‘Inventar lo posible’, sesenta manifiestos para repensar el presente
‘Hay organizar el pesimismo y buscar la fuerza revolucionaria’, señala en entrevista Luciano Concheiro, compilador del libro.
(Taurus).

Con el fin de provocar y contrariar al presente, Luciano Concheiro convocó a sesenta escritores y artistas para escribir un manifiesto acorde a la época. El resultado es Inventar lo posible (Taurus), volumen variopinto donde coinciden Eduardo Abaroa, Vivian Abenshushan, Abraham Cruzvillegas, Verónica Gerber, Gabriela Jauregui, Antonio Ortuño, Alejandro Magallanes, Carlos Velázquez e Yvonne Venegas, entre otros.

El libro en su conjunto señala Concheiro, “propone radiografía del presente que nos sirve para leer una realidad muy compleja, sin dejar de reafirmar que otra realidad es posible”.

En su conjunto Inventar lo imposible propone una reflexión sobre el país que somos.

Me parecía una locura que el libro apareciera ahora. Incluso dudé en si lanzarlo en este momento, pero en la editorial me comentaron que podría servir para pensar tras el desastre.

Sismos, pobreza, corrupción, narcotráfico, tenemos abiertos todos los flancos.

Sí, me parece que vivimos un momento crítico por decir lo menos. Somos un país donde nuestros jóvenes, es decir nuestro futuro, desaparecen constantemente. Los temblores lo confirmaron. Sin embargo, tras la tragedia y en los momentos de desesperanza absoluta puede surgir nueva vida, pero no desde arriba, sino en lo colectivo y a ras de suelo. En este sentido, creo que sí, el libro propone una reflexión de hacía donde marchar.

Por definición el manifiesto ejerce una crítica al presente, ¿no?

Para mí, el manifiesto es un dispositivo discursivo que fomenta la imaginación crítica hacia el presente, pero incluso va más allá. Por eso convoqué a personas que admiro muchísimo para que propusieran su propio manifiesto. En conjunto tenemos una radiografía del presente que nos sirve para leer una realidad muy compleja, sin dejar de reafirmar que otra realidad es posible. La cosa está tan jodida que parecería que no hay forma de escapar, sin embargo, el manifiesto ofrece nuevas perspectivas.

También en los textos hay de todo. Algunos son meros divertimentos, mientras que otros son más subversivos.

Cierto, los manifiestos nos enseñan que lo político es muy amplio y va más allá de lo electoral. No hay ninguno conservador y todos buscan la transformación. Todos son textos combativos, fuertes, irreverentes y radicales. Esto hace el libro entretenido, aunque reconozco que me preocupaba que al hacer una recopilación tan amplia resultara repetitivo.

¿En qué momento el manifiesto perdió interés?

A partir de finales del siglo XX el capitalismo se impuso como la ideología dominante, a pesar de que se niega a verse como ideología y nos quiere hacer creer que como decía Fukuyama, la historia terminó porque los grandes conflictos terminaron. En esa inercia política y retórica la voluntad del manifiesto se perdió. Hoy, el tiempo es como una rueda de hámster: vivimos consumiendo, produciendo, trabajando, endeudándonos, todo en aras de conseguir un beneficio económico.

Varios de los textos incluidos parecen tener como principal destinatario a los jóvenes.

Me cuesta mucho cualquier generalización clasista de los ‘los jóvenes’. No me gusta hacer este tipo de categorización. Pero sí creo que en México los jóvenes que no hemos sido exterminados somos unos privilegiados.  Julio César Mondragón, el normalista asesinado en Ayotzinapa hace tres años es mi contemporáneo. ¿Cuál es la responsabilidad de los vivos ante los asesinados? Creo que les debemos algo, por lo menos intentar cumplir los sueños políticos. Estoy en contra de todos aquellos que aseguran que no hay activismo entre los jóvenes, al contrario, me parece que el sistema es cada vez más duro, represor y explotador. Si uno tiene un trabajo precarizado, mal pagado, la acción política se vuelve complicada. No estoy de acuerdo con esos viejos intelectuales que sólo lanzan regaños.

En su libro La verdadera vida Alain Badiou, el filósofo plantea que los jóvenes necesitan romper con los patrones propios del capitalismo.

Totalmente de acuerdo, Badiou como pensador me parece un viejo con problemas, pero me parece importante que él sea de las personas que siguen insistiendo en una transformación radical. Sin duda es una labor de los jóvenes, pero también de todos los que somos explotados por el capitalismo. Al final somos la gran mayoría.

Lo dice con optimismo o pesimismo…

Creo que hay que organizar el pesimismo y buscar la fuerza revolucionaria, quizá en el pasado. Por eso el libro trae un género anacrónico al presente, para imaginar lo que vendrá y contrariar la lógica de que el progreso es lo nuevo.

¿Ve a nuestros políticos anacrónicos también?

No, porque saben adaptarse muy buen a las circunstancias y flotar. Si bien, la participación del Congreso Nacional Indígena implosionará el sistema electoral el próximo año, al final la elección es una fecha impuesta por los de arriba. La transformación real debe venir desde abajo y con largo aliento.

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