Un megaproyecto en tierras de Zapata; ven “traición” de AMLO
Se juntaron dos indignaciones: el asesinato de Samir Flores y un proceso de consulta impugnado, dice el reportaje producido por Desinformémonos. El presidente fue declarado persona non grata.
Recuerdo de que el presidente López Obrador no pudo ir a Chinameca a realizar el acto oficial. Foto: Desinformémonos

Por Gloria Muñoz Ramírez/ Desinformémonos

En las orillas del río Cuautla, en el municipio de Ayala, 100 metros de tubos de concreto permanecen recostados como mudos testigos de la resistencia de los pueblos nahuas al Proyecto Integral Morelos (PIM). El proyecto energético está prácticamente listo, pero estos 100 metros del acueducto que trasladará el agua de aquí a la termoeléctrica de Huexca no han podido ser colocados por el empecinamiento de los ejidatarios que se niegan a dejar de sembrar la tierra.

La lucha de los pueblos nahuas de Morelos, Puebla y Tlaxcala contra la construcción de una termoeléctrica, un gasoducto y un acueducto inició en el año 2012, cuando comunidades enteras se organizaron contra la imposición de los gobiernos federales emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN), quienes optaron por la represión y el encarcelamiento para levantar estas obras incluidas en el PIM. Los pueblos afectados no se dieron por vencidos y continuaron la lucha jurídica y la movilización social, logrando parar, hasta la fecha, el inicio de las operaciones.

En los tres estados afectados por el PIM, Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones presidenciales del 2018 de manera contundente. Incluso Morelos y Tlaxcala están entre las diez entidades en las que obtuvo mayor votación.

Entre los pueblos nahuas afectados hay quienes confirman que confiaron en él, pues en mayo del 2014 el entonces presidente del Consejo Nacional del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) realizó un recorrido por Morelos y en un mitin en Yecapixtla aludió al proyecto que en ese momento estaba en etapa de construcción: “Yo aquí quiero expresarles que nosotros vamos a defender con todo lo que podamos a los pueblos. No queremos ese gasoducto, no queremos esa termoeléctrica, y no queremos tampoco las minas que van a destruir el territorio y van a contaminar las aguas. Vamos a apoyarles en todo lo que podamos, pueden contar con nosotros. México no es territorio de conquista, no es para que vengan los extranjeros aquí a apropiarse de todo. ¿Qué les pasa a éstos? Es como si fueran a Jerusalén y construyeran un basurero tóxico o una planta nuclear”, dijo en un encendido discurso en medio de aplausos.

Samantha César, integrante del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua (FPDTA) Morelos, Puebla y Tlaxcala, retoma esas declaraciones para explicar el sentimiento de traición de los pueblos: “Ya como presidente de México, las comunidades le pidieron que cancelara el proyecto y que recordara su promesa, él respondió que les llevaría una propuesta”, pero aún no sabían “lo que se traían entre manos”.

El 8 de febrero de este año, en su conferencia de prensa matutina, el presidente anunció la realización de una consulta pública para poner en operación la termoeléctrica de Huexca, la cual se llevaría a cabo los días 23 y 24 de febrero. Dos días después, asistió al balneario El Almeal, en Cuautla, para explicar el proyecto y la consulta.

López Obrador dijo que si la planta no opera, se perderán en un año cerca de 4 mil millones de pesos de dinero del pueblo. “Escuchen radicales de izquierda, que para mí no son más que conservadores”, espetó a la misma gente con la que se comprometió en 2014, “si no se utiliza la termoeléctrica de la Comisión Federal de Electricidad, una empresa de la nación, en vez de tener luz para alumbrar todo Morelos tendríamos que seguirle comprando la luz a las empresas extranjeras, así de claro, entonces a la hora de votar nada más piensen en eso”, dijo. Ahí, entre la gente aglomerada atrás, con una manta en la mano, el defensor nahua Samir Flores Soberanes no paraba de gritar.

El parteaguas

En el patio de su casa, en el centro de Amilcingo, Morelos, la tarde del 20 febrero Ofelia se limpia las lágrimas mientras se prepara para ir al velorio de Samir Flores Soberanes. “Nos dejó dicho que cuando no estuviera le subiéramos más, que no nos espantáramos, que no nos dejáramos humillar. A nosotros como pueblo nos dieron donde más nos duele, mataron al hombre más bueno, a un gran luchador que miraba por todos”, dice, sin dejar de frotarse las manos agrietadas de una mujer del campo.

A las 5:50 de la mañana de ese 20 de febrero, tres días antes de la anunciada consulta presidencial, Samir Flores, defensor del territorio nahua y comunicador comunitario, fue asesinado en el patio de su casa.

