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Las matronas de corales: científicas en México logran arrecifes más resistentes en sus laboratorios

Un equipo de científicas ha reproducido cinco especies de coral en laboratorio y ha logrado que se reproduzcan de forma natural en los arrecifes del Caribe mexicano.

  • Redacción AN / GER
18 Mar, 2026 10:17
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Las matronas de corales: científicas en México logran arrecifes más resistentes en sus laboratorios
Colonias de coral cuerno de alce (Acropora palmata). Foto: cortesía Oceana /Nelly Quijano para Mongabay Latam.

Por Mariana Recamier
Mongabay

En el Caribe mexicano, un grupo de científicas y técnicos se sumergen durante la noche en el mar, con lámparas y redes para atrapar óvulos y espermatozoides de corales. Esta captura es la primera etapa de un programa de reproducción de corales, dirigido por la doctora en biología marina Anastazia T. Banaszak, que se ha convertido en un ejemplo exitoso de restauración coralina en el Caribe. Banaszak lo comenzó hace dos décadas y consiste en capturar material genético de cinco especies, reproducirlas en laboratorio y luego integrarlas al océano.

Este proyecto, que surgió en 2007 y que en la actualidad está conformado por 12 investigadores y técnicos, liderados por tres científicas de la Unidad Académica de Sistemas Arrecifales del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM, representa una esperanza frente a la crisis. Los corales a lo largo del Caribe mexicano han mostrado signos de degradación desde la década de 1980. El impacto de los huracanes, las enfermedades, el cambio climático y la mala calidad del agua han reducido drásticamente la cobertura de coral.

Por otra parte, las colonias sanas restantes están dispersas, lo que dificulta la reproducción natural porque los corales dependen de estar juntos para liberar óvulos y esperma de manera sincronizada. Al estar las colonias separadas, los gametos —óvulos y espermas— no coinciden y no se produce fertilización.

Ante esta problemática, las biólogas de este programa fungen como las matronas de la naturaleza. Han logrado reproducir en laboratorio corales que han sobrevivido a enfermedades y ahora pueden reproducirse solos en el mar. También crearon un banco con 2000 muestras de esperma de seis especies y capacitaron a más de 200 personas en estas técnicas.

“Estoy muy orgullosa de poder decir que la mayoría de las personas en mi laboratorio son mujeres. Creo mucho en empoderar a las mujeres y la verdad es que son muy buenas, especialmente en el tema de cría de corales”, dice la investigadora que encabeza el programa. «Es bien sabido que en la conservación son las mujeres quienes lideran, no solo en la comunidad científica, sino también en las comunidades indígenas. No siempre, pero en general, son ellas quienes realizan, lideran y promueven las acciones en diversos ecosistemas», agrega.

Ciclo de reproducción de corales en laboratorio. Las científicas controlan cada etapa desde la fecundación hasta el asentamiento de las larvas en sustratos artificiales. Foto: cortesía Archivo Coralium para Mongabay Latam.

Un ciclo de reproducción muy cuidado de corales

El proceso para reproducir los corales es largo, requiere mucha preparación y comienza tres meses antes del desove. Banaszak cuenta de memoria todos los pasos. Primero, los investigadores consultan a la doctora en ciencias Vanesa Francisco Ramos para predecir con precisión los meses, días y horas en que los corales liberarán óvulos y espermatozoides. 

Francisco Ramos es una de las tres investigadoras que lideran el programa y se encarga de analizar casi dos décadas de datos sobre desoves de corales recopilados desde el inicio del proyecto. Esa información es clave para predecir con precisión las fechas y horas de reproducción de las colonias.

“La importancia de esto es poder decidir cuándo debemos estar en el agua para colectar [los gametos]. Es muy importante porque si no predecimos bien podemos perder recursos”, comenta Banaszak.

En otro momento de los meses previos, preparan las redes de colecta, reparan aquellas que tengan desperfectos, acondicionan el laboratorio y alistan los sustratos donde más tarde se sembrarán los corales. También organizan los acuarios que funcionarán como “guarderías” de los recién nacidos.

