con Psicopompo, probablemente su texto más personal y arriesgado hasta la fecha, Nothomb ofrece una reveladora visión de conjunto de su obra y añade un nuevo capítulo a su autobiografía, que la consagra, una vez más, como una de las autoras más singulares e imprescindibles de nuestro tiempo.
Sabina Urraca. Escribir antes. Antílope. 121 pp.
¿Cómo era escribir antes, cuando no había fechas de entrega ni reseñas críticas ni necesidad de promocionar nada? Antes: cuando la vocación tocaba la puerta suavecito, como una caricia y no como un garrotazo en la cabeza, y las personas lectoras eran apenas un espejismo; antes: sin colegas ni ambición, con inocencia y sin comparaciones; antes: cuando la escritura ocurría en un cuaderno íntimo desplegado frente a nosotras y teníamos por delante todas las tardes del mundo para ensayar con palabras el futuro. Esa pregunta –esa angustia– late al centro de Escribir antes, un diario que acompañó a Sabina Urraca durante el proceso de escritura de su novela El celo, y en el que, con gran sentido del humor, reflexiona sobre el oficio literario.
José Manuel Cuéllar Moreno. Bucareli 158. Tusquets. 227 pp.
En una casona antigua de Bucareli, el tiempo parece haberse detenido. Ifigenia trabaja allí sin hacer preguntas. La rutina es precisa, casi silenciosa, hasta que un hallazgo mínimo altera el orden: un pequeño diente oculto en la pared, envuelto en algodón. A partir de ese momento, la casa comienza a revelar su verdadera historia. Fragmentos del pasado emergen: sesiones espiritistas en salones cerrados, reuniones discretas entre figuras del poder, prácticas perturbadoras de la alta sociedad mexicana cuya lógica parece haber sobrevivido a los cambios políticos y a las transformaciones de la ciudad. Con fluidez y destreza el narrador explora las conexiones entre el espiritismo y la política nacional.
Natalia Trigo. El fin del verano. Almadía. 264 pp.
Lara tiene cinco años cuando su madre la lleva de Texas a Nuevo México. Dejan atrás su vida sin demasiadas explicaciones y llegan a un vecindario desconocido donde la niña descubre, por primera vez, la existencia de un abuelo. Se instalan en su casa mientras Elena intenta reconstruirse y encontrar trabajo. En ese nuevo territorio, Lara entabla amistad con el Tigre, un niño temerario y fantasioso que le revela las historias del barrio. Mientras juegan y trazan planes para alcanzar ese espacio de libertad, la realidad comienza a cercarlos. La autora mexicana presenta una novela donde los niños intentan comprender el miedo y el dolor desde su propia lógica, transformándolos a través del juego, la complicidad y la imaginación.





