Los “pecados” de los candidatos según el padre Solalinde
El sacerdote colaboró con la antropóloga Ana Luz Minera en la realización del libro ‘Solalinde. Los migrantes del sur’.
(Redacción AN/Lince Ediciones).

Desde hace varios años el sacerdote católico Alejandro Solalinde se dedica a apoyar a los miles de migrantes centroamericanos que cruzan México en busca de llegar a Estados Unidos. Sorteando cualquier cantidad de obstáculos, algunos interpuestos por las autoridades, otros por organizaciones criminales, el clérigo ha impulsado la creación de albergues y mecanismos de apoyo para los viajeros.

En colaboración con la antropóloga Ana Luz Minera Castillo, el religioso postulado al Nobel de la Paz, escribe Solalinde. Los migrantes del sur (Linde ediciones), volumen donde cuanta de primera mano su experiencia.

¿Cómo se lee siendo protagonista del libro?

Más que ver logros, veo lo que Dios ha conseguido a través de mí y a pesar de mí. Es inexplicable lo que me ha pasado. Varias veces, por lo menos seis o siete, me ha salvado la vida. Estoy a días de cumplir 73 años y no tengo problemas de presión. Mi corazón está perfecto. No tengo azúcar. Mi respiración es muy buena. ¿Cómo es posible que un ser humano que ha vivido tantas cosas y presiones no esté enfermo de diabetes o nervios? Claro que no soy de plástico, pero cuando siento que ya no puedo, me retiro a oír música y hacer oración, con eso me repongo y al día siguiente ya estoy como nuevo.

¿Qué música escucha para recomponerse?

Instrumental. Ennio Morricone me encanta, Il Divo o André Rieu. Pero también la música moderna, el rock o algunas baladas. Una de mis limitaciones musicales es el jazz, no puedo entenderlo.

¿Después de estar en El Yunque cómo descubrió su vocación social?

Desde niño aprendí a luchar por la justicia y a ayudar a los demás. En 1952 tenía seis o siete años, y en mi familia ya se practicaba la apertura a la diversidad. Campesinos e indígenas iban a dormir con nosotros. Todo eso forjó y afianzó mis ideales. En El Yunque descubrí una experiencia de ultraderecha, clandestina y de choque porque El Muro era el barco y el submarino era El Yunque. Los tres años que estuve ahí me enseñaron a entregarme a Dios y a la patria tal como ellos la entendían y eso me sirvió. Años después me fui a la izquierda con Sergio Méndez Arceo, Samuel Ruiz y tantos obispos que me enseñaron la otra parte. Es decir, tengo las dos experiencias y puedo decir que no me voy a los extremos. Se trata de buscar la justicia y luchar por los demás.

¿Qué lo hace enojar?

Es más fácil que me enoje conmigo mismo. Jesús me ha enseñado a entender la diversidad, ahí está el principio para entender la vida. Comprender que cada uno es un misterio es muy importante, y para eso necesitamos amor y dejar de juzgar al otro.

Pero en la política se juzga y se juzga fuerte; y usted tiene una vida política intensa…

Sí, es una vida política intensa pero no de partido. Si juzgo lo hago a partir del bien común. El Papa Francisco acaba de explicar que la política es el bien común, es algo que vengo estudiando desde 1973. Así lo decía también el Papa Pablo VI.

¿Cómo entiende el bien común?

Es la democracia, la justicia, la igualdad de oportunidades, la defensa de las mujeres. No seguir dándole más y más, a las 56 familias de México que ocasionan la pobreza de más de cincuenta millones personas. El bien común no es andar rezando, ni en las procesiones. Hay que obedecer a Dios buscando justicia.

¿Cómo se llevaba con Onésimo Cepeda?

Tuve el disgusto de conocerlo. Sólo lo vi una vez, en Ecatepec y se me hizo la viva representación de la prepotencia y la corrupción. Fue un pobre obispo que sucumbió ante el poder y el dinero. Onésimo Cepeda es el obispo más priista que ha existido.

¿Conoció al Cardenal Posadas?

