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Un nuevo mundo reaviva la esperanza de hallar vida más allá de la Tierra

Por primera vez, astrónomos confirmaron una atmósfera en un planeta rocoso situado en la zona habitable de otra estrella, un avance clave en la búsqueda de vida más allá de la Tierra.

  • Redacción AN / MDS
19 Jul, 2026 01:31
Un nuevo mundo reaviva la esperanza de hallar vida más allá de la Tierra
Imagen artística de un exoplaneta. Imagen: NASA.

Por Julio García G. / Periodista de Ciencia

Encontrar planetas fuera del sistema solar -parecidos o casi iguales al nuestro- ha sido, en los últimos años, una de las grandes obsesiones de los astrónomos y, también, una ardua tarea de investigación y observación. 

Afortunadamente, gracias a la utilización de tecnología de punta –como los grandes telescopios que están desplegados en diferentes puntos de la Tierra y el espacio– han logrado hallarse, hasta el momento, 6,324 exoplanetas. 

De estos, la mayoría se encuentran a decenas, cientos o incluso miles de años luz, en nuestra propia galaxia, y no se sabe bien a bien si tienen atmósfera o no.

Sin embargo, pareciera que el mundo que habitamos no es tan especial como creemos (¿la vida sí podría ser especial?) porque, hace apenas unos días, un equipo internacional de astrónomos, encabezado por el Centro de Astrofísica de Harvard y del Smithsonian en Estados Unidos, anunció el primer descubrimiento confirmado de una atmósfera alrededor de un planeta rocoso ubicado en la zona habitable de otra estrella. 

El hallazgo resulta histórico y muy alentador desde el punto de vista de la búsqueda de planetas habitables debido a que -al parecer- estamos cada vez más cerca de encontrar algún mundo similar al nuestro.

El planeta en cuestión se llama LHS 1140 b y está a 48 años luz. Además, orbita una enana roja cuya luz tarda en llegar a la Tierra 48 años. Por lo tanto, lo que sabemos de este planeta y la estrella que lo hospeda sucedió hace más de 40 años (los astrónomos siempre están mirando hacia el pasado como consecuencia de que la luz se transmite a una velocidad finita: 300,000 kilómetros por segundo).

Imagen artística del exoplaneta LHS 1140 b. Imagen: Melissa Weiss/CfA. 

LHS 1140 b posee un radio cercano a 1.7 veces el de la Tierra y una masa superior a cinco veces la terrestre, por lo que está clasificado como una supertierra rocosa.

La evidencia de su descubrimiento proviene de la detección del helio que está escapando de su atmósfera cuando el planeta transita frente a su estrella.

Para lograr detectarlo, los investigadores utilizaron el espectro WINRED, instalado en el telescopio Magella/Clay, en el Observatorio Las Campanas (Chile). El helio ya había sido detectado en observaciones realizadas en 2024, aunque no apareció en las de 2025. Esto sugiere que la pérdida de atmósfera puede variar con el tiempo por razones que ahora se desconocen. 

De acuerdo con los autores, la detección de helio constituye una prueba directa de que el planeta ha logrado conservar una atmósfera; la presencia de esta última es un requisito para mantener agua líquida y quizá condiciones aptas para la vida. 

Lo más relevante de todo es que nunca se había confirmado una atmósfera en un planeta rocoso situado dentro de la zona habitable de otra estrella. 

Pero, ¿qué es la zona habitable o zona de habitabilidad de una estrella?

Esta zona habitable es la región alrededor de un astro donde un planeta podría mantener agua líquida en su superficie, siempre y cuando reúna ciertas condiciones, aunque dichas condiciones no necesariamente son suficientes para que la vida pueda surgir. 

Gráfica que muestra las diferentes zonas habitables en función del tipo de estrella que hospeda a un planeta y de la distancia de este último con respecto a su astro. Imagen generada por IA. 

Entre estas condiciones destacan una distancia adecuada a la estrella donde el planeta se encuentra para que la radiación recibida permita temperaturas compatibles con el agua líquida; una atmósfera estable que sea capaz no solamente de regular la temperatura sino distribuir el calor entre el día y la noche, además de mantener una presión suficiente para que el agua permanezca líquida. 

También es importante que el planeta orbite una estrella relativamente estable, ya que las estrellas muy activas pueden emitir llamaradas y radiación que erosionen la atmósfera de los planetas cercanos (aunque las enanas rojas pueden vivir miles de millones de años, muchas presentan una intensa actividad magnética, especialmente durante su juventud). 

