Oxígeno: el relato de un accidente
En su nueva obra, la escritora española Marta Jiménez Serrano explora a partir de la no ficción temas como el padecimiento y la muerte.
- Redacción AN / HG

Por Marco A. Cervantes
La palabra “accidente” puede entenderse como “aquello que cae sobre alguien” o como “lo que sucede por casualidad”. En términos prácticos, designa un suceso inesperado y no planeado que irrumpe en el orden normal de las cosas.
Un accidente acontece sin previo aviso: una explosión provocada por un cortocircuito, un choque, una fuga de gas. ¿Cómo relatar un accidente?, ¿cómo contar algo que ocurre de golpe? Narrarlo implica reconstruir, buscar algún tipo de sentido: ordenar con palabras el caos.
El relato de un instante
El primer párrafo de Oxígeno, de Marta Jiménez Serrano (Madrid, 1990), es contundente. Escrito en tercera persona, describe el momento más delicado de su vida como si se tratara de la escena de una película: “Hay una mujer tirada en el suelo del cuarto de baño. La mujer está inconsciente y el suelo del baño es gris claro (…) un reguero de sangre oscura se extiende con parsimonia sobre el suelo”.
Más adelante, en esa misma página, la autora enumera los elementos y la trama de su libro de no ficción: lo que va a contar le sucedió un sábado de noviembre de 2020. Su pareja, al descubrirla inconsciente, llamó a una ambulancia (sin saberlo, él también estaba intoxicado por monóxido de carbono). Su gato, de forma instintiva, se refugió debajo de la cama de la pareja, y mientras tanto, la responsable de ese accidente se encontraba a miles de kilómetros de distancia.
Oxígeno (Alfaguara, 2026) no es solo un libro sobre un accidente doméstico ni únicamente la reconstrucción cronológica de lo ocurrido la mañana de aquel sábado. La novela es un relato en el que la autora reconstruye e investiga, donde incluso entrevista a los enfermeros que le salvaron la vida. También es la narración de un instante donde Jiménez amplía la mirada hacia el padecimiento y la muerte; la negligencia y la avaricia; el azar y algunos de los muchos dardos que acechan la vida. “Hoy sabemos —escribe Marta— que el monóxido de carbono no se nota, no se ve, no se huele”.
Una vez que se ha respirado una cantidad elevada de monóxido de carbono, la única forma de sobrevivir es respirar oxígeno puro. Para Marta Jiménez, nombrar el accidente que vivieron Juan, su gato y ella es comprender que la vida está hecha de sucesos incomprensibles y absurdos como ese gas invisible que respiraron esa plácida mañana de noviembre.






