opinión*
Linck y las alternativas campesindias en la 4ª Transformación | Artículo
por Julio Moguel
(Foto: Conacyt).

Julio Moguel

I

Thierry Linck, el rebelde, el iconoclasta y libre pensador de nacionalidad francesa, autor de una obra prolífica y de larga data en torno al campo mexicano, viene de morir. El deceso llegó en la madrugada del pasado martes 13 de agosto, fecha acaso escogida por él mismo para abandonar el mundo y dejar marcado, en las entrelíneas acostumbradas de su magnífica prosapia de humor y de ironía, que en ese día del calendario no hay que casarse o embarcarse sino todo lo contrario, o al revés. Murió, dice su hija, “apaciblemente, durante el sueño. Mi mamá, que dormía en el cuarto de a lado con la puerta abierta, no oyó ningún ruido. Yo llegué [después] de Saint Nazaire y lo encontré con una expresión bella, tierna y vulnerable a la vez.”
¿Pero de qué se alimentan estas líneas? ¿Caben en un artículo como éste? Sin duda alguna, pues, ya habrá el momento para mostrarlo amplia y consistentemente, Linck es uno de los intelectuales extranjeros que han ayudado como pocos a escudriñar los secretos más profundos y vitales de las realidades campesinas e indígenas de nuestros tiempos.

II

Frente a los moldes más comunes de interpretación, un punto en particular define un cambio fundamental de paradigmas y de perspectivas de análisis en y desde el pensamiento de Linck, a saber: que el modelo campesino e indígena de desarrollo “revela un principio de coevolución de saberes, de las variedades y de los medios o entornos del cultivo”. Y que “en este último modelo, los saberes se convierten en una parte íntima y propia del entreveramiento de los flujos y procesos que estructuran los ecosistemas”, de tal forma que “no pueden disociarse de lo vivo mismo”. Flujos y procesos que, dicho en otro momento por el propio Linck, se articulan como “cadenas tróficas” que establecen relaciones determinadas con “el sistema alimentario global”. Forjando así una lógica particular de relación entre “lo local y lo global” (lo glocal, diría Giacomo Marramao) y, de paso, “entre el corto y el largo plazos”.

Estas aseveraciones de Thierry las tomo al vuelo de algunos de sus innumerables apuntes, pero, pudiera decirse, aparece como eje fundamental de concepto y reflexión en el desarrollo de su obra. El más conocido de sus primeros textos, El campesino desposeído (1988), ya considera el tema como central en los análisis del campesinado y de lo indígena. Dice Linck en el prólogo de su libro:

Producido lejos de los lugares donde se proyecta, planeado conforme a intereses a menudo ajenos a los agricultores, difundido a expensas de sus conocimientos y experiencias, el cambio técnico contribuye frecuentemente a reforzar centros de poder exteriores a la agricultura. Asimismo, al afectar directamente la organización de la producción y el equilibrio entre actividades fomenta nuevas modalidades de acceso a los recursos productivos y al espacio. En este sentido, puede identificarse como un importante objeto de conflictos que marcan la evolución de las sociedades campesinas [e indígenas] y de sus vínculos con la sociedad global.

En este caso, “el cambio técnico” debe leerse en su connotación más comprehensiva, implicada en la idea, posteriormente bautizada por Linck como “saberes técnicos”, de ser polo de una dupla indisociable en la que el otro polo conceptual será conceptualizado por Linck como “saberes relacionales”.

Para extenderse de inmediato en una reflexión fundamental:

Veremos así que las opciones tecnológicas se han definido en forma tal que puedan servir de argumento, de base de poder, para legitimar (a expensas de los agricultores y del personal técnico de campo pero también a expensas de un funcionamiento armonioso de la máquina administrativa del gobierno) un fuerte centralismo y el peso de una jerarquía rígida.

“Base de poder” sobre la que se establece el proceso sistémico de “despojo” al que se refiere el mismo título de la obra:

Despojo […] del libre uso de los patrimonios comunitarios. El fenómeno es notable, en lo referente a patrimonios territoriales, como lo revela el manejo de los agostaderos y bosques.