Desove del coral montañoso Orbicella faveolata, una de las especies reproducidas en laboratorio. Foto: cortesía Edgar Escalante para Mongabay Latam.

Cuando llega el momento del desove, la coordinación es importante. Se hacen reuniones para asignar equipos mínimos de dos técnicos-buzos a cada sitio y a cada embarcación. Los buzos se sumergen 20 minutos antes de la hora prevista y colocan las redes sobre diferentes colonias de la misma especie.

Luego de que tanto óvulos y espermatozoides quedan atrapados en las redes, todo el material se lleva a las embarcaciones y de allí al laboratorio, donde las muestras se separan. Algunos espermatozoides se destinan a la crioconservación, es decir, se congelan para formar un banco genético disponible para futuras generaciones, y el resto se envía al laboratorio donde se realiza la fecundación, un proceso similar al de la reproducción asistida de los humanos.

Esa etapa, la de reproducción sexual asistida en laboratorio, está a cargo de Sandra Mendoza Quiroz, maestra en ciencias y coordinadora de restauración en SECORE International, una organización dedicada a la conservación y restauración de arrecifes de coral a nivel mundial. Desde 2013, el programa mantiene una alianza con esta organización.

Laboratorio húmedo donde se cultivan los corales. Foto: cortesía Archivo Coralium para Mongabay Latam.

Cuando se logra la reproducción, los investigadores colocan los embriones en incubadoras con agua de mar estéril para que continúen su desarrollo. Ahí crecen poco a poco hasta convertirse en larvas.

Cuando empiezan a nadar, significa que buscan un lugar donde asentarse. Entonces los científicos colocan sustratos artificiales, hechos de concreto o cerámica, dentro de las incubadoras para que puedan fijarse allí. Estos sustratos se acondicionan previamente en el mar para que tengan las condiciones adecuadas para el asentamiento.

Luego, los corales comienzan un proceso clave: establecer una relación de simbiosis con microalgas del grupo Symbiodiniaceae, tal como ocurre en el mar. Se trasladan a acuarios con luz natural donde se controla la temperatura, la salinidad, la calidad del agua, y se les proporciona alimentación adicional para favorecer su crecimiento. Cuando alcanzan uno o dos centímetros, son llevados al arrecife. A estos pequeños corales que son introducidos en el mar, Banaszak los llama “reclutas sexuales” porque son incorporados o “reclutados” al arrecife después de pasar por reproducción sexual asistida.

“Parte del trabajo, que también ha sido muy importante, es decidir dónde sembrarlos para asegurar que tengan mejores posibilidades de sobrevivir”, dice la científica. Para eso es clave entender tanto las condiciones del arrecife como las condiciones que requiere el coral, “porque trabajamos con diferentes especies y cada una es muy diferente”, comenta la coordinadora.

Corales en sustratos de asentamiento. Foto: cortesía Paul Selvaggio para Mongabay Latam.

En el programa se reproducen cinco especies de corales, cada una con características y necesidades distintas. Por ejemplo, una especie desova al atardecer, mientras que las demás lo hacen por la noche. Las especies son Acropora palmata, conocida como coral cuerno de alce, por su forma; Diploria labyrinthiformis y Pseudodiploria strigosa, ambas conocidas como corales cerebro; y los corales montañosos Orbicella faveolata y Orbicella annularis.

Aunque los programas de reproducción coralina han tenido avances importantes, garantizar que los corales jóvenes sobrevivan a largo plazo sigue siendo un reto, de acuerdo con un artículo científico publicado en diciembre de 2025 en la revista Frontiers in Ecology and Evolution. Para lograrlo es necesario mejorar cómo se eligen los individuos a plantar y asegurar que los sustratos, las estructuras donde se fijan y crecen los corales, sean estables frente a corrientes y tormentas. Además, la selección de los sitios de siembra sigue siendo clave y aún faltan investigaciones sobre el tema.

