“José Abella y la misoginia en el periodismo” (Artículo de Témoris Grecko)
Durante el sexenio de Javier Duarte, el empresario veracruzano usó su medio para desacreditar a víctimas.

“Los cínicos no sirven para este oficio”: Ryszard Kapuściński.

Por mí, que desguacen el avión y lo vendan por piezas. Se ha convertido en algo que nos distrae de muchos asuntos más importantes.

Unos sacan provecho de él, utilizándolo como arma política.

Otros sacan provecho de él, haciendo como que están hartos de que se saque provecho de él.

Miren este periódico, El Buen Tono, de Córdoba, Veracruz. Su dueño tiene una mueblería del mismo nombre. Se llama José Abella y es un tipo peligroso. 

Durante el sexenio de Javier Duarte, Abella usó su periódico para desacreditar víctimas y quitar así problemas a su góber precioso. 

Su especialidad es difamar mujeres asesinadas.

Es lo que hizo con Fernanda Rubí Jiménez, una chica que tenía 21 años cuando fue secuestrada, en 2012.

Tres años más tarde, la madre de la muchacha, Araceli Salcedo, interceptó a Duarte en una escalinata en Orizaba y le exigió resolver el caso, “porque no hacen nada. Aquí está su pueblo mágico, señor, donde nos desaparecen a nuestros hijos. No se burle, ¡quite su sonrisa!” El momento fue registrado en un video que alcanzó 300 mil vistas en YouTube.

Era el 23 de octubre de 2015. El día 25, El Buen Tono aseguró sin evidencias, en su nota principal de portada, que Rubí era la novia de un jefe de Los Zetas y que por eso se la habían llevado. “Si la hija era la amante del líder de plaza de los delincuentes, que ahora no exija justicia”, concluyó el texto supuestamente informativo . “Qué bueno que las desaparezcan”, dijo Abella en un artículo de opinión firmado por él y publicado el 26, que reafirmó en Twitter. “Por mí, si encuentran a todos los desaparecidos que han participado con la mafia, que se vuelvan a morir”.

El 8 de febrero de 2016, un grupo de hombres vestidos de militar, con armas de alto poder y equipo táctico, entró en la casa de Anabel Flores, reportera de 32 años, en la ciudad de Orizaba, y se la llevó. Su cadáver, con huellas de tortura, fue hallado al día siguiente. Sin haber realizado investigaciones, las autoridades duartistas afirmaron que el motivo del crimen era la complicidad de la víctima con el narcotráfico.

“Yo la corrí hace ocho meses porque su nivel de vida no correspondía con su salario, traía ella una Patriot, una camioneta de esas Jeep, y ganaba 6 mil pesos (350 dólares), creo, al mes, entonces no te encontraba la razón de cómo podía ella andar en una camioneta de ésas”: José Abella, dueño de El Buen Tono, se refirió así a Anabel, al día siguiente de que hallaron su cadáver. Lo entrevistaba por teléfono el periodista Enrique Hernández Alcázar, de la estación W Radio. “Después investigamos y resulta que se la había regalado Lalo, un jefe de plaza” criminal, aseguró Abella con voz firme, “lo que hacía ella era coludirse con los malandros para que nos bloquearan, nos ocultaran lo que pasaba en la región”. 

Abella hacía sus afirmaciones con seguridad, como quien sabe perfectamente de lo que habla. Pero en pocos minutos quedó claro que no era así. El periodista cuestionó que el empresario presumiera su “responsabilidad ciudadana” porque, según su dicho, a pesar de que habían echado a la reportera por supuestos vínculos criminales, no presentaron una denuncia ante las autoridades. Ahí tropezó el interlocutor: “No soy el director, soy el dueño y yo tengo otras empresas. Tengo mil trabajadores, ¿tú crees que voy a estar sabiendo yo de ella? Ni la conocía”. ¿Cuándo supo lo que pasaba? “Yo me enteré hace tres días, cuando la secuestraron, y ya me platicaron toda la historia”. Entonces, señaló Hernández Alcázar, todo lo que Abella había afirmado eran chismes, sólo “es lo que dicen”. “Nosotros no somos policías, yo no voy a estar investigando”, respondió el dueño del periódico.

Días después, alguno de los muchos enemigos de Abella (se jacta de videos de YouTube en los que aparece agarrándose a golpes en la calle) filtró una foto en la que está con seis hombres con armas largas, que parecen ser de uso exclusivo del ejército. Abella aseguró que eran sus escoltas y que son exmiembros de los GAFE (como los fundadores de los Zetas).

¿Cómo es que puede andar por descampados con una banda armada un hombre conocido por su inclinación a la violencia?

Abella se expresó también en términos despectivos sobre reporteros de su periódico que se quejaron del riesgo en el que estaban. Los llamó cobardes. Pero él sí estaba muy bien protegido.

¿Falta algo? Además de atacar mujeres, Abella amenaza a periodistas como Noé Zavaleta, Aurelio Contreras y Noé Carrillo. En un estado donde matar reporteros es cotidiano.

En su portada de El Buen Tono, Abella asegura que no quiere caer en el juego del avión. Aunque lo que está haciendo es dedicarle la portada al avión. 

Se sigue con que AMLO tiene que velar por la seguridad de sus gobernados. Lo que jamás le pidió a Duarte.

Y termina, en una proeza de cinismo, reivindicando el “honor de la niña Fátima”.

El mismo sujeto que no tuvo empacho en humillar con mentiras a una joven desaparecida y a una reportera torturada y asesinada.

No quiero imaginar lo que hubiera dicho de la pequeña si otra cosa conviniera a sus intereses.

#EsoEsCinismoNoPeriodismo

 



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