Reyna Grande, una escritora de Iguala que triunfó en Estados Unidos
La ganadora del American Book Award subraya que, en la Unión Americana, el 5% de los libros infantiles tienen personajes latinos
(Redacción AN/Casa de las palabras).

Por Héctor González

La historia de Reyna Grande (Iguala, 1975) es épica en sí misma. Cuando tenía cuatro años vio partir a su padre rumbo a Estados Unidos. Poco después su madre hizo lo propio. Entre tanto, ella se quedó en Guerrero con su abuela. Cinco años después su padre volvió por ella. Asentada en California comenzó a estudiar y a llevar una vida cuesta arriba. Ahora es una notable escritora mexicoamericana. No cualquiera puede presumir de haber ganado el American Book Award y ella lo ha hecho dos veces.

A pesar de sus logros sus libros circulan poco en nuestro país, de hecho, su autobiografía, La distancia entre nosotros (Vergara & Riba), es el primero en llegar a las librerías nacionales.

¿Te costó mucho trabajo aprender inglés a tu llegada a Estados Unidos?

Cuando llegué a Los Ángeles mi escuela no era bilingüe. Me las tuve que arreglar como pude porque no sabía inglés y mi maestra me ignoraba. En la preparatoria mis hermanos sí tuvieron acceso a los dos idiomas y les fue más fácil.

¿Han cambiado mucho las cosas desde que llegaste a Estados Unidos?

Sí, pero no necesariamente para bien. Al año que llegué a Estados Unidos implementaron la amnistía y gracias a eso tres millones de personas pudieron legalizar su estatus. Desde 1986 no ha habido una medida similar. Falta una reforma migratoria que en verdad beneficie a los migrantes. Las oportunidades cada vez son menos y con Trump prácticamente se han diluido.

Te lo habrán dicho muchas veces, pero tu historia es como de película.

Sí, a pesar de que mi vida ha sido muy difícil, podría tener un final feliz. Hay muchos niños que pasan por experiencias como la mía. Menores cuyos padres se van a otros países en busca de una vida mejor y con el ánimo de salir de la pobreza. Afortunadamente, cuando yo tenía nueve años, mi papá regresó a Guerrero por nosotros.  

No es fácil para una niña adaptarse a un ambiente como el estadounidense.

No. Mientras vivíamos en Guerrero lo que más me afectaba era la pobreza.

Que no es poca cosa.

No, pero al llegar a Estados Unidos no solo era pobre, también indocumentada, hispanohablante y morena. Cuando el migrante adulto llega a otro país, lo hace con una personalidad definida. Pero cuando eres niña apenas estás construyendo tu identidad. Lo más difícil fue encajar en la sociedad sin perder mi origen.  Para los gringos soy mexicana y para los mexicanos soy gringa; es como vivir en un purgatorio.

¿Cuándo dejaste de sentirte en ese purgatorio?

A  los 17 años, ya con la green card, regresamos a Guerrero a visitar a nuestra familiar. Yo todavía me asumía mexicana, pero mi abuela y mis primas me hicieron sentir como gringa. A pesar de los triunfos, en Estados Unidos me siguen discriminando. Hace unas semanas, durante una cena organizada para los autores invitados a una feria del libro en Washington D. C, un escritor gringo se acercó para preguntarme por los baños. Cuando vio mi sticker de escritora se disculpó. Por mi rostro pensó que era mesera. Es un país con poca representación literaria latina: el 80% de los escritores son güeros; el año pasado de los libros infantiles apenas el 5% tenían personajes latinos, hasta los animales tienen más visibilidad.

¿En qué medida los premios han cambiado tu vida como escritora?

Los premios te dan visibilidad y ayudan para que en las universidades te lean. Mi libro La distancia entre nosotros, se lee mucho en las escuelas y eso me beneficia.

Supongo que venderás más en allá que en México.

Sí, pero es un asunto económico. En Estados Unidos un libro te cuesta quince dólares, cantidad que para el salario promedio no es mucho, en cambio aquí la lectura es un lujo, dados los ingresos de la gente.

¿Por qué quisiste ser escritora?

Porque no encontraba libros que reflejaran mis experiencias. La mayoría de mis lecturas eran de gringos de clase media. Nada sobre los mexicanos migrantes. A los 19 años una maestra que me recomendó La casa en Mango Street, de Sandra Cisneros y De cómo las muchachas García perdieron el acceso, de Julia Álvarez. Ambas novelas me inspiraron porque me sentí identificada. Otra maestra de literatura chicana me dio El llano en llamas, de Juan Rulfo; …Y no se lo tragó la tierra, de Tomás Rivera; y me acercó a la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz. A partir de entonces descubrí mi vocación.

Tú y tu familia son de Iguala, sitio que en los últimos años ha pasado por momentos complicados.

Sí, es triste. Además de la pobreza ahora los pobladores necesitan lidiar con la inseguridad y la inestabilidad. Mis propias tías y primos me piden que no vaya.

Tú, Sandra Cisneros o Julia Álvarez, ¿cómo se insertan en el medio literario estadounidense?

La situación con los escritores latinos es complicada. El chicano movement de los setenta nació en respuesta a la falta de oportunidades. Incluso chicanas como Cherry Moraga o Gloria Anzaldúa, tuvieron que dar doble lucha por el sexismo. Nadie quería editarlas y decidieron autopublicarse. Ellas fueron nuestras madrinas. La siguiente generación conformada por Sandra Cisneros, Julia Álvarez, Ana Castillo y Denise Chávez, ensanchó la brecha al acceder a editoriales grandes. A mi generación le tocó batallar, pero menos. Apenas Valeria Luiselli ganó la beca McArthur y espero que eso abra más puertas.

¿Cuáles son tus expectativas para las elecciones del próximo año en Estados Unidos?

Espero que los latinos vayan a votar y lo hagan bien. Me da vergüenza reconocer que algunos simpatizan con Trump. Me gustaría que ganara un latino como Julián Castro o una mujer. Sanders tiene cosas interesantes, pero ya estoy harto de puros hombres güeros en la presidencia. Desgraciadamente la realidad indica que será diferente. Me conformó con que pierda Trump.

¿A México cómo lo ves?

El presidente hizo muchas promesas y se que los cambios son difíciles, especialmente en el tema de la violencia. La corrupción es un gran problema, pero espero cambios poco a poco. Por otro lado, no me gusta la forma en que López Obrador ha colaborado con Trump respecto al asunto migratorio. Me parece hipócrita que pidamos que nos traten bien en Estados Unidos, mientras que aquí somos terribles con los centroamericanos.

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