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“El Grupo Hiperión redefinió el significado de lo mexicano": José Manuel Cuéllar

En su nuevo libro, el investigador cuenta la historia del grupo que reunió a pensadores como Emilio Uranga, Leopoldo Zea y Luis Villoro.

  • Redacción AN / HG
18 Jan, 2026 07:21
“El Grupo Hiperión redefinió el significado de lo mexicano": José Manuel Cuéllar

Por Héctor González

Entre 1947 y 1952 un conjunto de filósofos se propuso estudiar y redefinir lo mexicano. Ricardo Guerra, Luis Villoro, Leopoldo Zea y Emilio Uranga, estaban dentro de esta suerte de cofradía intelectual llamada Grupo Hiperión, que dio forma a lo que el investigador José Manuel Cuéllar (Ciudad de México, 1990) llama “la época dorada de la filosofía mexicana”.

Abanderados de lo que se conoció como el existencialismo mexicano, buscaron colocar al país en la escena internacional como un importante productor de conocimiento con una nueva propuesta humanista. Hoy, por fin un libro cuenta su historia y hace justicia de una serie de personajes cimbraron la cultura nacional, se trata de La razón pendular de Emilio Uranga (Herder), escrito casi en tono novelístico por el propio Cuéllar.

Has dedicado varios libros a estudiar la obra de Emilio Uranga, pero es verdad que te faltaba contar la historia del Grupo Hiperión, del cual formó parte.

Mientras estudiaba filosofía en la UNAM descubrí que había una laguna historiográfica. No se terminaba de contar el fenómeno cultural y filosófico que fue el Grupo Hiperión. Para investigarlo use como guía la figura de Emilio Uranga, me pareció un guía descarnadamente honesto y que no edulcora las verdades. A través de su trabajo me adentré en el México de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, era la época de la posguerra y donde había un gran nacionalismo; es un periodo de claroscuros, pero al mismo tiempo es la época dorada de la filosofía.

¿Por qué era la época de oro de la filosofía mexicana?

Era un momento donde las ideas no se desarrollaban entre cuatro paredes, ni se quedaban en un salón de clases. El intelectual tenía un espacio y un peso en la esfera pública. Las discusiones se daban en los cafés e interpelaban al ciudadano de a pie, era un ambiente vibrante. Existía la convicción de que las riendas del mundo estaban en manos de los universitarios y de que en México se estaba gestando la imagen de un nuevo Ser Humano, un nuevo humanismo. En el epicentro de ese terremoto existencialista estaban Emilio Uranga y los hiperiones. Por si fuera poco, se estaban forjando las instituciones culturales. Hay grandes publicaciones como Análisis del ser mexicano, de Uranga, Los grandes momentos del indigenismo en México, de Luis Villoro y Fenomenología del relajo, de Jorge Portilla.

¿El Grupo Hiperión es consecuencia de las reflexiones de José Vasconcelos, Samuel Ramos o José Gaos?

Me parece que sí. El Grupo Hiperión no es una moda folclorista ni estrafalaria, es el punto culminante de una larga inercia y de una muy robusta tradición que se remonta a los miembros del Ateneo de la Juventud, y estirando más la liga diría que se remonta hasta los jesuitas criollos de finales del siglo XVIII. Cuando hablamos del existencialismo mexicano y del Grupo Hiperión, en realidad estamos hablando de una filosofía rabiosamente anticolonial.

Y emancipatoria, ¿no?

Sí, querían la emancipación cultural y mental del país. Les interesaba reivindicar la filosofía y a México como productor de conocimiento. Para ellos ya no era suficiente comentar los libros del canon occidental, era necesario vernos y analizarnos desde una óptica propia. Es una forma de reaccionar a lo expuesto por Samuel Ramos en El perfil del hombre y la cultura en México, quien en 1934 dijo que los mexicanos padecemos un complejo de inferioridad.

Pero al mismo tiempo querían llevar el pensamiento sobre lo mexicano al debate internacional.

Querían poner a México en el escenario de la filosofía internacional. El existencialismo venía de Europa por lo mismo había una necesidad de reflexionar sobre lo mexicano y al mismo tiempo de ponerlo en la órbita de los debates internacionales. En este sentido, el existencialismo mexicano no fue una sucursal del francés. Cuando hablamos de existencialismo vienen a la mente nombres como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus y Gabriel Marcel. Todos estos autores franceses fueron recibidos y leídos en México. Los trataban de tú a tú. El existencialismo mexicano es también una filosofía emanada de la Revolución de lo mexicano. Utilizaron el utensilio europeo para pensar las circunstancias propias y resolver los problemas más acuciantes de México. Desde la perspectiva de estos jóvenes, la cultura y la filosofía europea estaban atravesando una debacle y era el momento de que México tomara la batuta. Un ejemplo es el Tercer Congreso Interamericano que tuvo lugar en 1950 en la Ciudad de México, y al que acudieron filósofos de todas las nacionalidades.

¿Cuáles eran las características de este existencialismo mexicano?

El existencialismo mexicano tenía una palabra predilecta: responsabilidad. Se oponían a cualquier tipo de definición enclausurante y patriotera. Para ellos, lo mexicano es un proyecto inacabado y en constante hechura, un quehacer colectivo, el norte y la brújula del México por venir más que un hecho consumado o un trauma procedente de la Conquista o la Independencia. Se oponía a cualquier tipo de determinismo biológico, metafísico, racial y también se oponía al correlato político del determinismo que es el fascismo y el totalitarismo. Por eso ellos fueron los primeros y más férreos críticos de la institucionalización de la Revolución Mexicana, que es un factor decisivo a finales de los cuarenta. Es una respuesta a la doctrina de la mexicanidad del gobierno de Miguel Alemán, están en contra de este nacionalismo de banderines de colores y chinas poblanas. Pero al mismo tiempo, es un existencialismo muy festivo, a diferencia del francés que se regodea en los aspectos más sórdidos de la existencia humana.

