“¡Nunca en silencio!”, artículo de Frank LaRue
Los atentados terroristas en París "son una clara muestra de la irracionalidad de la violencia terrorista que ataca a inocentes y demuestra una absoluta insensibilidad hacia la vida".
Foto: Xinhua

“¡Nunca en silencio!”/ Frank LaRue en Prensa Libre

Es irónico que al concluir la reunión mundial sobre gobernanza del internet en Brasil, donde se discutieron todos los temas álgidos en relación al uso de las nuevas tecnologías de comunicación para garantizar el ejercicio de la libertad de expresión en todo el mundo, y cómo proteger a los usuarios y al público en general contra las amenazas de intimidación, vengan estos de Estados autoritarios, fanáticos racistas o fundamentalistas religiosos; se hayan dado los terribles atentados terroristas en París.

Estos actos de París, que se vinculan al atentado con explosivos en Líbano y a la bomba que derribó el avión de Rusia sobre el desierto del Sinaí, son una clara muestra de la irracionalidad de la violencia terrorista que ataca a inocentes y demuestra una absoluta insensibilidad hacia la vida.

Todo esto pretende justificarse con un discurso de fundamentalismo religioso absurdo que nada tiene que ver con el fundamento de las religiones que profesan.

Los actos de terrorismo siempre son realizados con propósitos políticos para imponer la voluntad a otras personas y para supuestamente ocupar posiciones de fuerza. Lo del fundamentalismo religioso solo es una construcción teórica artificial que pretende darle un marco ideológico y de justificación a los terribles e inhumanos actos de violencia que se imponen.

Estos actos realizados en París, Líbano, Sinaí, o en muchos otros lugares pretenden sacudir a sociedades democráticas donde la población ha luchado por años para lograr el respeto a sus derechos fundamentales como el derecho a la vida y la integridad personal, el derecho a la libertad de expresión y asociación, y el derecho a la participación democrática en la vida pública.

Es por ello que no podemos permitir que nos silencien con terror, o que estos actos cuestionen los principios de la democracia misma; debemos levantar todos juntos nuestra voz, demostrando que no se nos silenciarán con temor y que se puede cambiar el rumbo de la historia que reivindica cada vez más el respeto pleno a la dignidad del ser humano y el ejercicio de todos sus derechos.

Es por ello que siempre hemos denunciado a quienes cuestionan, niegan y rechazan el concepto y la defensa de los derechos humanos. Este debate se da en todas las ciudades del mundo, incluyendo la nuestra, donde habrá algunos que ven la reivindicación de los derechos humanos como una amenaza a sus intereses de poder o económicos; y es así como surgen las teorías fundamentalistas que pretenden justificar su rechazo.

Nos unimos al dolor del pueblo de Francia, Líbano y Rusia, pero también debemos unirnos en insistir en un mundo con mayor diálogo, mayor debate, mayor comprensión y respeto entre los pueblos del mundo.

No se puede dar una respuesta igual a quienes originaron estos actos porque no somos iguales, y porque el mundo debe cambiar en función de la defensa de la democracia y la igualdad de derechos.



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