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Plan B; la lucha es por la percepción | Artículo de David Ordaz

Esta reforma permite a la presidenta medir sus fuerzas en el Congreso, obligar a los opositores a decantarse y preparar condiciones en busca de liderazgos que si le respondan y que no tenga que negociar con ellos.

  • David Ordaz
20 Mar, 2026 13:48
Plan B; la lucha es por la percepción | Artículo de David Ordaz

El pasado fin de semana, las dirigencias nacionales de los partidos Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo en el Congreso de la Unión, informaron que alcanzaron un acuerdo para apoyar el Plan B de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, enfocado principalmente en reducir y poner un tope en el presupuesto de los Congresos locales, salarios de sus legisladores, recortes en regidurías en los municipios del país, someter temas electorales a consultas públicas y la posibilidad de adelantar la consulta sobre revocación de mandato.

La dirigente de Morena, Luisa Alcalde, expresó que “es un momento histórico para la democracia de nuestro país, porque durante demasiado tiempo el sistema electoral fue diseñado para proteger privilegios y mantener distancia entre el pueblo y el poder” y “representa una oportunidad para avanzar hacia una democracia más austera y cercana a la ciudadanía”.

Por su parte, Karen Castrejón, presidenta del PVEM y Alberto Anaya, dirigente del PT, respaldaron el Plan B y señalaron que representa un paso importante para fortalecer nuestra democracia y consolidar un Estado más eficiente y menos oneroso”.


Lo cierto es que más allá de las frases hechas y aburridas de siempre, el interés de impulsar esto tiene que ver con una narrativa de continuidad del obradorismo, que al más puro estilo priísta, su único interés es preservar el poder a toda costa.

Además de contar con un capital político como son los programas sociales y sin una oposición real, esta reforma permite a la presidenta medir sus fuerzas en el Congreso, obligar a los opositores a decantarse y preparar condiciones en busca de liderazgos que si le respondan y que no tenga que negociar con ellos.

Por si fuera poco aún tiene dos fichas para jugar. Son dos viejas máximas de Andrés Manuel López Obrador: mentir y victimizarse.

Mentir es la primera fase al seguir sosteniendo que esta reforma la pide a gritos “el pueblo”. Esa falacia repetida mil veces por los líderes de su partido, aplaudidores a modo y cajas de resonancia coordinados por Jenaro Villamil y Jesús Ramírez.

Al “pueblo”, como ellos le llaman, sus intereses giran en torno a la inseguridad, la pérdida de empleo y los altos costos de prácticamente todo.

Victimizarse es la segunda fase, pues de no lograr el cometido, se podría buscar la idea de una “democratización” que la oposición bloqueó. La lucha será por la percepción.

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