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Del ritual a la cuadrilátero, las máscaras que transforman la realidad

La exposición 'Máscaras: tradición, ritualidad, identidad y lucha libre mexicana' se exhibe en el Museo de la Indumentaria Mexicana de la Universidad del Claustro de Sor Juana.

  • Redacción AN / HG
17 Aug, 2026 12:24
Del ritual a la cuadrilátero, las máscaras que transforman la realidad

¿Qué tienen en común una máscara ritual, de danza tradicional o de carnaval con una máscara de lucha libre? La respuesta no está necesariamente en su apariencia, si no en su capacidad de transformar, representar y construir identidad.

La exposición Máscaras: tradición, ritualidad, identidad y lucha libre mexicana, que se exhibe en el Museo de la Indumentaria Mexicana de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) utiliza esta convergencia como punto de partida para generar una conversación entre distintas formas de expresión cultural mexicana.

La muestra reúne 32 piezas de la Colección Luis Márquez Romay —perteneciente al MIM de la UCSJ—, que proceden de diferentes regiones y celebraciones del país y representan diablos, viejos, animales, conquistadores, personajes festivos y seres sobrenaturales. Se incorporan 10 fotografías originales de dicho acervo que muestran algunas de las danzas donde las portan.

Vinculadas con diversas danzas, ceremonias, carnavales y expresiones festivas de México, las máscaras de la colección provienen de Michoacán (Danza de Kurpites, Máscaras Negritos de Tingambato y Viejito de la región lacustre), Guerrero (Danza de Manueles de Tixtla y de los Tlacololeros), Oaxaca (de la región Mixteca: Danza de Diablos — Costa Chica), Tlaxcala (carnaval) y Sonora (Máscaras de Pascola y Judíos)

“Estas máscaras deben entenderse dentro de su contexto ceremonial y comunitario y no únicamente como personajes de una danza”, destacó el curador y responsable de la Colección Luis Márquez Romay, Armando Valdivieso.

La exposición establece un diálogo entre estas expresiones rituales y uno de los fenómenos más reconocibles de la cultura popular mexicana: la lucha libre. En ambos universos, la máscara transforma al individuo y da vida a personajes que permanecen en la memoria colectiva, aunque cambien quienes los encarnan.

Identidad y espectáculo

El componente dedicado a la lucha libre ha sido posible gracias al apoyo del Museo de la Lucha Libre Mexicana (MULLME), institución con sede en Tijuana, dedicada a preservar y difundir la memoria material, histórica y popular de esta práctica, quien cedió 16 máscaras originales de luchadores como El Hijo del Santo, Blue Demon Jr, Atlantis, Místico, Espectro Jr., entre otros.

“Se expone una máscara muy peculiar, que es la de El Ángel, personaje enmascarado al que el luchador René Guajardo, conocido como El Rey Moro, dio vida solamente en las películas Los endemoniados y La mano que aprieta, ambas filmadas en 1964”, compartió el cronista luchístico Marco Eduardo Jimenez Cabrera.

Sin equiparar las funciones ceremoniales de las máscaras tradicionales con las reglas del espectáculo deportivo, la exposición invita a reconocer una condición compartida: tanto el danzante como el luchador dejan momentáneamente atrás su identidad cotidiana para convertirse en una figura colectiva.

“La diversidad regional del conjunto permite mostrar que no existe una sola ‘máscara mexicana’. Cada comunidad ha desarrollado formas particulares de representar personajes, animales, seres sobrenaturales, ancestros, figuras festivas o personajes vinculados con determinados momentos del calendario ritual y comunitario”, detalló Armando Vaidivieso.

Así, expuso, la máscara adquiere significado dentro de un contexto específico, por lo cual, una máscara de Pascola no puede interpretarse de la misma manera que una máscara de Carnaval de Tlaxcala, una máscara de Diablos de la Costa Chica o una máscara de Xantolo; “cada pieza pertenece a una historia cultural particular”.

Bien vs. mal

Para Jiménez Cabrera, una persona con una máscara muchas veces representaba a un justiciero o a un vengador, en la lucha libre se incorpora con esa idea y después empieza a centrarse más en el eterno combate entre el bien contra el mal.

“Conforme pasan los años, muchos personajes empiezan adoptar nombres muy rimbombantes como ‘La Maravilla enmascarada’, nombre usado por el estadounidense Corbin James Massey, el primer luchador en usar una máscara en la historia de la lucha libre en México; ‘El Murciélago Enmascarado’ o ‘Murciélago Velázquez’, apelativo adoptado por Jesús Velázquez Quintero, el primer luchador mexicano en usar máscara en el ring”, relató el gestor cultural de la lucha libre.

Muchos personajes comienzan a buscar generar atracción en su entorno y ocultar su misterio hasta que llegar al más conocido en México: El Santo, un personaje que inicialmente iba a ser rudo.

Quien hizo posible la colaboración con el MULLME destacó que no solamente es la máscara, sino el equipo completo, integrado por las mallas, la capa (si es que lleva) y algo muy importante: la psicología del personaje.

“La máscara es misticismo, identidad de quien la porta. Es, más allá del atleta, una personalidad mágica, teatral, un personaje que representará dentro de la lucha libre ya sea enfocado en hacer el bien (técnico) o el mal (rudo); muchas veces caracterizándose por una llave, un lance, un castigo, es decir, un sello distintivo que va a hacer que se identifique con el público de una forma única”, indicó.

El miércoles 26, como parte de la Noche de Museos en El Claustro, se realizará un conversatorio en el que participarán el coleccionista y fundador del MULLME, Mauricio Limón, así como la maestra Martha Ríos Basurto, directora de la Colección Luis Márquez Romay de la UCSJ y Armando Valdivieso, curador responsable de la misma.  

La exposición se exhibe hasta el 9 de octubre, con horarios de lunes a viernes de 10 a 18 horas, sábado de 10 a 15 horas. La entrada es libre.

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