Mas este tipo de despojo sólo forma parte de procesos de desapropiación más sutiles y complejos. De allí que Linck explique que el proceso de despojo al que remite el título de su obra se refiere también a los

[…] patrimonios culturales, en particular a los conocimientos y a la experiencia que se han venido acumulando y transmitiendo a través de las generaciones [con] pérdida[s] de […] capacidad[es] [para] movilizar y coordinar en forma autónoma los esfuerzos colectivos e individuales y, sobre esta base, [para] desarrollar nuevas fuerzas productivas.

III

Esos “conocimientos” y “experiencia” acumulada y transmitida por generaciones por parte de los campesinos serán definidos posteriormente por Linck simple y llanamente como “saberes”. Con lo que ello implica de cara a la distinción, en cierto sentido radical desde el punto de vista del logos y la episteme, de los denominados “conocimientos”.

Esta línea de análisis redefine todo el entramado lógico-formal y paradigmático sobre el que descansa la naturaleza del sistema escolar relacionado con la agro-ciencia (aunque no sólo, como podrá desprenderse del argumento), en sus distintos niveles, colocando en duda, si no en un cuestionamiento franco, todo el sentido formativo en el que se encapsula a los alumnos de la escuela convencional, haciéndoles creer, desde el fundamento mismo de su “estancia separada”, que es “allí” y bajo una lógica de estudio acumulado y “progresivo” –libresco en lo fundamental, aderezado con algunas “prácticas de campo”– como se adquieren los conocimientos o las capacidades del quehacer laboral que les espera.

El tema conduce a reconsiderar la problemática de la “distribución de poderes”: la “separación” formal de los conocimientos y saberes en los espacios institucionalizados “del saber” y la política –escuelas, universidades, centros de investigación, dependencias gubernamentales– de aquellos que son propios e “íntimos” a la reproducción técnico-social de los “ecosistemas” –productores campesinos e indígenas en primer lugar, en este caso– implica de hecho un proceso expropiatorio “de poderes sustantivos” (los que pertenecen a los productores directos asociados), necesario para que el sistema mercantilizado pueda entrar en línea y sin problemas en su mecánica “normalizada” de expoliación y despojo.

IV

El tema no es menor y se ubica muy sensiblemente en las grandes disyuntivas que se juegan hoy por hoy en el desarrollo agropecuario. Dentro de un marco problemático que, siendo estructural, es genéricamente clasificado por Linck en dos precisos modelos:

1. Por un lado, el modelo técnico-científico que domina “el sistema agroalimentario […], caracterizado por una producción extremadamente centralizada de saberes y de medios técnicos […], tanto por su difusión rápida ligada a la unificación planetaria del mercado. Su modelo es […] disociativo: se basa en una simplificación extrema de los ecosistemas por el empleo de máquinas y de productos preelaborados, en condiciones que llevan a la especialización […], disocian a la agricultura de la biodiversidad, la producción de animales y vegetales, las producciones agrícolas y alimentarias, la concepción y uso de los saberes y de los medios técnicos.”

2. Por otro: el modelo “[…] que reposa sobre una construcción colectiva del potencial genético de las variedades locales, sobre una gestión colaborativa y descentralizada de reserva de semillas, y sobre una lógica de manejo colectivo de saberes y genes.”

Planteando con estas líneas algunos de los parámetros más profundos –y acaso aún menos reconocidos o identificados– de la disyuntiva en la que se juega, frente a la temática indígena y campesina, la Cuarta Transformación.

Julio Moguel

Economista de la UNAM, con estudios de doctorado en Toulouse, Francia. Colaboró, durante más de 15 años, como articulista y como coordinador de un suplemento especializado sobre el campo, en La Jornada. Fue profesor de economía y de sociología en la UNAM de 1972 a 1997. Traductor del francés y del inglés, destaca su versión de El cementerio marino de Paul Valéry (Juan Pablos Editor). Ha sido autor y coautor de varios libros de economía, sociología, historia y literatura, entre los que destacan, de la editorial Siglo XXI, Historia de la Cuestión Agraria Mexicana (tomos VII, VIII y IX) y Los nuevos sujetos sociales del desarrollo rural; Chiapas: la guerra de los signos, de ediciones La Jornada; y, de Juan Pablos Editor, Juan Rulfo: otras miradas. Ha dirigido diversas revistas, entre ellas: Economía Informa, Rojo-amate y la Revista de la Universidad Autónoma de Guerrero.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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