El monitoreo, la colecta de gametos y la reintroducción de los corales para el programa se realizan principalmente en el Parque Nacional Arrecife de Puerto Morelos y en la Reserva de la Biosfera Caribe Mexicano, aunque el programa cubre sitios en todo el Caribe mexicano.

Reclutas sexuales de coral: jóvenes corales producidos en laboratorio se incorporan al arrecife. Foto: cortesía Archivo Coralium para Mongabay Latam.

Un programa exitoso

En dos décadas, este programa de reproducción ha logrado avances significativos en la conservación de los corales del Caribe mexicano. Los ejemplares producidos en laboratorio han sobrevivido en el mar frente a enfermedades, episodios de estrés térmico, huracanes intensos y el blanqueamiento masivo de 2023, y ahora se reproducen sin necesidad de ayuda.

“No queremos estar restaurando por el resto de nuestras vidas, por generaciones. Queremos que los que restauramos puedan reproducirse solos y eso lo hemos logrado”, cuenta Banaszak.

A partir de esta experiencia, la especialista compara su método con los enfoques tradicionales de restauración coralina. En la mayoría de los proyectos se toma un coral, se corta en fragmentos y estos se fijan directamente en el arrecife o sobre un sustrato preparado. Cada fragmento es un clon de la colonia original, por lo que todos son genéticamente idénticos. Esto implica un riesgo: si ocurre un evento de blanqueamiento, una enfermedad u otra situación de estrés, todos los clones pueden morir de la misma manera, ya que tienen la misma sensibilidad a las amenazas ambientales.

Banaszak explica que su programa funciona de manera diferente: “Cada individuo que formamos es genéticamente distinto”. Se producen millones de embriones y, aunque algunos mueren en las primeras etapas —como también ocurre naturalmente—, los que sobreviven y se siembran en el arrecife son los más resistentes, ya que la naturaleza favorece a los individuos más fuertes mediante la selección natural.

Acuarios donde se alimentan los corales jóvenes, con control de temperatura, salinidad y calidad del agua para favorecer su desarrollo antes de trasladarlos a los arrecifes. Foto: cortesía Paul Selvaggio para Mongabay Latam.

“La filosofía en mi laboratorio es producir el mayor número posible de individuos genéticamente distintos para que, al sembrarlos en el arrecife, la naturaleza escoja cuáles son los más aptos para las condiciones actuales. Por eso, las reclutas sexuales que tenemos han sobrevivido a varios eventos de enfermedades y de blanqueamiento, ya que son las más resilientes a la situación en que se encuentran”, comenta la científica.

Las investigadoras han trasplantado corales en 14 sitios de arrecifes a lo largo del Caribe mexicano desde 2015, de acuerdo con el artículo publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution. Algunas colonias de Acropora palmata, con 14 años de edad, han desarrollado gametos y los han liberado en eventos de desove sincronizados con colonias silvestres del mismo arrecife.

“Eso es lo máximo”, dice Banaszak. “Es como cuando crías a tus hijos y luego los ves con sus propios bebés”.

Según el artículo, las otras cuatro especies de corales formadores de arrecifes producidas en el laboratorio sobrevivieron a la enfermedad de pérdida de tejido de coral pétreo, una afectación que perjudica a más de 30 especies de corales duros y provoca la pérdida rápida de tejido y una alta mortalidad. Además, reclutas más jóvenes resistieron el evento de blanqueamiento masivo de 2023 que afectó al Caribe mexicano.

“Las especies plantadas en la última década han sufrido factores de estrés regionales que han puesto a la población de corales adultos en riesgo crítico. A pesar de estos factores de estrés, la mayoría de los reclutas plantados no se han visto afectados, lo que demuestra que estos nuevos reclutas son más resistentes que las colonias que les dieron origen y que pueden ser la base para la recuperación del arrecife”, cita el artículo.

