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Díaz Ordaz, Hitler y el Presidente | Artículo

Aunque los textos de Sergio Aguayo y Javier Sicilia tienen una estructura argumentativa compleja, sus referencias a 1968 y a Hitler han caído como oro molido en las manos de quienes no están dispuestos a considerar una sola crítica argumentada contra alguna decisión del Presidente.

  • Antonio Salgado Borge
18 Dec, 2021 09:01
Díaz Ordaz, Hitler y el Presidente | Artículo

Antonio Salgado Borge*

El Presidente no es un represor obsesionado con exterminar disidencias y listo para echarles encima al ejército. Mucho menos es un supremacista genocida dispuesto a encerrar y torturar a quienes odia. Lo contrario parece ser cierto. El Presidente más bien da la impresión de ser un humanista y se ha rehusado a aplastar físicamente a otros seres humanos.

Tienen razón entonces quienes afirman que resulta un despropósito igualar a AMLO sin calificación con Gustavo Díaz Ordaz o con Adolfo Hitler. El problema es que Sergio Aguayo y Javier Sicilia, los dos críticos acusados de haber efectuado estas igualaciones, realmente no han hecho tal cosa.

En su artículo Ecos del 68, publicado la semana pasada en Reforma, el doctor Aguayo afirmó que hay dos analogías relevantes entre la reacción del Presidente ante los reclamos en el CIDE y la reacción inicial de Díaz Ordaz a los movimientos estudiantiles de 1968.

La primera consiste en la idea de que un grupo indoctrinado o afín a una corriente ideológica está detrás de las protestas: “Antes del Movimiento del 68 el presidente Gustavo Díaz Ordaz ya desconfiaba de los estudiantes. Los veía como los ‘tontos útiles’ del comunismo internacional que buscaría aprovecharse de las olimpiadas de aquel año para lastimar a su gobierno. La fijación del Presidente actual es con los neoliberales”.

La segunda analogía, estrechamente vinculada con la primera, es la cerrazón al diálogo genuino y con posibilidad de alcanzar acuerdos: “En el 68 el Presidente se negó al diálogo con los líderes del movimiento invocando, como ahora, el principio de autoridad, la legalidad y la institucionalidad”.

El texto de Sergio Aguayo construye a partir de sus analogías una puntual advertencia. Existe una posibilidad de que lo que ocurre hoy en el CIDE termine por extenderse a otras instituciones y que pueda derivar en violencia. La reacción gubernamental ante el movimiento estudiantil de 1968 “pospuso la transición varias décadas y costó miles de vidas. No repliquemos ese camino”.

 

Sería injusto regatear al doctor Aguayo su profundo conocimiento del movimiento de 1968, de las luchas de la sociedad civil organizada y de la violencia en México. Por ende, independientemente de la opinión que se pueda tener de la posición crítica de este académico ante el gobierno, y considerando el encono actual y la espiral que parece estarse formando alrededor del movimiento del CIDE, su advertencia no debería echarse en saco roto. Por el contrario, su llamado para que se establezca un diálogo entre las partes en disputa es tan importante como valioso.

Pasemos ahora a En el Espejo de Hitler, el texto de Javier Sicilia publicado la semana pasada en la revista Proceso. Este poeta y activista, afirma que existen dos analogías relevantes entre Adolf Hitler y el Presidente.

La primera es su manejo de masas: “A semejanza del Führer, AMLO ha construido y sostenido su poder con la masa. Conoce sus mecanismos, sus deseos, los símbolos que la concitan y la reproducen. Sabe, por lo mismo, que entre mayor es la plaza pública, mayor es su capacidad de hacerla crecer”.

La segunda es su obsesión en derrotar a quienes se oponen a su proyecto: “Para Hitler había que vencer a todos, empezando por los judíos. Para AMLO, a quienes se resisten a la transformación: los ‘neoliberales’, es decir, todos aquellos que se niegan a asimilarse a esa masa fervorosa que lo aclama y que llama ‘pueblo’: los intelectuales y la prensa crítica, las instituciones civiles, los movimientos sociales”.

Como en el texto de Sergio Aguayo, las analogías del artículo de Javier Sicilia también se intersectan. Aunque el poeta no lo dice explícitamente, sí desliza la idea de que un hombre con ese manejo de masas y con el imperativo moral de derrotar a sus enemigos podría utilizar lo primero para excluir a algunas personas -los que no se unan a la masa- y luego canalizar el fervor masivo en contra de los excluidos.

Al igual que en el texto de Sergio Aguayo, Sicilia presenta una advertencia que no parece irracional o descabellada. La historia nos muestra que es una muy mala idea lanzar a una mayoría efervescente contra una minoría segmentada por motivos de clase, raza o creencias, por muy culpable que sean algunos integrantes de esta minoría.