Obviamente, también es necesario que, para que surja la vida, se produzca un tiempo suficiente, es decir, que esta no surge de forma espontánea, sino que tarde millones de años en irse desarrollando y, por consiguiente, es importante que los factores de estabilidad se sostengan conforme van pasando los años. 

En lo concerniente a este descubrimiento, los investigadores consideran que la atmósfera superior está dominada por helio, mientras que gases más pesados, como dióxido de carbono, nitrógeno, vapor de agua o incluso oxígeno, podrían encontrarse en capas más profundas. Sin embargo, estos compuestos todavía no han sido detectados, por lo que no existe evidencia de que LHS 1140 b tenga actividad biológica. 

Por otro lado, el nuevo estudio también comparó este planeta con LHS 1140 c, otro mundo rocoso del mismo sistema estelar, mucho más cercano a su estrella. En este caso no se encontró evidencia de atmósfera, lo que refuerza la idea de que la distancia a la estrella desempeña un papel fundamental en la capacidad de un planeta para conservar su envoltura gaseosa y protectora de la radiación proveniente de la estrella que la hospeda. 

Imagen artística de una estrella enana roja. Imagen: Wikimedia Commons. 

Respecto a lo que constituye este descubrimiento en términos de la búsqueda de vida más allá de la Tierra, los autores han mencionado que este hallazgo marca el inicio de una nueva etapa en el estudio de exoplanetas rocosos. 

Por lo tanto, las futuras observaciones que se hagan (como por ejemplo con el telescopio James Webb que desde hace unos años posa su mirada desde el espacio), junto con los futuros telescopios gigantes que se construyan, permitirán analizar con mayor detalle la composición química de la atmósfera de LHS 1140 b. 

Lo más interesante de todo, y a la vez lo más esperanzador, es que a través de la composición química de la atmósfera de un planeta pueden detectarse más fácilmente biofirmas. Estas últimas son signos o huellas de elementos químicos que están relacionados no solamente con el surgimiento de la vida, sino también con la presencia de ella. 

Si algún mundo rocoso y distante presenta estas biofirmas, quizá pueda hablarse por primera vez de la presencia de vida (aunque sea solamente microscópica y no muy compleja). 

Si en verdad existe vida en otros planetas –algo que por el momento no está confirmado– el hecho cambiaría para siempre la visión que tenemos del Universo y de nosotros mismos porque el antropocentrismo pasaría a segundo plano ante el hecho de que existen otros sitios donde la vida también se está desarrollando o donde ha avanzado lo suficiente para tener consciencia de su propia existencia (al igual que ocurre con nuestra especie). 

Imagen artística del telescopio James Webb. Imagen: Wikimedia Commons.

Por el contrario, si en nuestra larga y ardua búsqueda no encontráramos otras formas de vida –un escenario también plausible– entonces ésta no sería tan común en el Universo y probablemente solo sea producto de hechos demasiado fortuitos donde el azar y la probabilidad de que aparezca es extremadamente baja o casi nula (sí, nosotros y otras especies que pueblan la Tierra podríamos ser los únicos).

Hasta el momento solamente sabemos que nuestro planeta es el único que alberga vida, pero, si en otros planetas la hay y nunca la hallamos, quizá es que esté muy lejos o, como ya he mencionado, simplemente no exista. 

Recordando y parafraseando las palabras del ya fallecido astrónomo Carl Sagan: ¿no sería un gran desperdicio de espacio que la Tierra fuera el único mundo donde la vida pudiera surgir y desarrollarse?, ¿bajo qué principios establecemos qué es la vida y qué no lo es? Hasta el momento, la única referencia que tenemos para responder a esta pregunta proviene de nuestra propia existencia y de la de los demás seres que habitan este planeta. 

Sin embargo, hay indicios bastante sólidos que apuntan al hecho de que la vida comenzó a partir de cierta química fundamental que fue complejizándose lentamente, a lo largo de miles de millones de años mediante la evolución.

Por lo pronto, solamente nos toca esperar qué sucederá en el futuro cuando nuestros telescopios se hagan más sensibles y puedan descubrir planetas similares a la Tierra, o al menos con características parecidas al nuestro como lo es LHS 1140 b. La espera, muy probablemente será larga, pero también apasionante.

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