opinión*
¿En qué se parecen Trump y Netanyahu?, un artículo de Etgar Keret
por Redacción AN
(Planeta/Twitter).

 La fiesta judía de Purim está cerca, y nuestro hijo Lev nos ha puesto en jaque con un disfraz particularmente difícil. Tras haberse disfrazado como un gato callejero, un pirata, un zombie e incluso como la esposa del Primer Ministro, Sara Netanyahu, este año ha decidido darle una vuelta de tuerca e ir como el Presidente Donald Trump. “Es el disfraz perfecto: chistoso y tenebroso”, fue el argumento del niño, mismo que nos arrojó a los problemas técnicos del asunto.

“Te pondremos una corbata roja alrededor del cuello, y algo tieso y amarillo en la cabeza”, sugirió mi esposa Shira. “Y yo me enojaré todo el tiempo y daré muchos manotazos al aire”, añadió Lev animosamente. “Podemos ponerte un pin en la solapa con su eslogan de campaña”, ofrecí yo, tratando de contribuir. “¡Sí!”, gritó Lev entusiasmado: “¡Agárralas de la pucha!” Shira protestó de inmediato: “Ese no era el eslogan de Trump. Y encima, ¿si quiera sabes lo que quiere decir pucha?” “La abuela dice que es como tuches[1] pero un poco más extremo”, explicó Lev. “Mamá tiene razón”, le dije, “el verdadero eslogan de campaña de Trump fue ‘Make America Great Again’”.

Gracias a Google, Shira y yo pudimos ganar esta disputa argumental y dirigir nuestra atención hacia problemas más acuciantes, como, por ejemplo, qué tipo de cosa amarilla utilizar para ponerle a Lev en la cabeza. Pero aquella noche antes de caer dormido, lo entendí: el niño tenía razón de nuevo. Aunque aquél no era el eslogan oficial de campaña del Presidente, la frase representaba el lema de su vida, uno que ya ha salido a relucir en sus primeros actos como presidente. El mundo, de acuerdo con Trump, no es un conjunto de personas que deben ser comprendidas, o al menos atendidas con respeto y compasión; es algo que debe ser agarrado.

Para qué dialogar con los mexicanos cuando puedes agarrarlos por los huevos. O con los musulmanes cuando puedes agarrarlos de la burka. Y los rusos —ahora puede que sean nuestros amigos, pero si se pasan de la raya, siempre podremos agarrarlos del Putin—. Resumiendo: a la chingada con la empatía, que vengan los agarrones.

Como un israelí que ha vivido por muchos años bajo el regimen de uno de los más grandes admiradores de Trump, Benjamin Netanyahu, que es un considerable agarrón por su propio derecho, puedo decir que en Israel, cuando menos, agarrar como una forma de política pública no ha tenido mucho éxito en cumplir con la intención que propaga dicha estrategia. Cuando Netanyahu fue electo Primer Ministro, hace más de dos décadas, se promovió como Mister Seguridad, un oficial de una unidad de comando de elite, un autoproclamado experto en terrorismo internacional. Su promesa de campaña fue que derrotaría a los terroristas. A lo largo de los siguientes veinte años, la mayoría de los cuales sucedieron con él sentado en la silla de Primer Ministro, procedió a reemplazar el hablar por agarrar, insistiendo en que utilizar mucha fuerza y muy poca escucha le traería seguridad a Israel. Él ha explicado constantemente que su rol principal como líder no es el de lidiar con la crecientemente deteriorada calidad de vida de los ciudadanos de su país, sino proteger la vida misma.

No obstante, la negativa de Netanyahu a entrar en un diálogo con la Autoridad Palestina hasta que reconozca el Estado de Israel —una negativa que encuentra un eco cercano, por ejemplo, en la manera en la que Trump dinamitó la posible visita del presidente Peña Nieto al exigir que aceptara pagar el muro—, no acercó de ninguna manera al adversario a la rendición sino que alejó considerablemente la posibilidad de una solución. El nuevo presidente de los Estados Unidos piensa que a través de su violenta e inconsciente determinación para mantener fuera de los Estados Unidos a los inmigrantes de ciertas nacionalidades podrá prevenir ataques terroristas. En lugar de persistir en su obstinada estrategia, haría bien en aprender de las consecuencias que ha tenido que enfrentar Israel, en donde la estrategia del castigo colectivo, incluyendo castigos póstumos en la forma de demoliciones de las casas de suicidas que se hacen estallar, sólo ha incrementado la ira entre la población árabe tanto en Israel como en Palestina. Desde el comienzo del último periodo de Netanyahu, hace menos de dos años, cientos de ataques terroristas se han llevado a cabo en Israel.

Estoy seguro de que la estrategia de agarrar de Trump le ha traído muchos éxitos en su vida personal, lo cual implica que quizá sea difícil convencerlo de que comience a ejercitar el músculo de la empatía. No obstante, espero que pueda aprender algo de la sangrienta experiencia israelí e internalice el hecho de que, a diferencia de la aproximación que tanto él como Netanyahu han adoptado —que entiende la empatía como una debilidad—, la capacidad para mirar y reconocer diferentes tipos de personas y considerar sus necesidades, además de ser lo moralmente justo, es de hecho una herramienta práctica esencial para el estuche de herramientas de cualquier líder.

Traducido del inglés por Diego Rabasa.

[1] Tuches quiere decir culo en yiddish. (N. del T.)

*Etgar Keret (Tel Aviv, 1967), es autor de los libros: Extrañando a Kissinger, Pizzería Kamikase y otros relatos, Un hombre sin cabeza y Los siete años de abundancia.

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Redacción AN

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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