opinión*
“El trabajo invisible de José Emilio Pacheco”, artículo de Javier Aranda Luna
por Redacción AN
(Foto:Especial)

El periodista Javier Aranda Luna escribió en el diario La Jornada un artículo donde expresa la importancia del escritor José Emilio Pacheco en la literatura mexicana, en el cual evoca recuerdos de textos y conexiones con otros escritores mexicanos que pertenecieron también a la corriente literaria denominada como la generación del 50.

El trabajo invisible de José Emilio Pacheco

La Jornada/ Javier Aranda Luna

20 de marzo del 2013

Ya es tiempo de hacer el inventario de las deudas que tenemos con José Emilio Pacheco, uno de los grandes poetas de nuestra lengua y uno de los mejores cronistas literarios de Hispanoamérica.

Si sus poemas han continuado y renovado nuestra tradición poética, sus crónicas literarias han sido una ventana para reivindicar a nuestros clásicos y para mostrarnos lo más significativo de lo que se escribe en el extranjero.

Resulta impensable comprender la literatura de los siglos XIX y XX de nuestro país sin su mirada critica tan rica en los analisis multiculturales donde la antropología, el cine, la música, la historia le sirven para compartirnos sus asombros y descubrimientos.

¿Cuántos poetas, novelistas, ensayistas debemos a su generosidad?

El entusiasmo de José Emilio por la literatura lo ha hecho escribir crónicas estupendas y no pocas traducciones realmente notables. Y para ilustrar esto último baste pensar en la bellísima traducción de La estrella de madera, de Marcel Schwob, o en Cuatro cuartetos, de T.S. Eliot, la mejor traducción que se haya hecho de ese poema a cualquier idioma, según me confiara un Octavio Paz notoriamente emocionado, por encima incluso de la traducción francesa en la que participara el propio Eliot.

Cuando en 1988, se cumplió el centenario de Eliot, José Emilio Pacheco publicó en las páginas de La Jornada una primera versión de Cuatro cuartetos y un año después la inconseguible edición de la Gaceta, publicada por el Fondo de Cultura Económica. A partir de entonces y para fortuna nuestra, Pacheco no abandonó el poema. Ya veremos más adelante, que en realidad lo abandonamos nosotros. De tiempo en tiempo lo ha seguido trabajando, en una especie de horas extras contra las que no existe huelga posible ni remuneración justa. Una década después publicó otra versión que no sólo cumple con la forma poética usada por Eliot sino alcanza el propósito más profundo de su poesía: provocar con el lenguaje coloquial, la imaginación auditiva. La sonoridad es fondo y motivo de emoción. Y eso logra José Emilio en su version más reciente que debo a su generosidad.

Eliot escribió Cuatro cuartetos entre 1939 y 1942, en medio de la guerra. Por eso nos dice en el poema que hay otros sitios que son también el fin del mundo. ¿Cuándo nos compartirá su versión más reciente de Cuatro cuartetos?

Quiero apuntar entre paréntesis que por la primer versión que tanto elogiara Paz, José Emilio no recibió un centavo. El día que hagamos el inventario de la traducción de ese gran poema emprendida por José Emilio, estaremos documentando cómo la poesía se abre camino –como la vida– a pesar del ninguneo de unos y de la mezquindad de los odiantes.

Lee el  artículo completo en la Jornada.

Redacción AN

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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