Ni desastre ni apocalipsis, los mayas no creían en el fin del mundo
El diario La Jornada recoge la opinión del historiador Alfredo López Austin y el arqueólogo Emiliano Gallaga, quienes coincidieron en que la idea del fin del mundo era ajena a los mayas.
Pieza maya, hallada en un cenote de la Riviera Maya. (Foto: Cuartoscuro)

El historiador Alfredo López Austin y el arqueólogo Emiliano Gallaga aseguran que los mayas tenían una visión diferente de su estancia en el mundo. Y consideran que la ignorancia  de la historia es la causa de interpretaciones equivocadas.

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La idea del fin del mundo, ajena a los mayas  

Mónica Mateos- Vega/ La Jornada

20 de diciembre de 2012

Ni desastre ni apocalipsis ni hecatombe. Este viernes 21 de diciembre no ocurrirá el fin del mundo, y no serán los mayas los equivocados, sino las erróneas interpretaciones contemporáneas de quienes pretenden una visión del México antiguo idealizada, con fines supuestamente nacionalistas, turísticos y, sobre todo, aptos para los grandes espectáculos y la mercadotecnia.

Así lo consideran especialistas consultados por La Jornada, quienes, en cambio, proponen que el enorme interés mundial que se ha despertado en meses recientes por los mayas se enfoque a fortalecer la investigación y la difusión, de manera seria, de la enorme labor que realizan quienes trabajan en el rescate y la preservación del patrimonio de esa y otras culturas mesoamericanas.

El historiador Alfredo López Austin explica que algunas de las concepciones del México antiguo pudieron ser verdaderamente admirables, pero eran las suyas, las correspondientes a la cosmovisión por ellos creada y usada. Tratar de adoptarlas en nuestros días, buenas o malas, es algo anacrónico, ilusorio e inútil.

Para las culturas mesoamericanas, añade, algunos finales de ciclo representaban un riesgo de conclusión del mundo, no obstante, “no hay noticia de que la creencia en este peligro estuviese presente en el fin de la serie de baktunes, que sería el caso que ahora nos plantea la supuesta profecía maya. Otros pueblos, entre ellos el mexica, sí creían en el riesgo de la llegada del fin, pero al terminar un periodo de 52 años. Lo anterior no representa ni riqueza ni pobreza en la forma de enfrentarse al tiempo. Simplemente era la manera en que lo concebían aquellas culturas”.

López Austin está convencido de que muchos de nuestros errores actuales descansan en nuestra ignorancia de la historia, la cual no es una máquina para fabricar héroes y traidores, sino un medio inapreciable para crear conciencia social. El saber de nuestra historia debe ser profundo, sin idealizaciones ni ingenuidades. O somos conscientes o simplemente nos dejamos llevar por la corriente. O conducimos nuestro destino o nos transformamos en dóciles navegantes, obedientes a voluntades ajenas.

Hace falta un conocimiento profundo

Al criticar la visión del México antiguo idealizada, con fines supuestamente nacionalistas, turísticos y aptos para los grandes espectáculos, el especialista insiste en la necesidad de un conocimiento científico de nuestro pasado, que nos descubra nuestra naturaleza social. Hemos sido los tradicionales conducidos. Ahora debemos tomar en nuestras manos las decisiones de nuestro propio destino, pues una de las vías indispensables para fomentar nuestra capacidad democrática reside en la ciencia social.

A su vez, el arqueólogo Emiliano Gallaga, responsable del Centro-INAH Chiapas, considera que en el mundo de hoy vemos todo más pragmático y materialista, vivimos al minuto. Las culturas prehispánicas en general, y los mayas en particular, percibían su estancia en el mundo como algo temporal, una transición, un ciclo. La materia, es decir el cuerpo, es lo que muere, pero no el espíritu, de ahí que la celebración del Día de Muertos es tan importante en nuestro imaginario colectivo. Una de las mejores enseñanzas de esas culturas es que debemos preocuparnos menos en el fin del ciclo o en la muerte, y más en el trayecto, es decir, en nuestra estancia en esta tierra.

Gallaga considera importante que las personas se acerquen a su patrimonio, que lo sientan suyo. El INAH puede hacer circo, maroma y teatro difundiéndolo, pero si el público no lo hace suyo, todo ese trabajo de investigación, difusión y preservación no sirve. Por ello, el reto ahora es que nosotros, como académicos, acerquemos a la gente el conocimiento generado, pero de manera accesible al ciudadano común.

Entre los pendientes del instituto para los próximos meses destaca dar continuidad la investigación del patrimonio, fortalecer las áreas de conservación y restauración, hacer accesibles los museos, y priorizar la difusión de todas y cada una de las actividades del INAH.

¿Por qué? Porque la percepción fuera del instituto es que nos dedicamos a frenar el desarrollo del país, de las comunidades y de la gente. Hay que dar a conocer que el INAH no sólo es la institución más antigua en materia de investigación, difusión y preservación del patrimonio en el mundo, sino pionera y vanguardista en estos ámbitos. Pocos países cuentan con un instituto como el nuestro.

 



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