Buscan en la Luna rastros de antiguas civilizaciones extraterrestres
Investigadores proponen analizar el regolito lunar en busca de partículas artificiales que podrían haber viajado por el espacio interestelar y conservarse durante miles de millones de años.
- Redacción AN / MDS

Por Julio García G. / Periodista de Ciencia
La búsqueda de vida extraterrestre ha sido uno de los temas pendientes para la ciencia, no obstante, desde la trinchera de la ficción y de la narrativa, han aparecido innumerables libros —generalmente novelas consideradas clásicas como las de Ray Bradbury, Isaac Asimov o Carl Sagan— y películas (como Contacto) que han abordado la temática desde la perspectiva de qué sucedería si el ser humano contactara con alguna civilización alienígena que tuviera la capacidad de comunicarse (¿cómo sería esta comunicación y en qué términos sería?).
En algunos casos estos encuentros imaginarios han culminado de forma pacífica, mientras que en otras ocasiones se han desencadenado batallas interminables en donde los personajes de la historia se aniquilan unos a otros.
De lo que tenemos poca certeza es sobre qué sucedería en un escenario real donde en las últimas décadas se han desplegado inmensos radiotelescopios los cuales han buscado señales de origen inteligente, tecnofirmas que nos podrían decir si en un determinado planeta —a cientos o miles de años luz— existen realmente otros seres, quizá parecidos a nosotros, con la intención de contactarnos y de entablar una relación, aunque esta última sea con fines amistosos o destructivos.
Hasta la fecha se han detectado más de 6,000 exoplanetas, es decir, mundos que se encuentran más allá del Sistema Solar (muy pocos parecidos a la Tierra). En ninguno de ellos se han hallado tecnofirmas, ni mucho menos algún indicio de vida inteligente o de vida microbiana.
Pero, ¿qué sucedería si cambiáramos un poco la estrategia y comenzáramos la búsqueda de vida extraterrestre en nuestro propio vecindario, en el Sistema Solar?
Eso es precisamente lo que pretenden hacer investigadores del Instituto SETI, una organización fundada en 1984 —impulsada, entre otros, por el fallecido astrónomo estadounidense Carl Sagan— cuya misión principal es la de encontrar civilizaciones más allá de la Tierra.
La propuesta parte de considerar a la Luna como una especie de archivo de unos 4,000 millones de años que nos narre la historia del Sistema Solar y del material procedente del espacio interestelar (el Sistema Solar tiene casi 4,600 millones de años de existencia). A diferencia de la Tierra, la Luna carece de atmósfera, agua líquida y una geología activa que recicle continuamente la superficie. Por ello, partículas que llegaron hace miles de millones de años podrían haberse conservado en el regolito lunar.
¿Qué es exactamente el regolito? Este es una capa de materiales fragmentados —como polvo, arena y rocas sueltas— que llegan a cubrir la roca sólida inalterada tanto de un cuerpo celeste como de la Tierra.
Sin embargo, en nuestro planeta es prácticamente imposible encontrar regolito no alterado. Aunque existen sitios, como los Valles Secos de la Antártida, o el Desierto de Atacama (Chile), que poseen superficies extremadamente antiguas y en donde este material ha permanecido prácticamente inalterado. También hay determinadas regiones muy estables de Australia, donde se encuentran perfiles de regolito que registran procesos geológicos muy antiguos.
Dado que la Luna —al contrario de lo que sucede con la Tierra— no posee atmósfera ni aire que esté constantemente “limpiando” su superficie, nuestro satélite natural es el lugar idóneo para que el regolito permanezca inalterado.
De ahí que los investigadores de SETI planteen la posibilidad de que una civilización tecnológica —actual o desaparecida hace mucho tiempo— podría haber producido partículas artificiales microscópicas resistentes, ya fuera deliberadamente mediante exploración espacial o accidentalmente como residuos de actividades tecnológicas. Además —argumentan— algunas de estas partículas podrían haber viajado entre sistemas estelares y, eventualmente, haber terminado depositadas en la Luna.
Ahora bien, lo que hace novedoso a este trabajo —el cual ha sido publicado como un preprint a mediados de agosto de este año en la revista Journal of Astrobiology— es que intenta transformar esta hipótesis en un asunto científicamente comprobable.
Para ello, los investigadores se dieron a la tarea de desarrollar modelos para estudiar cómo esas partículas podrían viajar por el espacio interestelar, sobrevivir durante el trayecto, incorporarse al regolito lunar y posteriormente ser identificadas.
Para buscarlas podrían utilizarse técnicas de microscopia, tomografía, espectroscopia, caracterización de materiales a escala muy pequeña —nanométrica— y análisis de imágenes mediante inteligencia artificial.
Lo que también resulta muy interesante es que los científicos calculan que analizar cuidadosamente aproximadamente un metro cúbico de regolito lunar ya permitiría comenzar a establecer límites cuantitativos sobre la cantidad de material artificial duradero que podrían haber producido civilizaciones tecnológicas a lo largo de la historia de la Vía Láctea, nuestra galaxia.
Además, incluso si no apareciera ninguna partícula artificial, ese resultado tendría un relevante valor científico, porque permitiría establecer los primeros límites experimentales para este tipo de tecnofirmas.
Por otro lado, las próximas misiones lunares resultan fundamentales porque las muestras obtenidas por programas como Artemis (de la NASA) y Chang’e de China, además de futuros análisis directamente sobre la superficie lunar, podrían proporcionar el material necesario para poner a prueba la propuesta de los investigadores de SETI.
Lo más importante de este nuevo estudio es que, en realidad, no afirma haber encontrado tecnología extraterrestre, sino más bien lo que propone es un nuevo método de búsqueda de inteligencia extraterrestre donde lo más importante ya no es buscar únicamente señales de radio o láser emitidas por otras civilizaciones, sino buscar restos microscópicos de tecnologías que podrían haber existido incluso hace miles de millones de años.
En otras palabras: la propuesta consiste en utilizar a la Luna como una especie de registro arqueológico de la galaxia, buscando ente su polvo partículas artificiales microscópicas que pudieran construir evidencia de tecnología extraterrestre antigua o actual.
La búsqueda de vida en otros planetas siempre nos ha fascinado quizá porque, como especie, nos sentimos muy solos en un Universo tan vasto; o tal vez se deba a que necesitamos validarnos a nosotros mismos para darle sentido a lo que somos o podríamos ser; o porque simplemente nos caracterizamos por ser una especie con una curiosidad innata que parece no saciarse.
Por la razón que sea, los científicos —a través de recursos públicos y privados, sobre todo provenientes de países como Estados Unidos— han invertido, desde los años ochenta, mucho dinero en esta búsqueda (películas como Contacto lo ilustran muy bien).
Esperemos que sea a través de este método, el científico, como se demuestre que en otros planetas existen (o no) civilizaciones de otro tipo. Porque también prolifera el pensamiento basado en la superchería, promovido por aquellos que afirman —sin ninguna prueba concreta— que seres de otros planetas ya se encuentran caminado entre nosotros.
Así, las tecnofirmas serán fundamentales para determinar la posible existencia de civilizaciones tecnológicas más allá de nuestro planeta, y la Luna podría ser el sitio idóneo para lograrlo. ¿Cuándo? Esto nadie lo sabe con certeza.



