‘El asesino del conejo blanco’, un thriller que nos lleva a la mente de un asesino serial
El director J. Xavier Velasco apunta que el contexto mexicano permite que estas narrativas tengan buena aceptación entre el público.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
Un despiadado asesino que aterroriza la ciudad dejando como pistas figuras de origami con forma de conejos junto a cada una de sus víctimas. Nora Sierra (Adriana Llabrés), una agente de psicología criminal y Eder Ballesteros (Andrés Almeida), un solitario veterano, se enfrentarán al reto de pensar como él para atraparlo, metiéndose en una búsqueda para dar con el paradero del conejo blanco (Hoze Meléndez) y evitar que siga cometiendo crímenes.
Bajo la dirección de J. Xavier Velasco, llega a las salas Psicópata: El asesino del conejo blanco, una película que en tono de thriller nos sumerge en la mente de un temible asesino serial.
¿Qué te atrapó del guion de Psicópata: El asesino del conejo blanco?
Es curioso porque apeló a mi “yo” cinéfilo y a mi adolescencia cuando vi películas como El silencio de los inocentes o Seven. El thriller es un género que me apasiona y varios de mis trabajos anteriores van por ese camino, de modo que cuando leí el guion me sentí identificado con su lenguaje. De inmediato creí que podía aportar una visión y llevarlo a la realidad. Por otro lado, me pareció una gran oportunidad poder trabajar con un reparto tan talentoso.
El thriller es un género que tiene sus condiciones, sin embargo, la película intenta ir más allá y abordar temas como la consecuencia de la violencia.
La premisa siempre fue intentar darle la vuelta a la forma en cómo se cuentan este tipo de historias. El guionista Fernando Barreda Luna tenía claro que quería una historia realista por eso nuestra protagonista “Nora”, sufre de Trastorno de Identidad Disociativa, un trastorno al que comúnmente se le identifica como Identidad Múltiple y que en el cine ha sido retratado de una manera muy fantasiosa. Además, queríamos que fuera un rasgo del personaje principal y no del villano. Nos interesaba una perspectiva psicológica y en ese sentido cada personaje tiene fracturas o heridas emocionales que los espejean. Por otro lado, si bien no es una película de horror sí quería crear atmósferas horroríficas y llevar al límite diversas situaciones.
En México gustan las películas sobre asesinos seriales, pero no podríamos hablar de una tradición dentro de este subgénero, ¿no?
Desgraciadamente México está sumido en una violencia muy lamentable. Específicamente en el tema de los asesinos seriales podemos encontrar películas como Profundo carmesí, Bajo la sal o incluso un videohome sobre la Mataviejitas, no obstante, el true crime se ha trabajado más desde una perspectiva documental. Hay circunstancias como la poca credibilidad en las autoridades o la impunidad que dificultan abordarlo, no obstante, creo que irnos por el lado psicológico nos permitió trabajarlo de una manera realista.
Cierto, la película intenta comprender las causas o el funcionamiento de la mente de un asesino.
Fernando Barreda investigó sobre distintos trastornos como la psicopatía, la identidad disociativa o el Síndrome de Estocolmo para construir a los personajes. A los actores y a mí nos tocó empaparnos de su investigación. Adriana Narváez consultó con una psiquiatra que tiene pacientes con este trastorno; Jorge hizo varias lecturas para comprender los procesos mentales de su personaje. Es decir, hubo mucha investigación por todos lados.
¿Cómo director qué reto te implicó hacer la película?
Fue un gran reto, no solo en términos técnicos, también en la dirección de actores. No quería irme a lo caricaturezco ni perder verosimilitud. A nivel personal lo más complicado fue encontrar el balance. Queríamos una estética cercana al cine negro, pero siempre merodeando el cine de horror. Mi opera prima Cocodrilos, que se estrenará en septiembre, plantea una reflexión muy distinta porque ahí hablo de los asesinatos a periodistas, entonces esta película me llevó a otro lado.
¿Por qué el thriller y el cine de horror tienen buena recepción en México?
El cine de horror y en general el arte que maneja estas temáticas apela a la catarsis emocional y ayuda a liberar sentimientos de agresividad dentro de un entorno seguro. El gusto del mexicano por el cine de horror o sobrenatural también se debe a que está conectado con nuestra cultura y cosmogonía. De alguna manera México está muy inmerso en un contexto que permite que estas narrativas lleguen mucho.






