‘Desconfío de la literatura curativa, me parece una estafa’: Ray Loriga
El escritor español habla en entrevista de su nueva novela ‘Sábado, domingo’.
(Redacción AN/Alfaguara).

Por Héctor González

La última escena de Sábado, domingo (Alfaguara), la nueva novela de Ray Loriga (1967) transcurre en el hotel Tuxpán, del centro histórico capitalino. El escenario poco tiene que ver con el lugar donde transcurre la entrevista con el español. Desde las alturas de un hotel de la zona de Polanco se ve la nata de contaminación que cubre la capital del país, “es tremendo”, reconoce el escritor.

A dos años de haber ganado el Premio Alfaguara por Rendición, Loriga publica una nueva novela. La historia va está en otro registro: a través de la historia de Federico, un hombre que intentan aclarar un evento que marcó su adolescencia para liberarse de la culpa, el narrador reflexiona sobre temas como melancolía y la culpa.

Sábado, domingo cuenta la historia de un tipo que se ahoga en un vaso con agua, ¿no?

Algo así. Muchas veces buscas razones o excusas para justificar cosas que pertenecen a tu propio comportamiento. El protagonista un tipo inteligente y un estudiante brillante, es al mismo tiempo un inútil social. De adolescente se dedica a seguir a su amigo “Chino” por pereza y comodidad. Algo así como ir en una jungla detrás de quien abre camino con un machete. Su problema es que le toma tiempo descubrir que él es responsable de sí mismo.

¿Por eso constantemente se anda por las ramas?

Tiene como dos vocecitas. Una intenta detenerlo y otra lo insta a seguir, por eso divaga y se deja llevar. No obstante, todo el tiempo se intenta revelar a su propia acción.

Es mejor perder dos guantes que uno solo, escribes al final del libro.

Sí, porque el otro se queda insoportablemente viudo. La imagen tiene que ver con asumir las pérdidas. A veces hay que buscar otra tarea y motivación para no quedarse atado toda la vida a un solo guante. A veces no soltamos una experiencia incluso positiva y nos quedamos agarrados a algo por emociones como la melancolía. Para mí la literatura tiene más relación con el análisis y la reflexión sobre las emociones que con las curas. Desconfío de la literatura curativa, me parece una estafa.

Hablas de la melancolía, pero también está muy presente la culpa.

El protagonista enfrenta la culpa por no haber enfrentado un suceso. Su encuentro con la camarera años después le lleva regresar a aquel evento e intenta conocer el tamaño de su culpa.

¿Por qué la culpa puede ser tan aplastante?

Nacemos con una idea de pecado original, incluso antes de hacer cualquier cosa. Todo el tiempo nos hecho creer que somos culpables de algo y en consecuencia magnificamos nuestros actos. No obstante, y más allá de la culpa religiosa que promueve la tradición judeocristiana, creo que es inherente al ser humano. Todos tenemos un sentido ético personal e intransferible. Uno sabe cuando en el trabajo ha pisado a un compañero o ha aplicado una mala arte.

 ¿Tu estándar ético cómo es?

Cuando fallo siempre me queda una sensación extraña. En la escuela cuando los grandes me molestaban y un día dejaban de hacerlo para irse con el compañero de al lado, tampoco era de los que salían en defensa del otro.

¿Por medio de la literatura has tomado alguna venganza?

Es una buena pregunta. Mi primer libro, Lo peor de todo, habla de la escuela y sí tenía algo de acto de venganza. La literatura es algo demasiado sofisticado y complejo como para gastar las balas en un ajuste cuentas. Sin embargo, si había un mensaje hacia aquellos que en la escuela se creían tan listos.

¿Usaste nombres de antiguos enemigos para algunos personajes?

Sí, fue curioso porque en mi inocencia puse con nombre y apellido a los idiotas que me pegaban en clase. Por alguna razón la novela tuvo cierto éxito y mientras firmaba libros en una feria en Madrid, llegaron algunos compañeros. Unos querían partirme la cara y otros se lo tomaron con humor. Ya no lo he vuelto a hacer por si las dudas.

¿De aquel primer libro hasta ahora ha cambiado mucho tu idea de la escritura?

El primer libro es todo un sueño y eso nunca lo olvidas. La sensación de ver tu novela en una librería es mágica porque hay cientos de autores que lo han intentado y no lo consiguen. Cada que me siento a escribir me acuerdo de eso y si bien es verdad que ahora ya tengo una editorial importante y cada libro sigue cierto proceso, no me dejo de emocionar cada que me siento a escribir.

¿El Premio Alfaguara de hace dos años te supuso presión?

No. Llevo escribiendo toda la vida. No es por presumir, pero sin premio ya había tenido traducciones y giras por Latinoamérica. Si bien el premio tiene una envergadura muy grande, no representó un gran salto cuántico, aunque evidentemente sí te sirve para ubicarte en primera fila o en el mapa de las cosas.

Dicen que cuando un escritor gana un premio importante su siguiente libro posterior no es tan bueno…

Eso dicen, pero no entiendo la razón. Te lo repiten tanto que puede agobiar. Incluso hay una regla no escrita en la crítica literaria: si ponen bien tu libro premiado, con el siguiente son más duros y lo califican como una obra de transición. Curiosamente con esta novela me ha sucedido lo contrario.

El protagonista del libro habla consigo mismo todo el tiempo. ¿Tú eres de hablar solo?

Todo el tiempo y yo pensaba que todo mundo era así. Supongo que se debe a mi trabajo. Los escritores pasamos mucho tiempo solos y en algo hay que pensar entre la soledad y el silencio.

¿Y eres tan duro contigo como lo eres con el personaje de Federico?

Sí, no tengo mucho que ver con él, pero soy muy duro. A veces pienso que no debería machacarme tanto.

Incluso lo castigas con la narcolepsia…

Narcolepsia y epilepsia, este último lo he padecido desde niño. Me parecía interesante ponérselo al personaje. Es una enfermedad que no te afecta psicológicamente, aunque sí crea una duda constante sobre lo sucedido. Me parecía interesante darle este rasgo al personaje.

En la novela hay alusiones a Supertramp, Tony Orlando, José Luis Rodríguez “El Puma”.

Hablo de las canciones que escuchaba en aquella época. Supertramp todavía me gusta, aún guardo los vinilos. La primera del libro pertenece al género de la novela de iniciación y la pérdida de inocencia. La música me ayuda para contextualizar una época, pero además he escrito algunos libros como Héroes, donde hablo de la fascinación adolescente por la música y en concreto por David Bowie. Antes ponía música para trabajar, pero ahora lo hago más en silencio.

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