Es curioso, porque a pesar de que cuestiona la institucionalización de la Revolución, varios de ellos terminan en el partido oficial.

Es la época del Milagro mexicano, una época no solo de optimismo sino de bonanza material, donde nadie se percibía afuera del partido nacional. Existían algunos grupos satelitales que parecen ser más bien un parapeto de democracia, como el Partido Popular Socialista, de Vicente Lombardo Toledano. Había además de los hiperiones, una enorme plantilla de intelectuales ocupando puestos diplomáticos. Recordemos que en las elecciones de 1952 por lo menos 500 intelectuales firmaron desplegados en apoyo al candidato oficial. La cercanía de algunos hiperiones con el poder no es una excepción en la historia cultural e intelectual de México. Los hiperiones fueron muy críticos con Miguel Alemán y muy cercanos, sobre todo Leopoldo Zea, a Adolfo Ruiz Cortines. Cuando Adolfo Ruiz Cortines asume la presidencia, Leopoldo Zea es nombrado Jefe de Cooperación intelectual de la SEP, quien a su vez nombra ayudante a Jorge López Páez, lo cual entristece profundamente a Emilio Uranga, quien se queda fuera de la órbita del poder hasta Adolfo López Mateos llega a la presidencia, cuando se aproximará al régimen.

¿Por qué dura tan poco tiempo, solo cinco años, el Grupo Hiperión?

Un factor importante fue la elección de 1952, porque ahí cambió el discurso oficial y la doctrina de la mexicanidad. Otro factor relevante es que el barrio universitario deja de ser el Centro Histórico. En 1954 la universidad se muda a la Ciudad Universitaria, al sur de la Ciudad de México. Ya no es una filosofía que se desarrolla a golpe de discursos en los cafés, en los cines o en los billares, sino en la paz batallona de los seminarios, como decía Uranga. Sobreviene la filosofía analítica, más aséptica, que se preocupa por resolver los entuertos del lenguaje, pero que ya no toca temas medulares, ni se propone un nuevo humanismo.

¿Cómo terminan las relaciones entre ellos?

Emilio Uranga decía que el Grupo Hiperión era un conjunto de buenos y malos amigos. Mientras escribía el libro consulté además de periódicos, cartas y diarios personales. Luis Villoro, por ejemplo, se va a París por razones sentimentales. Si bien mantiene la relación con Uranga se crea una distancia geográfica y psicológica con sus compañeros. Sucede algo parecido con Ricardo Guerra. Joaquín Sánchez Macgrégor se hace marxista. Creo que la definición de Uranga me parece acertada porque sí, fue un grupo de buenos y malos amigos que nunca terminaron ni de llevarse bien, ni de romper definitivamente.

¿Por qué nunca volvió a existir dentro de la filosofía mexicana un grupo similar?

Es algo que llama la atención. El Grupo Hiperión es una muestra de que el filósofo mexicano no solamente se tendría que dedicar a hacer papers en la soledad de su escritorio, sino que tendría que filosofar desde un horizonte comunitario y darse cuenta de que las mejores ideas surgen de la fricción, del diálogo y la polémica.

¿El trabajo posterior de Emilio Uranga gira alrededor de las bases que sentó el Grupo Hiperión? 

Emilio Uranga nunca abandonó su estirpe existencialista. A finales de los cincuenta dio un salto vertiginoso a la plaza del periodismo cultural y político. Durante los sesenta tuvo una columna llamada “Examen” en La prensa, pero siempre con un trasfondo existencialista. Fue también un crítico literario con un colmillo afilado. En el diario pudo desarrollar un estilo filosófico aforístico.

¿Qué te falta por investigar de Emilio Uranga?

En un mes sale Astucias Filosóficas, una antología que preparé para la Biblioteca del Estudiante Universitario de la UNAM. Ya circula la antología de crítica literaria Herir en lo Sensible. Con La razón pendular de Emilio Uranga, intenté contar una historia del existencialismo mexicano, pero en un todo que cualquiera pudiese leer. Al final, corté mucho material, todavía tengo que profundizar en personajes como Salvador Reyes Nevares y Adolfo Menéndez Amaral. Me falta profundizar en el papel de muchas filósofas mexicanas. Todavía nos queda mucho por investigar de esa época.

¿Hay relación entre el Nuevo Humanismo que planteaban los hiperiones con el Nuevo Humanismo que promueve, desde el sexenio pasado, el gobierno?

No sé en qué sentido el gobierno actual utilice la expresión humanismo mexicano. Andrés Manuel comenzó hablando de la república amorosa, una expresión muy controversial. Después en sus libros se desplazó a otro concepto: la República fraterna. Me llamó la atención cuando empezó a hablar de “la revolución de las conciencias” porque era una expresión que utilizaba Antonio Caso, cuando decía que la revolución mexicana no debía ser solamente un cambio de hombres en el poder, sino un cambio de mentalidad y de corazón. No sé si todas estas expresiones sean el antecedente para lo que actualmente se denomina Humanismo Mexicano, que yo no termino de entender cuál es su arraigo. No obstante, es verdad tenemos un Humanismo Mexicano y quizá lo deberíamos de rastrear desde el siglo XVI con las polémicas de Alonso de la Vera Cruz. Sin duda uno de los momentos estelares de este Humanismo Mexicano es el existencialismo de medio siglo. Ojalá en algún momento se pueda empatar humanismo del que habla el gobierno con lo que trabajaron los humanistas mexicanos, entre ellos Emilio Uranga y que busca la redignificación del mexicano y la redignificación de los pueblos periféricos.

 

 

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