‘La ira de las mujeres podría ser el movimiento que articule el malestar social’: Rossana Reguillo
La especialista presenta un estudio del impacto en redes sociales del caso de Ingrid Escamilla.
(Signa_Lab).

Por Héctor González

Así como el asesinato de Fátima, hace unos días apenas, la noticia del crimen contra Ingrid Escamilla sacudió las redes sociales. La joven de 25 años fue desollada por su pareja y por si fuera poco, las imágenes de la víctima se filtraron en medios nacionales e internet. Desde hace más de una semana, el tema ha ocupado las redes sociales por diferentes razones, una de ellas las declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Dada la dimensión del caso, Signa_Lab, el laboratorio del ITESO Universidad Jesuita de Guadalajara, dedicado a analizar el comportamiento de las redes sociales, se dio a la tarea estudiar el caso. El resultado de su investigación es el informe Ingrid Escamilla: apagar el horror.

En entrevista, Rossana Reguillo, coordinadora del proyecto, detalla en cómo se dieron cuenta de que el tema se viralizaría y no sólo eso, también habría de convertirse en el epicentro “de una discusión ya instalada desde hace tiempo: el feminicidio”.

¿Qué encontraron en el caso de Ingrid Escamilla como para estudiar su comportamiento en redes sociales?

En sí mismo es un asesinato brutal y en el laboratorio tenemos una línea de investigación vinculada a la violencia. Comenzamos a seguir el caso de Ingrid Escamilla desde los primeros minutos en que se hizo público. Monitoreamos diferentes conversaciones y en la mañana detectamos el crecimiento de las expresiones de tristeza, indignación y coraje. Poco después vimos un movimiento que nos llamó la atención y que iba en la línea de una búsqueda espantosa motivada por el morbo. Mucha gente se puso a rastrear las fotografías del cuerpo ultrajado de Ingrid y eso nos preocupó mucho. Twitter oscilaba entre la indignación, la tristeza y el morbo. A partir de herramientas que provee Google ratificamos el incremento en la búsqueda de estas fotografías. Mientras procesábamos los datos, por ahí de las dos de la tarde, comenzaron a circular imágenes muy lindas vinculadas al hashtag #IngridEscamilla o #IngridEscamillaFotos. Para las cinco de la tarde ya teníamos un pico grandísimo de atención donde la gente compartía dibujos, ilustraciones y fotos de naturaleza. Fue luminoso ver cómo la propia red generó una especie de anticuerpo contra el morbo para acallar el horror.

En el informe también se habla de la reacción a los comentarios del presidente.

Cuando empezamos a ver cómo se estaba construyendo la conversación decidimos hacer un par de descargas rápidas y con esto me refiero a cinco mil o diez mil tuits para hacer una primera lectura de los hashtag vinculados al tema. Optamos por buscar #Feminicidios y al hacerlo apareció #AMLO y con él toda la conversación de indignación que reclamaba al presidente su falta de empatía hacia el asunto de los feminicidios. Esto apareció de manera muy clara, pero a lo largo de los últimos días la conversación se ha contaminado muchísimo. En un comportamiento poco orgánico aparecieron hashtags como #ElCacas, que lamentablemente distorsionan la conversación en torno a un tema nodal para el país como es la violencia contra las mujeres y la violencia en general. Es triste constatar que casos como el de Ingrid Escamilla y ahora el de Fátima son utilizados para impulsar agendas que no tienen que ver con la construcción democrática. Es muy preocupante que una conversación orgánica en torno a la legítima exigencia de justicia para el caso de Fátima, se vea afectada por intereses de grupos políticos que cuelgan cuentas para eclipsar la posibilidad de una discusión razonada y sobre todo de una exigencia clave como es que las autoridades hagan su trabajo.

¿Cuánto peso han tenido los bots en el posicionamiento de etiquetas de uno u otro bando, durante las conversaciones en redes?

En el caso de #Feminicidios detectamos que la conversación fue absolutamente orgánica. No hubo intento alguno de echarlo de manera artificial. En cambio, después de la intervención de Frida Guerrera en la mañanera del viernes, empezó a circular #EllasNoNosRepresentan, etiqueta que sí fue inflada por medio de cuentas automatizadas. Todavía no hemos llegado a analizar los hashtags que insultan al presidente, pero es indudable que una etiqueta como #ElCacas es utilizada por una corriente organizada, aunque también hay mucha gente que se sube al “tren del mame”. Es muy difícil establecer con absoluta precisión estadística la participación de los bots. Sin embargo, más allá de su utilización el verdadero problema es que plataformas como Twitter e Instagram se han convertido en estadios llenos de gritos. Por eso lo que pasó con las hermosas fotografías vinculadas al nombre de Ingrid fue un ejercicio esperanzador.

¿Podemos hablar de una mayor sensibilidad o educación en la forma en que nos relacionamos con las redes?

Es correcto. En mi libro Paisajes insurrectos planteo que un hashtag de carácter orgánico es un articulador de voluntades políticas. Nos une en una visión del mundo, siempre que no sea para denostar o atacar. Las redes son lo que nosotros hacemos de ellas. No es Twitter ni Instagram, es el uso que les damos. Por eso es tan importante ser conscientes de la información que compartimos. Nos falta mucha educación en este sentido, así como conocer las reglas de propia plataforma. Los hechos de la última semana y la exacerbación de los ánimos nos colocan en un estado tal de emocionalidad y agitación que es imposible discutir y razonar. Lo de Fátima acaba de dibujar una vez más la gramática del dolor.

¿El feminismo está gestando un movimiento de alto impacto más allá de las redes sociales?

Yo creo que sí. Es posible que la ira, muy legítima de las mujeres, pueda ser el movimiento que organice o articule el malestar social, pero para ello necesita incluir a los hombres. No podemos hablar de un feminismo con adjetivos. Debemos buscar una reivindicación porque la violencia de género en este país es una epidemia.

Consulta aquí completo el estudio Ingrid Escamilla: apagar el horror.

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