‘El reggaetón profundo refleja la rabia de los jóvenes’: Alejandro Carrillo #Letrasynotas
El escritor obtuvo el Premio Mauricio Achar con su novela ‘Adiós a Dylan’.
(Alejandro Carrillo/Penguin Random House).

Como será de importante la música para Alejandro Carrillo Rosas (1981), que su primer libro transpira canciones de Bob Dylan. Ganadora del Premio Mauricio Achar, Adiós a Dylan (Literatura Random House), es una novela iniciática con influencia de la generación beat.  En entrevista, el joven narrador recorre su geografía musical, misma que hace escalas en Café Tacvba, Rubén Blades, Pink Floyd y Gallo Lester.

¿Qué música escuchaba de niño?

Por el lado de mi madre tenía a Joan Manuel Serrat, Caetano Veloso; de la trova de Silvio Rodríguez hasta Enya. Del lado de mi padre tenía la influencia de la salsa dura de Héctor Lavoe y Rubén Blades.

Bastante variado el escenario…

Sí, eran polos apuestos. A ninguno le gustaba la música del otro. Mi papá era de bailar y mamá más de poner discos para leer.

¿El primer disco que se compró?

El primero cd que compré fue uno de éxitos de Tex Tex, pero antes me había comprado un cassettes de Café Tacvba, El Tri y Botellita de Jerez.

Siempre ha sido rockero…

Sí, cuando empecé a encontrar mi música, lo primero fue Café Tacvba, El Tri, Maldita Vecindad y Tex Tex. En aquellos años mi máximo era la estación Órbita 105.7, también fui un poco skato.

¿Nunca pensó en dedicarse a la música?

Cuando era niño jugaba a armar mi banda y dibujaba las portadas de mis cassettes. A los 24 años formé parte de una banda, Los malditos hippies, pero me corrieron porque soy malo para la guitarra. El mundo del rock no me gusta tanto, cada vez me interesa menos la adoración del artista; lo pretencioso del indie me parece superficial. Ahora me siento más cercano a la música de mi papá, Rubén Blades me gusta más que otras cosas de rock.

¿Incluyendo a Bob Dylan?

No, Bob Dylan llegó después, lo descubría por ahí de los 19 años. Él está fuera de los círculos y vicios del rock, se puede dar el lujo de sacar un disco de música cristiana o de hacer un homenaje a Sinatra. Me gusta que no se preocupe por el género.

¿Hay literatura en el rock?

Claro, Bob Dylan y Tom Waits son ejemplares. Incluiría a Rubén Blades, es extraño porque tiene cosas panfletarias como ‘Juan Pueblo’, pero a cambio tiene otras que son más sencillas y poéticas.

¿Qué canción le sale bien en la guitarra?

Después de tantos años, la que mejor me sé es ‘Whish You Were Here’. Pink Floyd me gusta un montón. Sus canciones son literarias sin duda.

Dígame 5 canciones que formen parte del playlist de su vida…

‘El padre Antonio y su monaguillo Andrés’, de Rubén Blades; ‘Like a Rolling Stone’, de Bob Dylan; ‘Whish You Were Here’, porque ha significado muchas cosas a lo largo de mi vida; ‘El hijo desobediente’, de Tex Tex; y ‘La guitarra’, de Los Auténticos decadentes, sigue siendo un himno en para mí.

¿Qué canción de Dylan engloba su novela Adiós a Dylan?

Sin duda ‘Like a Rolling Stone’, esa canción dice todo.

¿Escucha música mientras escribe?

Sí, casi siempre. En Adiós a Dylan me sucedió algo extraño porque de pronto no sabía que se seguía en la historia y me tiraba a escuchar canciones de Dylan para encontrar el rumbo.  Mi próxima novela es distinta porque la protagonista es una chavita de 16 años, reguetonera. Ahora me la paso escuchando reggaetón.

¿Es justificado el prejuicio contra el reggaetón?

No es justificado. Yo también tenía ese prejuicio, pero ahora pienso que cuando el rock se convierte en indie y pierde los huevos, la única música que abandera la rabia de los adolescentes sin filtros es el reggaetón profundo, el de los caseríos puertorriqueños.

¿Pero no es misógino?

Sí, claro, pero refleja la sensibilidad de ciertos barrios y no podemos esconderla en función de lo políticamente correcto. El arte debe reflejar lo que somos; sin duda es grave la visión de la mujer, pero el reggaetón sólo lo refleja, no lo promueve.

El mejor músico de reggaetón es…

El que más me gusta es Arcángel.

Su último descubrimiento fue…

Me enorgullezco de haber descubierto a Gallo Lester, una banda dominicana que fusiona merengue con rock y pop. El cantante siempre sale con una máscara de gallo al escenario y nadie lo conoce.

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