‘México padece esquizofrenia, está atrapado en la ficción’: Iván Soto Camba
El ganador del Premio Mauricio Achar Literatura Random House habla de su novela ‘Pistolar’.
(Redacción AN/Literatura Random House).

Aunque Iván Soto Camba (Guadalajara, 1982) se siente más poeta que novelista, la realidad es que no cree en los géneros literarios. Su apuesta es por una escritura híbrida, tan es así que cuando terminó Pistolar lo inscribió en concursos de poesía y novela, pare ver dónde pegaba. Al final encontró su salida en la narrativa y obtuvo el Premio Mauricio Achar Literatura Random House 2018, con un relato que retoma las cartas escritas por Luis Alfredo J. A., un individuo esquizofrénico que lo mismo enviaba mensajes a Dios que a Francisco Labastida. A partir de sus misivas, Soto se propuso reflexionar sobre el correo no deseado y su relación con la literatura.

Así que todo empezó por un libro que te encontraste…

Sí, me lo enseñaron más bien. Tras la muerte de Luis -protagonista del libro-, su hermano encontró unas cien cartas. Las imprimió e hizo una edición casera llamada Qui huboles. Me la mostró en una comida y en un rato me aventé todas. Apenas terminé le pedí permiso de usarlas.

¿Por qué te quedaste con las cartas y no con el personaje de Luis?

Las cartas me parecieron hilarantes y al mismo tiempo conmovedoras. A través de ellas pude asomarme a la realidad de la esquizofrenia. Además, el hermano de Luis es muy cercano a mí y no quería incomodar su memoria. Por otro lado, mi intención original era hacer un libro de poesía. Quería responder a cada carta con un poema. Lo que más me interesaba era el texto y la forma. Hasta el final fue cuando comencé a preguntarle a mi amigo sobre Luis.

De hecho algunas cartas tienen una estructura casi poética.

Sí, primero hice unos veinte poemas. Unos con mi voz y otros con la voz de otros interlocutores como Dios o Francisco Labastida, a quienes Luis envió mensajes. Durante el proceso de escritura me encontré un libro de cartas célebres e históricas, su lectura me descubrió que si omitía los nombres de los remitentes obtenía resultados muy similares. Fue así como encontré la conexión entre el correo no deseado y las cartas de Luis, lo que a su vez me ayudó a empezar un ensayo al respecto.

El libro despliega también una línea hacía el “Yo”.

Las cartas toman tres direcciones: El hombre y Dios; El hombre y otros hombres; y El hombre consigo mismo. La construcción de las tres líneas me gustó porque ayudó a que la esquizofrenia dejara de ser tan importante. Finalmente, los deseos de Luis son los de cualquier persona: dinero, trabajo, una pareja y paz. Quiere lo que todos queremos.

En las cartas, en particular en las que retomas del libro de cartas célebres, predomina la megalomanía.

Sí, porque los remitentes se sienten los elegidos de Dios para contrarrestar su marginalidad.

En este contexto insertas una carta que López Obrador envío a Evo Morales…

Decidí incluirla antes de que ganara las elecciones. La escribió en 2006, cuando se autonombró “presidente legítimo”. Me pareció un ejemplo perfecto de correo no deseado. Me imagino que a Evo Morales no le importaba demasiado la presencia de López Obrador. La gente poderosa tiene cierta megalomanía. En una carta Leonardo da Vinci escribe que es mejor artista que cualquiera; Elvis le dice a Nixon que es uno de los mejores hombres de América.

Incluyes una carta de Roky Erickson, músico y además realmente esquizofrénico.

Es verdad, su carta es una de las más parecidas a las de Luis.

Tu libro raya dentro de la literatura del absurdo, ¿por qué te interesa esta corriente?

Para mí el absurdo es un refugio porque no me gusta escribir directamente sobre política o violencia, me interesa más su aspecto existencial. Quería ligarlo con la realidad social, pero sin hacerlo de manera explícita. Me encantan Ionesco o Wilcock, creo que son unos maestros para eso.

Hace unos meses Leonardo Teja publicó Esta noche, el gran terremoto, otro libro que merodea por la literatura del absurdo. Tanto él como tú hacen escala en Mario Levrero.

Levrero me gusta mucho. No he leído todo, sólo sus columnas y La novela luminosa, pero me interesa porque es un autor híbrido y que, sí, juega con el absurdo. No conozco la novela de Teja, pero es curioso porque en México casi no se trabaja este subgénero. Imagino que en un país como el nuestro es ineludible hablar de la violencia o la crisis, México está en ruinas y tal vez por eso es un tema obligado. No es que a mí no me afecte, simplemente como todo mundo lo hace, yo intento irme por otro lado sin dejar de referirme al presente. Después de todo, pareciera que México padece esquizofrenia, está atrapado en la ficción de que se va a transformar radicalmente aunque está sumido en una crisis profunda.

¿En qué tipo de ficción está metido el país?

La del cambio total. Me parece muy ingenuo pensar que por elegir a un presidente se acabará la violencia y la pobreza, es como un deseo de esquizofrénico.

Hace un momento hablamos de los libros híbridos; en Pistolar hay poesía, ensayo, carta…

No creo en los géneros. Cuando terminé el libro no sabía qué hacer. No tengo muchas conexiones editoriales que así lo rolé con amigos escritores. Unos decían que era poesía, otros ensayos y sólo uno lo leyó como novela. Alguien me sugirió meterlo a un concurso de cada género. Participé en uno de poesía y no pasó nada; lo inscribí en el Premio Mauricio Achar de Novela y ganó, a pesar de que no es una novela muy ortodoxa.

Pero tiene que ver con la época, vivimos un tiempo fragmentado e híbrido.

Sí, me interesa la literatura contemporánea que se interesa por la forma más que en la trama.  

Hay también intertextualidad, algo propio de la poesía.

Quería jugar con el tema del copyright y para protegerme incorporé las citas. En lo personal no interesa demasiado el tema de los derechos de autor. Si alguien usara un pedazo de uno de mis libros me parecería interesante, a pesar incluso de que no me guste la obra. El copyright es un tema industrial no literario. Además, si das el crédito no debe haber problema.

¿Te sientes más poeta que narrador?

Estoy en medio, todavía no sé que piensen los poetas del libro. El proyecto que ahora traigo entre manos va por la misma línea.

Una última reflexión que se desprende de Pistolar, es acerca de la comunicación y el ruido innecesario, finalmente el spam es eso.

Así es y se acumula en un lugar que nadie visita. En el libro, el edificio de Luis simboliza la bandeja de spam. Me gusta ligar esta experiencia al trabajo poético: escribes y escribes, cuando la realidad es que nadie te lee. Hay más poetas que lectores de poesía.

En general hay más libros que lectores…

Exacto, la escritura literaria es muy parecida a la creación de spam. Mientras escribía el libro me imaginaba haciendo un correo no deseado.

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