‘El cine es mi forma de ir contra el pensamiento único’: Lluis Miñarro
El director español estrena ‘Love me not’, una película donde regresa a su veta surrealista.
(Piano Films).

Por Héctor González

Cuenta la Biblia, que Salomé fue una hermosa mujer que pidió en bandeja de plata la cabeza de Juan Bautista. En su nueva película Love me not, el español Lluis Miñarro retoma aquel mito, pero en un tono más cercano a la versión de Oscar Wilde, para hablar de la guerra y represión.

La visión del cineasta se ubica en un contexto de guerra sin precisar, aunque no es un secreto que la inspiración del filme está en la prisión de Abu Ghraib. Sin esconder su filiación surrealista, la versión del cineasta plantea una reflexión acerca del deseo, la equidad y la importancia de cuestionar el orden establecido.

¿Por qué retomar un mito clásico como el de Salomé?

En principio por necesidad. Siempre es un reto retomar a un personaje clásico e intentar darle la vuelta. A través de la película quería asentar mis ideas sobre la guerra y a la equidad de género. El cine es mi forma de ir contra el pensamiento único. La diversidad de género o la idiomática son temas muy actuales.

Y a ir en sentido contrario: es una película en un contexto de guerra pero sin sangre y donde hay mucho juego con el deseo.

Es verdad. No hay heridos, ni sangre. Quería simbolizar la guerra como una especie de limbo fantasmagórico y un poco onírico. Muestro el deseo como algo orgánico porque es parte natural de nuestras vidas, lo que pasa es que no queremos reconocerlo. Incluso podría decir que es el motor de nuestros actos y decisiones. Es algo muy típico e integrado en la condición humana, por eso está a lo largo de la película y con una suerte de clímax al final en donde las heridas se curan a través del amor, creo que ese es el mensaje que me gustaría dejar con la película.

Aunque es algo que se construye conforme se cuenta la historia porque al principio la relación física es muy fría.

Al principio sí. Por las condiciones de la historia la relación corpórea es muy voyerista y acaba de una forma trágica pero a la vez contenida por una pulsión que no da lugar a engaño. El primer plano muestra un ojo mirando teóricamente a la regadera, sin embargo también observa al espectador. Lo involucra directamente a participar de un espectáculo como es el cine. ¿A qué viene todo esto? Participo de la idea de que los realizadores somos los voyers y los actores los exhibicionistas.

De hecho hay un lenguaje simbólico importante.

Sí, pero sin ser obsesivo. Los símbolos forman parte de nuestro subconsciente colectivo. Por sí mismos y sin buscar una razón son señales que apelan a una manera distinta de entender la realidad. Soy un convencido de que la realidad no es tan fija como nos quieren hacer creer. Está contaminada por una fantasía o aspectos oníricos que regularmente no queremos reconocer. Hay científicos que aseguran que durante el sueño creamos lo que haremos el día siguiente.

Tampoco hay mucho secreto en nombrar a un soldado Hiroshima y a otro Nagasaki.

Claro, me sirven para recordar que al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos lanzó una advertencia sobre lo que le podría pasar a cualquiera. No es necesario racionalizar tanto los símbolos porque al final ya denotan cosas.

Y hay también fijación con el surrealismo, pienso en la secuencia donde nieva en la ciudad de México.

El surrealismo me interesa mucho. Personajes como Dalí, Buñuel o Man Ray son muy importantes para mí porque nos advierten que la realidad no es tan sólida como pretendemos. La realidad y el sueño no son disociables en tanto que forman parte del individuo.

¿Y siguen funcionando como instrumentos para hacer crítica política y moral?

Soy un poco anárquico en eso. Pertenezco a la generación de los setenta, el periodo en que la democracia llegó a España y todo explotó. Mi inscribo en la contracultura. Mi cine está fuera de la normativa y denota una fractura con lo establecido.

Muchos de sus colegas empezaron como tú y terminaron asentándose en las convenciones.

Poderoso caballero es don dinero, cantaba Paco Ibáñez. Muchos empiezan bien y acaban en Hollywood, incluso sucede en México. Ya es difícil que mi edad cambie mi forma de ver el mundo. El arte y la cultura deberían tener una punta subversiva. A través del tiempo lo único que permanece es lo innovador y provocador.

 ¿Qué te pareció Parásitos?

Me parece muy interesante, pero detrás de ella hay una maniobra de la productora para entrar en Hollywood, que es una industria con una inmensa capacidad para reciclarse. No hace mucho lo hizo por medio de los directores mexicanos. Supongo que ahora mirarán al cine asiático o al coreano. Sin duda es una película con valores intrínsecos, pero forma parte de una política cultural. Me parecen más valiosas algunas películas de Lucrecia Martel, Lisandro Alonso, en España hay cineastas muy buenos Eloy Enciso u Oliver Laxe. En México tienen a Reygadas o Yulene Olaizola.

Hace unos años Peter Greenaway decía que el cine había muerto, hoy lo que está en auge son las series de televisión. ¿Qué esta pasando con el discurso cinematográfico?

Está en un proceso de transformación tras perder la centralidad cultural. Antes era el refugio por excelencia de muchas cosas. Ahora con tantas pantallas, series y publicidad, la imagen ha perdido la trascendencia. Rossellini y Fellini dijeron lo mismo que Greenaway. El cine es un arte que permite hacer cosas nuevas, el problema es que predomina lo convencional, por eso en momentos de crisis  hay que regresar a los clásicos.

libros



Temas relacionados:
Cine
Cineteca Nacional
Cultura
Libros





Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.