Minatitlán como síntoma de nuestros tiempos
La masacre de Minatitlán es síntoma de nuestros tiempos violentos, y una señal de que la realidad no se transforma con un simple cambio de partido en el gobierno, mucho menos con sermones.
Foto: Ángel Hernández/ Cuartoscuro

Por Ernesto Núñez Albarrán/ @chamanesco

Tenía tan sólo un año y, si estaba ahí, era por una mera casualidad. Sus padres habían sido invitados a la fiesta de una tía que celebraba sus 52 años en la palapa La Potra, en Minatitlán, Veracruz. Era Viernes Santo y, mientras sonaba La vida es un carnaval de Celia Cruz, su corazón era atravesado por las balas.

Vestía playera amarilla, short de mezclilla y tenis negros, y según el relato de una de las sobrevivientes, “la mamá lo traía cargando” y, cuando el papá lo quiso cubrir, “le dieron en la cara”.

“Al bebé lo siguieron rematando, le dieron en el corazoncito”, relató una de las sobrevivientes, según la nota del reportero Benito Jiménez (Reforma, 20 de abril de 2019).

Otra testigo afirmó que los asesinos torturaron psicológicamente a los asistentes a la fiesta, obligándolos a mirar mientras disparaban a sus víctimas.

Los sicarios se ensañaron con los asistentes, que comían cochinita pibil, celebraban y bailaban al ritmo de Celia Cruz al filo de las 21:00 horas, cuando el comando irrumpió en busca de La Beky, un travesti que se cuenta entre las 13 víctimas del ataque.

La masacre de Minatitlán duró 10 minutos, y dejó una estela de horror e incertidumbre, en un estado acostumbrado al terror y la barbarie, con más de 100 homicidios dolosos por mes, decenas de secuestros y, últimamente, más de 10 feminicidios mensualmente.

No, en Veracruz la vida no es un carnaval; en Veracruz, la vida es cruel; en Veracruz, hay muchos momentos malos; en Veracruz, nada cambia.

Mientras Veracruz revive el terror de la época de Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto, Fidel Herrera, Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes, sus políticos mantienen una añeja disputa política.

Cuitláhuac García, gobernador emanado de Morena, con 130 días en el poder, no ha sido capaz de coordinarse con el fiscal del estado Jorge Winckler, funcionario heredado de la anterior administración, nombrado por un Congreso de mayoría panista en diciembre de 2016.

Las diferencias entre el inexperto gobernador y el polémico fiscal han derivado en una demanda de juicio político en contra de Winckler, para tratar de sustituirlo por un nuevo fiscal, aprobado por un Congreso estatal de mayoría morenista.

Mientras eso ocurre, Veracruz sigue sumergiéndose en una espiral de violencia, con 121 homicidios dolosos en enero de 2019 y 133 en febrero, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

La masacre de Minatitlán, por la crueldad de quienes mataron a siete hombres, cinco mujeres y un niño, es un síntoma de nuestros tiempos violentos; una señal de que la realidad no se transforma con un simple cambio de partido en el gobierno.

Minatitlán es gobernado desde hace casi seis meses por el alcalde morenista Nicolás Reyes Álvarez. Y el morenista Cuitláhuac García tomó protesta como gobernador de Veracruz el mismo día que el presidente Andrés Manuel López Obrador.

En Minatitlán, como en casi todo Veracruz, todo se pintó del color vino Morena. Regidores, alcaldes, diputados locales y federales, senadores, gobernador… todos militan en el movimiento del presidente. Pero, al parecer, nadie le avisó a los sicarios que buscaban a La Beky en plena Semana Santa, que ha iniciado “la regeneración de la vida pública de México”.

Para aquellos que usan las armas, para aquellos que nos contaminan, para aquellos que hacen la guerra, para aquellos que viven pecando, para aquellos que nos maltratan, para aquellos que nos contagian…

Para ellos, como para todos aquellos que siguen bajo el mando del crimen organizado, no hay alternancia o “Constitución Moral” que valga; no hay parábola de Jesús que los conmueva, sermón presidencial que los arredre; ni “Cuarta Transformación” que les impida seguir en su negocio de crueldad y muerte.

Ayer mismo, se reportó que el primer trimestre de 2019 batió un nuevo récord de violencia en el país. Siete mil 242 carpetas de investigación por homicidio doloso entre enero y marzo implican un aumento del 10 por ciento respecto al año pasado.

No, los números no mienten. La terca realidad no cambia, por más conferencias mañaneras, tuitazos o discursos que se lancen. La violencia no se ha contenido; mucho menos disminuido. Ahí está Minatitlán, como cruel recordatorio de que en México la vida no es un carnaval.



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