No, pero creo que fue un obispo que como Luis Reinoso Cervantes, llegó a Morelos para echar abajo toda la construcción pastoral de comunidades eclesiales de base construidas por Sergio Méndez Arceo, eso es todo lo que puedo decir de ellos.

¿Qué me dice de Norberto Rivera?

Norberto Rivera pasará a la historia sin pena ni gloria. No dejó estructuras de evangelización sólidas. No fortaleció una estructura de evangelización itinerante. Nunca ayudó a los migrantes, puso una oficina en Durango 90, pero no les dio una casa. Yo les tuve que pagar hoteles y buscar hospedaje. Nunca recibí ayuda de él. Además, fue señalado como encubridor de pederastas, pero eso le toca dirimirlo a los juzgados. Fue un arzobispo mediocre para el reino de Dios, pero muy útil para los intereses de la Santa Sede y el Vaticano.

El Papa Francisco acaba de pedir perdón en Chile, sobre los casos de pederastia. ¿Cuál es su opinión acerca de que no tomara esta posición en México?

El Papa Francisco estuvo muy coartado aquí. Con una jerarquía católica como la mexicana, tan proclive al gobierno, no se podía hacer demasiado. Tuvo marcaje personal del gobierno de México. La canciller Claudia Ruiz Massieu estuvo pegada a él. El Papa ha hecho cosas muy importantes y conoce muy bien la corrupción que predomina en México, por eso les pidió a los obispos un plan pastoral. La omisión más grave de todo el Episcopado nacional es no haber obedecido a la Quinta Conferencia Episcopal Latinoamericana de Aparecida Brasil, ahí se declaró a todo el continente en Estado de Misión, que consiste en dedicar una campaña permanente a educar en la fe y evangelizar a la gente. Además, los episcopados se comprometen a evangelizar a sus políticos y no lo hicieron.

¿Cuál es el pecado más grande de Peña Nieto?

El pecado más grande de Peña Nieto y de toda su camarilla, incluyendo a Meade, es ser serviles incondicionales de Estados Unidos. Están entregando al país, además han abandonado a su pueblo y en cambio le han robado lo que han podido. José Antonio Meade es lo mismo, un tecnócrata, de la misma sangre de Peña, Videgaray y Nuño. No necesita una membresía para ser priista, porque es igual que ellos.

¿Andrés Manuel López Obrador?

La terquedad, no escucha como debería; aunque tiene cualidades muy grandes como la honestidad y la misericordia. Soy sacerdote y me ha costado trabajo entender la forma en que perdona a políticos que han cometido errores, pero creo que López Obrador no perdona no más porque sí, sino a quien realmente quiere empezar un nuevo proyecto por México. No perdona a costa de la justicia.

¿Se refiere a la amnistía a los narcotraficantes?

Sí, la amnistía tiene que ver con una justicia restaurativa. No se renuncia a la atención de las víctimas, pero plantea un principio de misericordia. Vivimos en un país violento y fragmentado donde lo punitivo es lo que priva. No podemos olvidar que aún la gente que ha cometido errores gravísimos también son nuestros hermanos y si en un momento dado quieren entrarle a la construcción de un nuevo país, podemos incluirlos. Los católicos no estamos en contra de las personas sino de la maldad. La impunidad impulsada desde el gobierno es una forma de perdonar sin perdonar.

¿De Anaya cual cree que sea su principal pecado?

No lo conozco, pero creo que trae algo del PAN corrompido. Yo tengo mucha familia panista y después de Clouthier, el partido se convirtió en otra cosa. Si Anaya de verás quiere ser honesto, necesita reconocer culpas y pecados. El PAN se convirtió en PRIAN. No se ha deslindado de la corrupción.

¿El de Margaria Zavala?

Su gran pecado es Felipe Calderón, y ese quién sabe si hasta Dios padre se lo va a perdonar.

¿El pecado de Alejandro Solalinde?

Son muchos. A veces soy impaciente, neurótico y egoísta, pero con estos bueyes, como decía el Señor, hay que arar.

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