Su sepelio fue una multitudinaria marcha de protesta exigiendo justicia y suspensión definitiva del proyecto. Que no se realizara la consulta programada fue la exigencia del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua (FPDTA) Morelos, Puebla y Tlaxcala, pero no fue escuchada y el ejercicio se realizó en medio de protestas, quema de boletas y helicópteros de la policía sobrevolando.

En las comunidades directamente afectadas por el proyecto ganó el rechazo y perdió el gobierno (que se declaró abiertamente a favor del inicio de las operaciones), aunque las cifras oficiales avalaron la puesta en marcha de la termoeléctrica.

Y aquí se juntaron las dos indignaciones: el asesinato de Samir Flores y un proceso de consulta impugnado, que dan pie a la actual etapa de la lucha y de organización comunitaria, un proceso que, afirma Luis Hernández Navarro, coordinador editorial de La Jornada, “tiene un punto climático el 10 de abril, cuando el presidente López Obrador no puede ir a Chinameca a realizar el acto oficial justo en el año que ha declarado este gobierno como el año de Emiliano Zapata”, en ocasión del centenario de su muerte.

La traición y la consulta

El 10 de abril de 2019 se conmemoró en la ex hacienda de Chinameca el centenario del asesinato a traición del general revolucionario Emiliano Zapata. Un gran templete vacío con el escudo oficial de la presidencia de la República, colocado en una explanada también sin un alma, quedó como mudo testigo de la intención del presidente Andrés Manuel López Obrador de acudir ese día a recordar al fundador del Ejército del Sur, como lo había anunciado semanas antes en Palacio Nacional, junto a los familiares de Zapata.

El presidente fue declarado persona non grata por más de cien organizaciones indígenas, campesinas y populares que integran la Asamblea Emergente Nacional ante la Violencia del Estado y la Autodeterminación de los Pueblos, “por incumplir su palabra empeñada en 2014” de no apoyar la operación de la termoeléctrica de Huexca. Desde Amilcingo, donde se reunieron el 11 de marzo, anunciaron que no permitirían “que la muerte de nuestro Caudillo del Sur sea insultada por la presencia de quien busca impulsar los proyectos de muerte en tierra zapatista”.

Agrupados en el Congreso Nacional Indígena (CNI) y en otras organizaciones en defensa del territorio, llegaron miles de personas a Chinameca, mientras la ceremonia presidencial se realizaba en Cuernavaca. La ocupación del lugar en el que asesinaron hace cien años a Zapata se vivió como una victoria.

Desde el templete, Teresa Castellanos, una de las caras más visibles de la resistencia, mujer nahua amenazada de muerte junto a sus hijas por su oposición al proyecto, fue implacable con la figura presidencial: “Estamos en contra de Andrés Manuel López Obrador porque él está en contra de nosotros. Nosotros no le venimos a hacer la guerra, él nos la hizo a nosotros. Nosotros queríamos hablar con él y él se hizo sordo. Hoy no queremos hablar con él, hoy queremos que el Proyecto Integral Morelos se retire de nuestras comunidades y de nuestros territorios”.

Los pueblos reunidos en Chinameca reclamaron una a una las deudas con ellos en un evento de abierta oposición al gobierno de López Obrador, protagonizado por los indígenas a los que él considera “radicales de izquierda”. Un acto cargado de símbolos que reunió lo mismo a los padres y madres de los 43 de Ayotzinapa que a los campesinos de San Salvador Atenco. Todos rindiendo homenaje no sólo a Zapata, sino también a Samir Flores, emblema de la lucha asesinado el 20 de febrero en Amilcingo. “No sabemos quién mató a Samir, sabemos quién lo señaló”, dijo por su parte María de Jesús Patricio, ex aspirante a la candidatura presidencial del Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno (CNI-CIG).

Hasta ahí llegó también el mensaje del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en un comunicado firmado por el subcomandante Moisés y leído por Marichuy: “Vendrán y se irán malos gobiernos, pero el color de la tierra persistirá y con él todos los colores de quienes en el mundo se niegan a la resignación y el cinismo, quienes no olvidan y no perdonan, quienes llevan la cuenta de agravios, encierros, desapariciones, muertes y olvidos”.

La caravana de inconformes se trasladó después a Huexca, donde se yergue la mole de acero que ha provocado el descontento. Y ahí, frente a la termoeléctrica, hicieron una clausura simbólica y un acto político mientras los activistas pintaban de rojo sus paredes y el piso con las consignas: “Asesinos”, “Agua sí, Termo no” y “Hay un volcán, pendejos”, entre otras.

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