Diminutos huevos de coral (color rosa) obtenidos durante el proceso de fertilización. Foto: cortesía Archivo Coralium para Mongabay Latam.

Otra parte importante del programa es que las científicas han logrado predecir con mucha certeza el desove de los corales. Su base de datos contiene 889 registros de estos eventos recopilados entre 2007 y 2024, de 13 especies, en 29 sitios distribuidos a lo largo de 400 kilómetros de costa, ubicados en Cancún, Puerto Morelos, Playa del Carmen, Cozumel, Akumal y Punta Allen.

“Publicamos calendarios de desove que muchas personas consultan, así como los protocolos de las técnicas que utilizamos para la cría, los cuales ya han sido replicados en todo el Caribe y en otras regiones del mundo. Además, hemos capacitado a más de 200 personas de distintos países, principalmente del Caribe, aunque también de otras partes del mundo”, comparte Banaszak.

Hasta la fecha, el grupo de investigadoras ha capacitado personas de 23 países del Caribe, incluyendo Colombia, República Dominicana y Cuba. Han ofrecido más de 20 talleres y cursos que incluyen capacitación básica y métodos avanzados en reproducción sexual y restauración de corales.

Un banco para el futuro

Otra contribución muy importante del programa es el banco de espermas a cargo de la doctora María Victoria Grosso Becerra. Este banco, llamado Biorepositorio de Coral Mexicano, fue establecido en 2017 y es uno de los cuatro bancos de criopreservación de este tipo en el mundo. De acuerdo con Banaszak, el repositorio alberga un aproximado de 2000 muestras viables de seis especies de corales formadores de arrecifes que se encuentran en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

“Por un lado estamos produciendo corales nuevos y por otro estamos congelando muestras por si nuestros esfuerzos de restauración no funcionan. Es como un plan B a largo plazo. Para que cuando las condiciones mejoren, al menos haya material genético disponible para que lo usen otras personas”, explica la investigadora.

La experta precisa que “los ovocitos no se pueden congelar. Tienen demasiados lípidos o grasas y no hay forma de congelarlos. Entonces, podemos conservar los espermas y estamos tratando de congelar las larvas. Es un proceso mucho más complicado, pero ya estamos avanzando en el tema”.

Anastazia T. Banaszak, doctora en biología marina, lidera el programa de reproducción de corales del Caribe mexicano. Foto: cortesía Paul Selvaggio para Mongabay Latam.

Los arrecifes de coral albergan el 25 % de la biodiversidad marina y benefician a más de 1000 millones de personas en el mundo con alimentos, ingresos por pesca y turismo. Además, estos ecosistemas son clave para la protección costera y la formación de playas. La especialista destaca que los corales constructores de arrecifes absorben hasta el 99 % de la energía de huracanes y tormentas.

“La industria turística en estas zonas depende de la presencia de los arrecifes, que además dan color azul al agua y generan arena a partir de su erosión. Este turismo en el Caribe beneficia directamente a millones de personas en el mundo. A nivel local, los corales también son fundamentales para la alimentación, ya que lo que se pesca en ellos es una fuente importante de proteína», afirma Banaszak. «Millones de personas dependen de los arrecifes tanto para el turismo como para la seguridad alimentaria”, explica.

No obstante, los arrecifes enfrentan graves amenazas derivadas de la actividad humana. La investigadora señala que las aguas negras de hoteles y municipios no reciben tratamiento adecuado y llegan a los arrecifes. A esto se suman el cambio climático, enfermedades, huracanes, sobrepesca y otros estresores que afectan la salud de los corales y su capacidad de sostener los ecosistemas y las comunidades que dependen de ellos.

“Lo más frustrante es ver cómo el arrecife se va degradando. El cambio climático es real, aunque hay algunos que no lo creen, pero sí es real; se está manifestando y los arrecifes coralinos son como los canarios en las minas”, dice la investigadora. “Están anunciando que algo está muy mal, pero no estamos haciendo mucho caso”.

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