‘El Complot Mongol’, una obra de rabiosa actualidad: Sebastián del Amo
El director intentó respetar el espíritu de la novela a la hora de adaptarla para cine.
(Cinépolis).

Por Héctor González

Sebastián del Amo leyó El Complot Mongol a los 13 años y desde entonces supo que tendría que hacer algo con la novela. Su adaptación del clásico de Rafael Bernal llega a las salas y lo hace con un elenco que incluye a Damián Alcázar, Bárbara Mori, Eugenio Derbez, Roberto Sosa, Salvador Sánchez, Ari Brickman, Hugo Stiglitz y Xavier López “Chabelo”.

A diferencia del clásico policiaco, el director ubica su película en 1963, año en que asesinaron a John F. Kennedy. En ese marco, el detective Filiberto García deberá desactivar el plan por medio del cual China pretende matar al presidente estadounidense durante su visita a México.

¿Qué relación tienes con la novela de Rafael Bernal?

Tendría como 13 años cuando me la regaló mi mamá y te puedo decir que El Complot Mongol es de las novelas que me inculcaron el gusto por lectura. Aunque soy un pésimo dibujante, a los veintitantos hice un cómic inspirado en el libro. Cuando presenté mi película El fantástico mundo de Juan Orol, en el Festival de Guadalajara, ya llevaba bajo el brazo el proyecto para buscar financiamiento. En el camino se me atravesó Cantinflas, una película de encargo pero que me produjo muchas satisfacciones. Hace dos años por fin retomé el guion solo que ahora también como productor.

¿Te planteaste la adaptación desde la posición del fan?

Intenté serle fiel al espíritu del libro. El complot mongol es una clásica novela negra: tiene héroe y antihéroe; una mujer fatal; desenlace trágico; y una visión descarnada de la vida. Sin embargo, una de sus principales características es el humor y esto hace entrañable al personaje de Filiberto García. El rescate del espíritu tragicómico condicionó la puesta en cámara. Me interesaba hacer cómplice al espectador de los pensamientos de García. Dentro del cine negro el recurso clásico es la voz en off, yo preferí hacerlo con el rompimiento de cámara al estilo de House of Cards, donde el personaje voltea directamente a cámara para dirigirse al espectador.

Pero no solo eso, hay una apuesta estética…

Sí, la película tiene una influencia muy clara de la literatura pulp de espías y guerra. En dado caso y a diferencia del cine negro clásico, quisimos usar una plantilla de color muy llamativa y con contrastes muy fuertes.

¿Es en la apuesta visual donde te apropias de la historia e imprimes tu sello como director?

Soy un director se clava mucho en la producción: el diseño de vestuario, la propuesta fotográfica o la caracterización. En El Complot Mongol la música es un elemento importante. Me gusta volcar una cantidad importante de información al equipo para tengan claro a donde quiero llevar la película. Cuando consigues que el crew se involucre con el proyecto a nivel personal obtendrás la mejor versión de cada uno.

Una forma de darle actualidad a la película son los guiños a la política reciente.

A pesar de que la novela fue escrita hace 50 años sigue teniendo una rabiosa actualidad. Miras el contexto internacional y se mantienen las intrigas entre Estados Unidos y Rusia o la Operación Berlín. Esto me permitió incluir los guiños del México actual. Si conseguimos que alguien se acerque a la novela a partir de la película habremos superado la prueba y la ignorancia retrocede dos casillas.

La primera adaptación del libro fue la realizada en 1977 por Antonio Eceiza y la verdad ya no se sostiene. Es decir, no es fácil llevar al cine una obra tan popular.

Honestamente cuando me acerqué por primera vez a los descendientes de Rafael Bernal desconocía aquella versión. Ellos mismos me dijeron que Eceiza no los había entendido y es verdad. Tomó decisiones muy raras. Por lo mismo, recibieron muy bien la idea de hacer una nueva adaptación. De hecho, uno de sus hijos sale en la película, es uno de los extras que aparecen en la cantina El Tío Pepe.

En tu versión te tomas varias licencias. La más evidente tiene relación con la temporalidad: la novela transcurre en 1969 y tú la llevas a la época de Adolfo López Mateos.

Me parecía interesante trasladarla a la era de Kennedy, un presidente al que sí mataron. Además, encontré una nota sobre un supuesto intento para asesinarlo en México. Antes del crimen Oswald estuvo por aquí, de modo que me agarré de eso.

¿Dirías que la película se ubica en la frontera entre cine autoral y comercial?

Los realizadores mexicanos debemos aspirar a crear un balance entre el cine autoral y el comercial. No me parece sostenible un cine de arte que no da ninguna concesión al gran público y apuesta solo por un jurado en Finlandia o Francia. Creo que esta es una posición snob que raya en lo misma actitud del “Tigre” Azcárraga cuando decía que hacía televisión para jodidos. Por otro lado, al cine comercial hay que darle mayor propuesta en lo visual y temático. No podemos quedarnos al nivel del pastelazo o de la comedia romántica, género del cual ya estamos abusando. Si conseguimos un punto de equilibrio podremos hablar de una industria sustentable

Tres de tus películas se ubican en mediados del siglo XX, ¿por qué te interesa ese periodo?

Suelo encontrar inspiración en la historia. Sin embargo, que tres películas coincidan en ese periodo es casualidad. El año entrante Fox comenzará a transmitir una serie histórica basada en Lorencillo, El Pirata y ubicada en el Veracruz de 1683. También estoy preparando un proyecto de ciencia ficción basado en Operación Bolívar, el clásico de Édgar Clement.

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