El agitado primer año de Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos 
De ser un magnate, Trump llegó a ocupar la Oficina Oval; desde entonces, el curso de la diplomacia internacional actual tomó otro rumbo posicionando a Estados Unidos en la mira del mundo a tan solo un año de gobierno.
Foto: Reuters

Donald Trump, el magnate neoyorkino que llegó a la Oficina Oval el pasado 20 de enero de 2017 con la promesa de “hacer a Estados Unidos grande de nuevo”, inyectando un gran nivel de nacionalismo, se ha convertido, en apenas el primer año de su administración, en el mandatario que más controversia a causado en todo el mundo.

Una cosa es clara: el paso de Trump por la presidencia de la nación más poderosa lo ha dotado de las herramientas necesarias para influir, no sólo en el rumbo de Estados Unidos sino de diversos países en el mundo. Lo cual ha generado caos que ha dado a la nación estadounidense una nueva ola de aliados y enemigos.

Con apenas tres días al mando de Estados Unidos, Trump decidió sacar al país del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), impulsado por su antecesor, Barack Obama, y que habían suscrito 12 naciones, entre ellas, Canadá, Chile, Australia, Perú y Brunei.

Pese a ser un acuerdo emergente que beneficiaría a varias potencias, la retirada del Estados Unidos del TPP era algo que se veía venir pues, incluso desde su campaña, el mandatario se mostró escéptico de las decisiones realizadas por sus antecesores, por lo que ya como presidente, inició la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y, más tarde, sacó a su país del acuerdo climático de París 2015, el pasado mes de septiembre.

La derogación del Obamacare también fue uno de sus propósitos principales. Sin embargo, en julio pasado, con una votación, el Senado rechazó la última versión de los planes republicanos para derogar grandes partes de la Ley de Asistencia Asequible. El senador John McCain tuvo el voto decisivo. Más tarde, con la reforma de ley de impuestos, los republicanos lograron debilitar la ley lanzada por Obama.

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Relación México-EU con más fricción que nunca 

Además, Trump no se olvidó de México. A menos de una semana de que ocupó el despacho oval firmó una orden ejecutiva para la construcción de un muro en la frontera común y provocó que el presidente Enrique Peña Nieto suspendiera su viaje a Washington.

Peña Nieto habría sido el primer mandatario en reunirse con Trump; no obstante, la postura del presidente de Estados Unidos y su insistencia por hacer que el gobierno mexicano pagara la construcción, generó una discusión hasta ahora inconclusa respecto a quién será el responsable de los gastos. México ha reiterado que no pagará ni un centavo por esa valla por lo que Trump decidió atacar por otro costado: el estatus migratorio de los dreamers.

Más de 800,000 jóvenes, en su mayoría mexicanos, pertenecen al Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA). Sin embargo, Trump ha condicionado el estatus de los dreamers al presupuesto de la construcción del muro asegurando que “sin muro no hay acuerdo migratorio”. Lo cierto es que, en comparación al primer año de Barack Obama, han sido menos las deportaciones de mexicanos en la administración de Donald Trump.

EU cierra puertas a migrantes

Los dreamers no han sido los únicos afectados por la reformas migratorias de Trump. Recientemente, el mandatario decidió eliminar el programa de TPS que permitió a miles de hondureños y haitianos llegar a Estados Unidos debido a la situación que se vive en sus países, como los desastres naturales.

Uno de los casos más severos tuvo lugar el 27 de enero, cuando no dudó en firmar una orden ejecutiva que prohibía la entrada a ciudadanos de siete países de mayoría musulmana: Siria, Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen, durante 90 días, diciendo que la medida es necesaria para prevenir los ataques terroristas.

La premura del decreto desencadenó la detención de decenas de personas en los aeropuertos del país, lo cual desató una crisis interna y a nivel internacional. Entre gritos y pancartas de “Bienvenidos refugiados”, la gente protestó a las afueras de las terminales aéreas, lo cual llevó a los tribunales a bloquear la orden, por lo que la Casa Blanca tuvo que volver a redactar el veto.