 

Aunque los textos de Sergio Aguayo y Javier Sicilia tienen una estructura argumentativa compleja, sus referencias a 1968 y a Hitler han caído como oro molido en las manos de quienes no están dispuestos a considerar una sola crítica argumentada contra alguna decisión del Presidente.

Pero quienes acuden a este tipo de burlas se equivocan o buscan manipular tramposamente a la opinión pública.

Hemos visto que el texto de Sergio Aguayo y el de Javier Sicilia son similares en el sentido de que ambos usan analogías para criticar aspectos del actual gobierno que encuentran preocupantes (esta estrategia se anuncia incluso desde sus títulos –Aguayo habla de ‘ecos’, Sicilia de un ‘espejo’). Pero es importante notar que también hay una diferencia importante entre ambos artículos.

El texto de Sergio Aguayo es impecable y no establece, en momento alguno, una analogía ente el Presidente y Gustavo Díaz Ordaz; la analogía trazada es, en realidad, entre los aspectos de un fenómeno -la protesta estudiantil- y la reacción del gobernante ante el mismo -cerrazón-. En consecuencia, decir que el doctor Aguayo afirma que AMLO es como Díaz Ordaz implica evadir por completo el sentido de su crítica.

En contraste, Javier Sicilia sí que construye analogías directas entre AMLO y Hitler; por ejemplo, cuando señala como una diferencia destacable entre el Presidente y Hitler la falta de proporción entre dos cualidades: inteligencia y disciplina. “Ciertamente AMLO no es Hitler” porque “carece de su genio y de la disciplina de las masas del nazismo”, sentencia el poeta. Este tipo de comparación en poco abona a su análisis. Pero esto no es todo. El texto de Sicilia se contamina adicionalmente por sus punzadas y calificativos; por ejemplo, cuando llama a AMLO “paranoico” sin gran explicación.

Sin embargo, a pesar de los defectos en el texto de Sicilia, resulta falso atribuirle a este importante activista -al que nadie puede regatear su compromiso con las víctimas del crimen y sus familias- la afirmación de que AMLO es igual a Hitler en todo sentido, incluyendo el elemento principal de la descripción asociada con el nombre “Hitler” -supremacista genocida dispuesto a encerrar y a torturar a quienes odia.


Un ejemplo trivial ayuda a ilustrar con claridad este punto. Supongamos que alguien nos dice que AMLO es como Hitler en el sentido de que ambos miden 1.73 estatura. Quien sostenga lo anterior estará defendiendo una verdad indisputable. Pero sería ridículo acusar a la persona que ha establecido esta analogía de haber afirmado que AMLO sea igual a Hitler en todo sentido.

Desde luego, no todos los criterios de comparación son relevantes cuando se trata de establecer analogías entre líderes políticos. Pero tampoco es cierto que todos sean irrelevantes. Separar a los unos de los otros también implica un trabajo complejo. Mientras que la estatura es claramente trivial, el manejo de masas al que apela Sicilia y sus riesgos son evidentemente más importantes para fines analíticos. Pero ni del empleo de la primera analogía ni del empleo de la segunda se sigue una igualación simpliciter; es decir, no calificada.

Es claro que Sergio Aguayo y Javier Sicilia buscaron enfatizar, por la vía analógica, preocupaciones ante aspectos del actual gobierno que consideran importantes. Y el buen uso de esta vía no tendría por qué asustar o escandalizar.

El pensamiento analógico implica siempre un proceso complejo en el que dos o más cosas se comparan en uno o más de sus aspectos. Aquí he argumentado que los textos de Sergio Aguayo y de Javier Sicilia son análogos en sentidos relevantes, pero desanálogos en otros sentidos.

Como hemos visto, mientras que Sergio Aguayo fue pulcro en su uso de analogías, Javier Sicilia abrió la puerta a sus enemigos al momento de introducir algunos calificativos y comparaciones irrelevantes.

Sin embargo, mi comparación de los textos de Sergio Aguayo y de Javier Sicilia basada en su uso de analogías no se tradujo en una identidad cualitativa entre ambos. Es más, paradójicamente, sirvió para subrayar importantes diferencias entre los dos análisis.

Pero entonces lo que dicen sus críticos no se sostiene. En consecuencia, quienes han atacado los textos de Sergio Aguayo y de Javier Sicilia por “igualar” a AMLO con Díaz Ordaz y con Hitler son como aquellos conquistadores españoles que se lanzaron contra los pueblos originarios, su cultura y sus obras en América.

Lo son en el sentido de que atacan algo cuyo funcionamiento no quieren, no pueden, o no les conviene entender. Y no porque yo crea que han cruzado el Atlántico en barcos o que han dicho representar a la reina de Castilla en este continente.

 

*Doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo)
Facebook: Antonio Salgado Borge
Twitter: @asalgadoborge

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