‘El villismo y el zapatismo nos enseñaron que se pueden cambiar las cosas’: Pedro Salmerón
El historiador advierte que es necesario incorporar a la enseñanza la noción de que la historia se construye desde abajo, desde los pueblos.
(Redacción AN/Planeta).

Por Héctor González

Pedro Salmerón sostiene el movimiento campesino más radical de la Revolución Mexicana fue el villismo. El historiador profundiza en sus orígenes en Breve historial del villismo (Crítica), volumen donde demuestra que su génesis es incluso anterior al liderazgo del Centauro del Norte.

En entrevista, Salmerón, reconoce su simpatía por Andrés Manuel López Obrador, pero advierte que no es incondicional de nadie y no ha entregado un cheque en blanco al próximo gobierno.

 ¿Qué nos tiene que decir el villismo todavía?

En México tenemos la mala costumbre de pensar que la gente de a pie no toma decisiones por sí misma porque no está informada. ¿Cómo vamos a opinar sobre un aeropuerto si no sabemos de aeronáutica? ¿Cómo vamos a creer que cinco mil hondureños se pusieron de acuerdo para venirse juntos y no aislados como siempre? Junto con otros colegas estoy combatiendo esas ideas y estoy demostrando cómo, con base en la documentación de la época, la gente lo decide conscientemente más allá de los líderes. Pensar que la gente no sabe, es una idea propia de las élites. Con el libro quiero demostrar por qué la gente tomó la decisión de levantarse en armas y construir un proyecto revolucionario.

¿No se incorporaron al movimiento por Pancho Villa?

No, Pancho Villa toma el liderazgo tres años después de iniciado el movimiento. Pocos son quienes se incorporan siguiendo su liderazgo carismático. Se suman por demandas concretas y lugares específicos. Hay una larga tradición de resistencia indígena, campesina y popular en contra del Porfiriato y lo que permite 1910 es articularla nacionalmente. Si revisas las rebeliones de 1891 y 1903 verás que ya estaban las demandas. Villa no toma el liderazgo en el norte hasta finales de septiembre de 1913. Sucedió lo mismo con Zapata, su crecimiento fue paulatino.

En el caso del zapatismo había una historia de resistencia agraria que viene casi desde la colonia…

También viene de una larga tradición de conflicto por los recursos. Es una crisis propia del mundo Occidental.

¿Por qué en México se ha estudiado más al sur que al norte?

Porque al sur se le vincula con lo indígena y en el norte la leyenda de Villa opacó durante muchos años la historia de los pueblos.

¿Cuál es la diferencia sustancial entre el villismo y el zapatismo?

El zapatismo es en su origen un movimiento más agrario y comunitario; el villismo es más complejo porque tienen más vertientes. Pero conforme avanzan, y sobre todo cuando confluyen políticamente, construyen una alianza política. Ambos movimientos encontraron demandas comunes nacionales y a la vez comprendieron que hay demandas propias de cada región. Hay otras diferencias vinculadas con coyunturas o espacios. El villismo tiene la posibilidad de convertirse en un ejército ofensivo por el contacto directo con el mercado de armas estadunidense. Libró batallas más grandes porque los espacios del norte son más dilatados y la concentración demográfica es mayor.

¿La cercanía con Estados Unidos qué otra característica dio al villismo?

En un principio la posibilidad de conseguir armamento. Entre 1914 y 1916 sucedieron grandes eventos que lo vinculan Estados Unidos. La Expedición punitiva, sostengo, tiene más trascendencia para el resto del país que para el propio villismo. Entre lo que ocurre en la ocupación de Veracruz en 1914, la Expedición punitiva y sus efectos, y luego el intento de guerra entre México y Estados Unidos en 1926-27, se demuestra algo que los mexicanos olvidamos: los Estados Unidos entendieron hace mucho tiempo que no les conviene invadirnos, no les salen las cuentas.

Del zapatismo sobrevive en principio el EZLN, pero ¿del villismo qué queda?

Zapata y Villa son como los ángeles de la guardia que nos cuidan en nuestros malos sueños. El movimiento villista se vincula directamente con el agrarismo cardenista por medio del reparto agrario de La Laguna, de la construcción de los núcleos ejidales en Cuauhtémoc o Delicias, Chihuahua. Además, heredaron la idea de que podemos cambiar al país y de que del pueblo mismo surgen los grandes líderes sociales. Lo acabamos de ver el 1 de julio. A los medios les faltó poner atención cómo en torno a Morena se juntaron resistencias antes aisladas. Una de las grandes lecciones del zapatismo y el villismo es que se pueden cambiar las cosas.

¿Con el nuevo gobierno ves una reescritura de la interpretación de la historia?

Es impostergable. Voy a insistir para que se haga. Para los neoliberales la historia es una carga, querrían matarla y decir que todo depende de que le eches ganas y de tu esfuerzo personal. Hay que cambiar todo el sistema educativo. En lugar de una educación basada en competencias y en el estímulo del egoísmo; necesitamos una educación basada en la solidaridad, el compañerismo y el trabajo colectivo. No sé cómo hacerlo ni quién lo hará, pero hay que insistir.

¿Pero no se va a partidizar nuevamente la educación?

Si esta transformación solo dura seis años, fracasamos. Este es un proyecto de largo aliento. Cualquier cosa que hagamos o no hagamos, se va a partidizar. Viene una ofensiva potente de los medios enemigos, por eso hay que hacer bien las cosas. Por primera vez en décadas soy optimista.

¿Del discurso de la revolución que hay que cambiar?

Tú y yo, y mucha gente, nos formamos en el viejo discurso priista de liderazgos casi de bronce. Ahora los niños estudian con la idea de que no pasó nada y creen que en lugar de revolución solo hubo caos. Ambas líneas las tenemos que cambiar. Necesitamos aprender que hay gente dispuesta a luchar y sacrificarse por los demás; que los individuos de a pie tomamos decisiones. En los últimos cuarenta años, Suiza ha tenido 38 referéndums. ¿Los suizos son cultos y nosotros no? ¿No podemos aprender de aeropuertos o de trenes turísticos? No somos borregos, por eso hay que incorporar a la enseñanza la noción de que la historia se construye desde abajo, desde los pueblos.

¿Cómo usar la historia para evitar esta polarización entre chairos y fifís?

No lo vas a quitar, se llama lucha de clases y ya se les olvido que existe. Dicen, los propagandistas del régimen saliente, que nosotros estamos polarizando. Falso, un país está polarizado cuando tienes sesenta millones de pobres, treinta millones de mexicanos que por razones económicas tienen que vivir en Estados Unidos y diez super millonarios a quienes se les condonan los impuestos. Un país está polarizado cuando los jóvenes no tienen acceso a la educación universitaria, pero sí al sicariato del narco. Ahí está la polarización del país, no en el discurso. La vamos a eliminar cuando erradiquemos estas cosas.

¿Hasta dónde llega tu incondicionalidad con AMLO?

No soy incondicional de nada, ni de nadie. Nunca lo he sido.

¿Qué te sí y que no te ha gustado de este proceso de transición?

Me ha gustado casi todo. Tengo que terminar de entender el proyecto de Ley Agraria, he visto algunas críticas que me parecen muy válidas. Necesito entender cómo va a marchar la reforma educativa. Falta hablar más en serio de la reactivación de Pemex y del nuevo paradigma energético. Hay que insistir en que se echen a andar y se le eleven a rango constitucional los Acuerdos de San Andrés, es un compromiso de campaña. Nunca he defendido nada con lo que no esté de acuerdo y no le di un cheque en blanco al nuevo gobierno.

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