El escándalo más reciente protagonizado por el presidente de Estados Unidos fueron los supuestos comentarios racistas en contra de migrantes de países africanos, El Salvador y Haití, a los cuales se refirió como un “hoyo de mierda”, según senadores presentes en la charla sobre el acuerdo bipartidista de migración.

Incluso dijo que era mejor “traer noruegos”. Sin embargo, Trump negó lo dicho.

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Trump es puesto es prueba

La llegada de Trump a la presidencia trajo una gran división entre los estadounidenses, que quedó evidenciada con los los actos violentos en Charlottesville, Virginia, encabezados por la supremacía blanca.

El mandatario se limitó a culpar a ambas partes de la violencia que dejó una mujer muerta. Esta situación le trajo muchas críticas pues tardó días en manifestar una postura al respecto.

Además, la pericia del mandatario fue puesta a prueba con el paso de los huracanes Harvey, Irma y María, que golpearon a Texas, Florida y Puerto Rico.

La reacción del gobierno fue diferenciada ya que la ayuda no fue la misma en los tres casos, lo que irritó más a la comunidad internacional. Incluso llegó a protagonizar peleas a través de Twitter con la alcaldesa de San Juan Puerto Rico.

Por otro lado, el presidente, quien desde su campaña criticó y repudió severamente los actos de terrorismo, se limitó a atribuir a “un problema mental”, el asesinato de 58 personas y más de 500 heridos durante un concierto de country en Las Vegas, luego de que un estadounidense abriera fueron desde la ventana de un edificio.

La nueva diplomacia internacional 

Surgieron rumores de una supuesta injerencia rusa en las elecciones de 2016 y con ello, el 13 de febrero, Michael Flynn tuvo que dejar su puesto como asesor de Seguridad, en medio de acusaciones haber mentido sobre las conversaciones con el embajador ruso.

La investigación sobre el llamado Rusiagate tomó mayor relevancia, por lo que Trump decidió despedir el 9 de mayo a James Comey, director del FBI, quien encabezaba las indagatorias. Días después, el 17 de mayo, el Departamento de Justicia asignó a Robert Mueller, ex director del FBI, como fiscal especial en la investigación sobre Rusia.

Desde entonces, las filtraciones no han dejado de surgir; incluso una de ellas reveló que su hijo, Donald Trump Jr., y su yerno, Jared Kushner, se reunieron durante la campaña presidencial con una abogada rusa quien le había prometido información poderosa para dañar a Hillary Clinton.

Fue así como su gabinete inicial poco a poco se empezó a descomponer. En agosto, además de la salida de Flynn, Sean Spicer dejó de ser el vocero de la Casa Blanca. Y la salida que causó más causó más controversia fue la de su otrora aliado, Steve Bannon, quien más tarde revelaría detalles del presidente y la colusión rusa en el libro Fuego y Furia del Michael Wolff.

Pese a los intentos de los abogados de Trump por frenar el lanzamiento del libro, la editorial adelantó la venta inicial. Ese mismo día, Bannon pidió disculpas al presidente.

Las tensiones con Corea del Norte fueron la constante de este año. El 3 de septiembre, luego de que desde Pyongyang se ordenara y ejecutara una prueba con una bomba de hidrógeno y misiles balísticos que cruzaron Japón, Trump informó a la Asamblea General de las Naciones Unidas que era capaz de destruir totalmente a Norcorea si Estados Unidos corriera peligro.

Desde entonces, las amenazas entre el mandatario norteamericano y el líder norcoreano, no han cesado. Incluso el presidente Trump ha asegurado tener un “botón nuclear más grande y poderoso” que el del líder norcoreano.

Por otro lado, Trump causó revuelo en todo el mundo al oficializar su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y prometió trasladar ahí la embajada estadounidense. Esto causó disturbios y enfrentamientos en todo Medio Oriente, a lo que el presidente hizo caso omiso.

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Hasta ahora, el futuro aún es incierto. Lo que es verdad es que la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos ha intensificado la lucha sobre la libertad de expresión. Incluso, recientemente entregó los Premios a las Noticias Falsas, encabezados por CNN y The New York Times, dos de sus grandes rivales en los medios de comunicación.






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